Un recorrido por la oscuridad:

Cuando la escritura es una puerta abierta al dolor anónimo (parte I)

La muerte, lo insustancial, las puertas cerradas.

El hecho que un escritor prolífico de apenas 46 años muriera de una manera trágica, violenta y simbólica, levantó una inmediata adoración y desconcierto alrededor de Foster Wallace y también, una nueva curiosidad por su trabajo, que hasta entonces había sido parte de un estrato académico y una pléyade de fanáticos que le dedicaban una devoción casi fanático. Hubo una gran cantidad de servicios conmemorativos, esquelas, notas de prensa, artículos, revisiones de su obra. Pero nadie habló de su depresión, un secreto a voces que ahora era más patente, doloroso y evidente que nunca. De ser un tema mal disimulado, un rumor que se consideraba mal intencionado, el estado mental del escritor se convirtió ahora, en un silencio respetuoso. La depresión estaba de nuevo en medio de la vida — o la muerte — de Foster Wallace, sin que nadie la nombrara de forma directa, sin que ningún crítico se hiciera preguntas sobre el tema o al menos, lo analizara como parte de una producción literaria que con frecuencia, había sido catalogada de desoladora.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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