Una vuelta de tuerca al Romanticismo Gótico:

Desde “Frankenstein” de Mary Shelley a “Crimson Peak” de Guillermo Del Toro: Castillos, víctimas, antihéroes, vampiros y damiselas en peligro. Todo lo que querías saber sobre la novela gótica y nadie te contó.

El amor duele, la belleza inquieta, el terror seduce:

El género gótico levantó escándalos y la mayoría de las veces apasionados debates sobre su existencia, sobre todo por la evidente relación de las fórmulas literarias de construcción literaria con cierto ámbito cercano a la lujuria. Claro está, el gótico permite y abre la posibilidad de una cierta posibilidad de la explotación de la figura femenina — como víctima y heroína — pero también, crea una definitiva mirada hacia la noción del deseo firmemente enraizado en el miedo y algo mucho más profundo. Fue el Marqués de Sade el primero en crear una historia gótica directamente erótica con “Justine” pero también, el primero en asumir que las convenciones del género estaban directamente relacionadas con una profunda mirada sobre el absurdo y lo reiterativo del sufrimiento beato. Para Sade (convencido de la necesidad de destruir cualquier idea social que pudiera asumirse como algo más que una percepción lógica sobre el deseo), “Justine” fue una gran burla demoníaca no sólo al género gótico, sino a la idea de lo sexual. Después de todo, su personaje es una mujer angelical sometida a todo tipo de torturas sexuales, pero que también es capaz de invocar glorias divinas en mitad de todo tipo de tropelías de carácter erótico. Para el género gótico, las novelas de Sade fueron una percepción inmediata sobre el bien y el mal, pero sobre todo, los límites de lo socialmente aceptable convertido en algo más escabroso.

El gótico, el terror, el amor y otros dilemas:

La novela gótica llegó a su apogeo en la década posrevolucionaria de 1790. Llamado el momento “clásico” del gótico, las primeras novelas canon del género dotaron de símbolos y metáforas en historias construidas para dotar al miedo de una nueva perspectiva, desde Udolfo (1794) o El italiano (1797) de Ann Radcliffe, El Monje (1796) de Matthew Gregory Lewis y Caleb Williams (1794) del propio Godwin, la ficción gótica alcanzó un tipo de sofisticación que de alguna forma, reflejo a filosofía de la Ilustración y la idea de progreso de la época. Por ese motivo, la profusión de elementos de tecnología en algunas novelas góticas — poleas, gramófonos, dictáfonos — y en las más antiguas, la noción de la escritura como una necesidad ilustrada que podía sostener la trama. Había una idea poderosa sobre dotar a las historias de un peso enigmático de formidable belleza y que además, elaborara una versión sobre lo moral sostenida sobre el cuestionamiento. Los monstruos podían ser Héroes y a la vez víctimas, sin dejar a un lado su cualidad monstruosa. En el Frankenstein de Mary Shelley la idea se hace muy evidente: El monstruo creado en el laboratorio del Doctor Frankenstein no solamente tiene la sensibilidad suficiente para comprender su condición, sino sentir dolor por su marginal sentido del mundo. Una idea que Kenneth Brannagh dotó de un nuevo sentido en la versión cinematográfica de la novela que llegó a la pantalla grande en el año 1994. El director y protagonista, creó una versión del monstruo — un extrañamente ambiguo Robert de Niro — de una persistente angustia existencial que alcanza un nivel de dolor existencial creíble y devastador. Mientras Víctor Frankenstein sucumben a la angustia y quedan aplastados bajo la tragedia, el monstruo vaga por parajes imposibles en busca de significado como una forma de expiación.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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