Los terrores y los dolores de la máscara rota:

Ingmar Bergman y la trascendencia de su obra.

Los terrores en tierra negra.

Hablar de la obra de Bergman, es meditar sobre un tipo de cine intimista y doloroso, un planteamiento cinematográfico destinado no tanto a sorprender como a conmover e incomodar. Para el director, las imágenes son símbolos de introspección, más que de expresión. En esa sutil diferencia, parece radicar la manera como asume el poder de lo que cuenta, de la historia que se construye, de ese ritmo pausado, elemental y esencial que imprime a sus piezas fílmicas. Un lenguaje cinematográfico impaciente, obsesionado cruda una infinita variación de los estratos del espíritu humano que intenta recrear en metáforas ambiguos. Bergman, con su capacidad para observar y construir nuevos parámetros, tuvo la osadía de reinventar esa visión bajo su propio discurso, brindándole profundidad con sus miedos y cuestionamientos más íntimos. Una reformulación de lo evidente para elaborar una idea fundacional.

Lo inaudito en la oscuridad.

Bergman creía en el miedo y lo dijo más de una vez. Tanto, como para crear un anecdotario cuidadoso sobre el tema. Más allá de eso, la creencia como símbolo del pensamiento primitivo, es una alegoría de ese terror inaudito y persistente sobre lo incontrolable, la incertidumbre del futuro pero sobre todo, la percepción de lo inasible como amenazaba inminente. También, creía en el poder de la creencia rota, en la caída en los infiernos de la fe. En la capacidad del dogma para modular lo que en esencia consideramos humano, como parte de una expresión formal de la identidad cultural y algo mucho más elaborado que con tanta inocencia llamamos individualidad.

Y en el infierno, al final.

En una ocasión, Bergman aseguró que temía a la muerte. Pero no por la incertidumbre de lo que ocurría más allá de la desaparición física, sino porque en realidad, hubiese algo más que temer. Dedicado sólo a su obra, el artista envejeció solo y además, lo hizo mal. Sus últimos años estuvieron llenos de enfrentamiento con sus hijos, con una soledad basada en el aislamiento que por último, quebró su resistencia y le empujó a un tipo de confusión ambigua, a mitad de la demencia senil y algo más tenebrosos.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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