The Marvel Bunch.

Una experiencia que nos pertenece a todos los fanáticos.

Cuando tenía veinticuatro años, mi mamá hizo una fila corta frente al cine para ver una película de la que no sabía nada. Era una época muy anterior a cualquier red social, la mera idea de internet era impensable (al menos para la gran mayoría) y las revistas especializadas sobre cine eran muy poco accesibles. De modo que, cuando mi mamá salió de su por entonces trabajo, caminó un par de cuadras y leyó Star Wars: A new Hope en una marquesina, no tenía verdadera idea de lo que vería. Tampoco las treinta personas que sentaron frente a la pantalla de cine junto a ella un rato más tarde. Sólo sintió curiosidad y la curiosidad, la hizo convertirse en parte de un evento pop que más tarde, se hizo un hito para la década. Pero ese día, lo que ocurrió fue ese extraño vínculo que nace de vez en cuando entre una película y los espectadores. Algo tan impredecible como mágico. Una conexión inmediata y total que te atrapa, te asombra, te emociona. Mi mamá aún recuerda lo mucho que le emocionó la historia de ese joven Luke Skywalker, su lucha contra un Imperio galáctico y toda la nueva perspectiva sobre la fantasía que ofrecía esa puerta abierta hacia algo desconocido. En la oscuridad del Cine, mi madre comenzó a ser fanática de algo mucho más grande, duradero y persistente que sólo una película. Se hizo parte de un fenómeno de la cultura popular que aún, cuarenta y tantos años después, permanece intacto en el imaginario colectivo: un evento transgeneracional que convierte a Star Wars (su universo, su ideario y personajes) en parte de muchas cosas distintas de un mundo cultural que busca sus propios héroes y mitos.

Hace once años, la película Iron Man de Jon Favreau llegó al cine. Se trataba de la historia de un Superhéroe no demasiado conocido para un considerable número de fanáticos, pero que aún así, despertó el interés en la mayoría. Iron Man irrumpió en la pantalla con el rostro del actor Robert Downey Jr y fue un pequeño suceso de crítica y taquilla. Con su humor sofisticado, impecables efectos especiales, una banda sonora que complació el apetito por el rock pasado de buena parte del público, la película fue un éxito pero hizo algo más: abrió la puerta hacia un fenómeno mucho más grande, importante y consistente. Un Universo cinematográfico que aún no se definía y le llevaría años sostenerse con firmeza, pero que abarcaba un mundo entero que más de una generación amaba: Esa historia entrecruzada de héroes y villanos del cómic de la casa de las Ideas, con la que había crecido millones de fanáticos alrededor del mundo y que ahora encontraban su lugar en la pantalla grande.

Veintidós películas más tarde, Avengers Endgame llega al cine para convertirse en el suceso pop de esta generación y quizás, otras cuantas más. El final de un larguísimo arco argumental que abarcó no sólo al imaginario del cómic, sino que brindó rostro a una nueva obsesión por el héroe tradicional. En pleno crecimiento, con toda seguridad muy lejos (aún) de fenómenos demoledores como Star Wars y El Señor de los Anillos, la pandilla de Superhéroes Marvel representa toda una transformación del cine popular y comercial, un encuentro entre fanáticos y sobre todo, un cierre climático y emocional para historias que de peor o mejor forman, contaron la aventura de un nuevo mito con reminiscencias muy viejas. Hoy y durante el resto de la semana, cuando el público llegue a las butacas y disfrute del último capítulo de una travesía que siguió con interés en esta nueva dimensión de la conversación global, se conectará (de nuevo) con esa profunda emoción de escuchar y ver una historia bien contada, de esa percepción sobre el asombro que la fantasía cimenta y sostiene para todo el que desee mirarlo. No importa su edad, esta gran despedida es para usted. Y como diría Thanos en su versión cómic: “este es el final, pero es el comienzo de otra cosa”.

En su libro Mitos Griegos, Robert Graves escribió que “el rostro de la historia cambia y eso es bueno, porque le permite perpetuarse para todas las Eras que le heredarán”. De modo que Endgame con toda su carga filosófica, de humor y llena de los símbolos que creó a lo largo de una década, es el más reciente rostro de una aventura muy vieja, que nos pertenece a todos y que sin duda, forma parte de algo más grande. Una admiración colectiva por la maravilla.

¡Que disfruten su función!

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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