Crónicas de los hijos de Apollo.

La palabra como recorrido entre el bien, el mal y lo divino. (Parte II)

(Puedes leer la parte I aquí)

Cada tormenta que desencadena el Amado permite que el mar esparza perlas.

Rumi fue un hombre moderno en una época de pensamiento sofisticado, a pesar de todos los conflictos políticos y sociales que se desarrollaban a su alrededor. De hecho, tomó la decisión consciente de asistir a la turbulencia cultural y territorial de la tierra en que nació con la piedad de un observador paciente, por lo que asumió el hecho poético desde la humildad. Rumi nunca se llamó poeta, aunque amaba la poesía y dedicaba las mejores horas del día — y después, los años más productivos de la adultez — a crear la connotación de lo poético como base de su sistema de creencias.

Para el poeta, la necesidad de escribir era una línea que unía su yo interno — “ese mar inexplorado” — con el resto del mundo. El espacio entre ambas cosas, abría la posibilidad de establecer paralelismos entre la guerra y el impacto de las batallas y enfrentamientos a su alrededor, como una concepción limpia sobre la búsqueda de la verdad. La combinación inexplicable convirtió a Rumi en un misterio para sus contemporáneos, que le llamaron místico, santo, hombre iluminado pero también le acusaron de irresponsable, de evitar sus deberes con su pueblo — que le exigía tomar las armas y matar a todos los que ofendían la identidad ritual de la tribu — y por supuesto, demente. De hecho, la concepción de Rumi como un pacifista más cercano que a la locura que al ideal, permaneció y fue analizada por años, en relación a la forma en que el poeta asumió el hecho de la violencia, el miedo y la muerte.

Para Rumi, la poesía era un viaje místico que comenzaba desde la convicción de la cualidad del poder — existe, es, forma parte de la vida del hombre — hacia la pérdida del ego, en una transcendencia en la que el amor — “la ausencia de límites” — creaba una percepción alternativa acerca del mar creado por los hombres o al menos, sostenido por el naturaleza humana. Una y otra vez, el poeta trató de comprender el hecho el hombre que se enfrentaba a su esencial sentido del absurdo, el miedo y la concepción de la maldad, como una forma de oscuridad que podía ser conjurada — transmutada — a través de la poesía.

Una comprensión semejante sobre el acto poético como un recorrido interior más relacionado con la espiritualidad que la transición entre lo material a una idea más sublime sobre la realidad, convierte a Rumi en uno de los primeros poetas en analizar — quizás por accidente — la cualidad de la poesía como una forma de encontrar lo esencial del hombre, como algo más que una insinuación de la bondad. Rumi estaba convencido que la poesía era una materialización de un tipo de conocimiento extraordinario acerca del hombre, más allá de los vicios y de todos los dolores que podía atravesar en su trayecto hacia el conocimiento. Como estudioso del Corán y el Islam, la poesía de Rumi también es en cierto modo una reflexión religiosa, pero que se aleja de las convenciones de la obra con tintes relacionados con la devoción, para tomar la percepción sobre lo extraordinario y lo inexplicable relacionado de manera directa con la fe.

Rumi estaba convencido que Dios y la concepción divina del poder, estaba vinculado de forma directa con una búsqueda concienzuda del sentido del amor, lo moral y la integridad espiritual, ideas que hasta entonces estaban directamente relacionadas con la religión y que el poeta, transito a través de una mirada elegante sobre la cualidad moral del mundo, como conjunto. En su poema épico “Masnavi” — seis libros de poemas épicos que escribió hacia el final de su vida — casi todas las soluciones y reflexiones sobre la vida tienen una directa connotación moral que están relacionadas con lo religioso, sin que lo dogmático sea parte de la forma en que alude a la belleza, lo místico y al necesidad de alcanzar el bien mayor. De hecho, Rumi describió al libro como “las raíces de las raíces de las raíces de la religión”, lo que deja muy claro que el poeta se encontraba a la búsqueda de lo esencial de la poesía como herencia cultural y espiritual, pero también, de una personalidad y voz poética que no tuviera relación directa con el hecho de sus conocimientos académicos sobre lo divino. Rumi era un hombre que creía en la religión como un vehículo para expresar ideas sublimes, pero además estaba convencido del poder de la poesía para convertir en esa necesidad esencial de la búsqueda de lo extraordinario, en algo que no tenía relación con una creencia definida.

Obviamente, el poeta tenía un profundo conocimiento sobre la forma en que su cultura asumía lo sagrado y lo plasmó en sus obras: su padre era predicador y erudito religioso, por lo que desde niño tuvo un acercamiento más que directo al Corán y a la forma como se comprendía en su época. Además, el mismo Rumi dedicó una considerable cantidad de tiempo al aprendizaje de la religión en Siria, país en el que profundizó los códigos legales más tradicionales del Islam sunita y que sus propias palabras, cambió para siempre su percepción sobre las intimas relaciones entre lo divino, lo poético y lo profundamente espiritual.

De hecho, su controvertida amistad con el poeta Shams-i-Tabriz — mentor y principal influencia — brindó a sus obras una cercanía más que evidente con el trayecto del verso — como estructura literaria — a una concepción de la palabra como un medio de encontrar la disolución de lo ideal a través de las creencias, pero que a la vez, se alejaba de la religión para lograr que el poema fuera algo más que una alabanza absorbida por una idea más amplia sobre el bien. En la biografía de Rumi El secreto de Rumi del escritor Brad Gooch, el escritor asegura que Shams fue el primero en cuestionar la profunda religiosidad de Rumi, lo que obligó al poeta a reflexionar sobre su búsqueda de lo Divino más allá de la figura de un Dios único.

Por ese motivo, la poesía de Rumi está encaminada a un recorrido doloroso a través del poder de lo esencial — “la perla perdida en el espíritu” — y un encuentro con lo intangible, más semejante a la elevación ideal personalísima que a un trayecto de fe. Al final, la obra de Rumi combina el amor intuitivo por Dios que le inculcó el Islam sunita con la intuición mística de Shams, en una alabanza extraordinaria y privada a la belleza de lo invisible que aun sorprende en la actualidad.

La luz en todas partes: Rumi y el poder de la poesía.

Rumi fue primero una figura pintoresca que poeta reconocido, por lo que cuando sus poemas comenzaron a ser recitados y considerados como parte de una tradición más antigua, el poeta consiguió todo tipo de seguidores, que incluyen a sufíes, líderes religiosos y guerreros, así como académicos, fascinados por la cualidad inclasificable de su obra. Ya por entonces, Rumi insistía en el hecho que la religión era un punto de partida para entender lo asombroso, pero que sin duda, no era la única, lo que desconcertó a buena parte de quienes ya asumían sus poemas como alabanzas divinas e interesó a toda una nueva generación de poetas en formación. Para Rumi, el amor era de hecho, un tipo de creencia, por lo que el sentido de la universalidad en la obra del poeta se sostiene sobre algo más relacionado con su habilidad para construir el verso como “liberación de todo límite”. “

Para Rumi, la concepción de lo religioso era inevitable, aunque no imprescindible. Alimentó su voz poética con el Corán, los hadices y las creencias en la que creció a modo de dimensión personalísima sobre la búsqueda de lo divino, lo bello y lo sagrado, pero al final, su poesía no tenía relación real con lo sacro de las palabras que podía sugerir su origen musulmán. A través de toda su obra — que creció, evolucionó y al final, alcanzó un nivel de virtuosismo que sorprendió por su poder de evocación — el poeta tuvo la capacidad de enfrentarse a la concepción del origen de toda bondad como un acto de creencia delimitado por el dogma. Gran parte de su obra, está construido sobre un espacio elevado que no es religioso ni busca serlo, lo que de hecho, convierte a sus poemas en un acto de vanguardia que aun en la actual resulta sorprendente.

Después de todo, se trataba de un erudito en materia religiosa que depuró las escrituras que conocía al detalle, hasta encontrar el origen común de cada percepción sobre la fe: la compasión, el amor y la dualidad entre la realidad, en medio de una reflexión sobre una aspiración hacia la plenitud espiritual. La obra de Rumi supone un paso brillante en la manera en que logró sostener un discurso pleno sobre búsquedas íntimas y además, vincular esa mirada sobre lo profundo con algo más elemental. Como hombre musulmán, no podía ignorar la base de creencias que le conducían a una visión de lo poderoso y lo inenarrable tenían un origen en las escrituras más sagradas, pero como poeta, encontró un espacio real entre ambas cosas, que las fusionó de una forma por completo nueva.

Tal vez, el mejor homenaje a la obra de Rumi, lo recibió del escritor y traductor Sinan Antoon, que ha escrito por años acerca de la importancia de la obra de Rumi para comprender la poesía como trayecto entre lo moral, lo académico, lo intelectual y moral “El idioma no es solo un medio de comunicación. Es una reserva de memoria, tradición y herencia, lo que hace de la capacidad de Rumi para unir la poesía en estado puro con la manera en que venera a Dios, una celebración al poder del verso para recorrer caminos intrincados de la memoria colectiva. Al final, que Rumi decidiera hablar del amor y no de lo profano o lo bendito, es un aporte de enorme importancia al pensamiento universal”.

Rumi fue un extranjero en todas partes. No fue un hombre musulmán como podría esperar lo fuera alguien de su posición social o educación. Tampoco fue un poeta trashumante, como podría indicar sus largos recorridos en busca de iluminación. Al final, el poeta fue un buscador de la verdad y como tal, trasciende su obra. Un recorrido enigmático y poderoso por la palabra como un vehículo que trasciende todo gentilicio, identidad y concepto de la verdad.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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