Un monstruo sin rostro, la búsqueda del sentido del miedo.

La distopia, los dolores ocultos de la sociedad y la oscuridad cultural a través del cine.

Un héroe herido.

Una sátira semejante — porque Robocop es sin duda, una burla grotesca a varios temas sociopolíticos — no resultó fácil de digerir para el norteamericano promedio, en especial, porque además había sido concebida por un holandés. Paul Verhoeven utilizó todos los recursos a su alcance para crear y construir una visión sobre el bien y el mal contemporáneo tan cruda como brutal, que no sólo señaló los pesares de una sociedad cínica, herida por la codicia y aplastada por sus propios monstruos, sino que además, elaboró una versión sobre la conciencia de la cultura del EEUU a mitad de camino entre un infierno consumista y la deshumanización del ciudadano del común.

Los pedazos vuelan por los aires.

Por el año 1987, Orion Pictures buscaba un nuevo éxito, luego de toparse con el éxito casi de manera inesperada con la Terminator de James Cameron en 1984. A la productora se le daba bien la ciencia ficción (o al menos, no sentía por ella la misma desconfianza de otras compañías), por lo que terminó por comprar un guion desechado varias veces. Fue una transacción barata, que además le permitió contratar a un director relativamente desconocido en Norteamérica con una interesante reputación en Europa. La confluencia de situaciones que provocó que Verhoeven terminara por dirigir una película tan alejada de sus géneros habituales fue casi inesperada y por completo, fruto del azar. El mismo director comentaría que cuando leyó por primera vez el guion estuvo a punto de rechazarlo y no lo hizo, por la insistencia de su esposa porque aceptara. “En realidad, la misma noche en que acabé de leer el guion, ya tenía algunas ideas sobre cómo podría funcionar” admitiría después el realizador.

Muchos rostros para un único terror.

Al principio, el guion de Robocop era una colección de clichés sobre un héroe de armadura blindada nacido de una desgracia urbana. La historia que llegó a las manos de Verhoeven no sólo era tópica, sino “curiosamente ridícula”, según insistiría el director. Decidido a transformar a la película en algo más, el director encontró apoyo en el dúo de escritores formado por Edward Neumeier y Michael Miner, para crear un tipo de propuesta mucho más cínica y violenta que la original. “Trabajamos casi en secreto” admitiría Neumeier para Vanity Fair “reescribímos en secreta escena por escena hasta lograr algo más temible y complejo”.

El miedo, siempre el miedo.

En una de las escenas de Robocop, una mujer está siendo asaltada y luego, es usada como rehén por el hombre que intenta robarla y quizás violarla. La nueva perla de la corona de la central de Policía de Detroit llega y observa la situación. Su figura imponente se proyecta en una sombra monstruosa sobre la pared trasera y Verhoeven logra mostrar un sentido de lo inquietante y lo violento, con apenas un movimiento de cámara. El delincuente grita y amenaza, mientras la víctima — vestida con un apropiado vestido blanco — parece carecer de importancia en medio de las sombras grotescas y densas de una ciudad inhóspita. “¡La mataré!” grita el agresor. La mujer continúa gritando, atrapada entre la posibilidad de morir por un disparo y la presencia gigantesca de Robocop, que aguarda de pie junto a la patrulla. Finalmente, el policia toma una decisión y avanza. Levanta el arma y dispara.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta