Todos los rostros del deseo:

De cuando la Lolita de Nabokov conoció a Stanley Kubrick.

Lolita, en el deseo y la imagen.

En una ocasión, el director Stanley Kubrick admitió que le obsesionaba la belleza. No sólo una mera obsesión estética, mucho menos algo tan banal como un satisfacción visual. Para Kubrick la simetría, el poder de la imagen formaban parte de un discurso elemental que era indivisible de lo que el cine crea y construye como historia. Y de esa belleza — el enunciado de lo estético como símbolo de algo más profundo — Kubrick encontró un mensaje perverso e inquietante que explotó en la mayor parte de su obra cinematográfica. Un único concepto donde lo estético y lo narrativo se mezclan para crear algo más profundo y uniforme. Cual sea el caso, para Kubrick la imagen trascendía la simple herramienta estilística y mostraba una idea mucho más elaborada. Una historia en sí misma.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta