Los Terrores escondidos en el alma humana.

Michael Kohlhaas de Heinrich von Kleist y el origen de la novela moderna. (Parte II)

(Puedes leer la parte I aquí)

Heinrich von Kleist es uno de los primeros escritores en asumir que el espacio, los lugares y las propiedad vinculada a los personajes, también puede definir su personalidad y no sólo, desde la conexión inevitable entre la riqueza y la pobreza. El Michael Kohlhaas del escritor es un comerciante que atraviesa todos los estadios de la riqueza y la pobreza, lo que pone en relieve la cualidad del contexto como un acento para asumir el poder de lo que se narra y también, la forma en que interfiere en la narración. Sin entrar en detalles — el alemán no es un escritor especialmente descriptivo — la novela atraviesa parajes, habitaciones, cárceles, habitaciones suntuosas, pero a diferencia de la noción del estatus, la novela utiliza la connotación de lugar como una forma de construir una escena desde su origen medular. La importancia fundamental de la atmósfera, hacen de Michael Kohlhaas toda una novedad, en medio de narraciones en que los personajes y sus dolores — siempre bien intencionados, en busca de consuelo — eran la norma.
Incluso, hay mucho de Matthew Lewis — autor del clásico gótico El Monje — en la novela de Von Kleist, que atraviesa las peligrosas llanuras de la hipocresía existencial y moral a través de lo sobrenatural. Lewis fue uno de los primeros escritores en tratar la naturaleza humana como desdeñable sin posibilidades del bien y también, en llevar a cabo un recorrido casi melodramático por los errores y dolores de la simple pesadumbre. Lewis no buscaba enaltecer, celebrar ni tampoco reflexionar sobre la concepción de la bondad primitiva, de ese determinismo atado a la idea del hombre como un sobreviviente a las penurias del mundo, pero en esencia, que miraba la posibilidad de lo bueno como algo imprescindible. De la misma forma en que Von Kleist lo haría después, estaba convencido del mal, irredimible y grotesco, que habitaba en el “mundo, en todas las cosas, en el dolor por la simple idea de la perseverancia de la razón”. Tanto uno como el otro, eran pesimistas y dolorosamente atados al miedo. Tanto uno como el otro, celebraron en sus novelas la muerte de la razón pura y la estructura, que simbólicamente sostenía la experiencia occidental sobre la bondad.

Una vida azarosa.

Quizás, la pesimista visión de Van Kleist sobre el mundo, provenía de su vida, corta, azarosa y tan parecida a su novela que es inevitable pensar si la obra por la que pasó a la historia, es también una autobiografía solapada. Como el hijo de mayor de una familia numerosa, pasó de una vida bucólica a convertirse en miembro de la Guardia de Potsdam a los catorce años, lo que según sus palabras “devastó cualquier ingenuidad sobre el bien”. Más adelante, intentó estudiar leyes pero terminó sumido en la sensación que el estamento legal alemán era una gran excusa para la explotación — “No existe la justicia” escribió en uno de sus diarios de la época — y al final, decidió hacerse un nómada que recorrió París y Suiza por casi seis años, sin encontrar una forma de consolar su pena existencial. Para entonces, sufría lo que llamó “crisis de Kant” — “perdí la fe, incluso en la posibilidad — y cuando finalmente fue detenido en Francia como posible espía, se derrumbó en una crisis nerviosa de la que jamás se recuperó del todo.

Era culto, hipocondríaco y escribía a toda hora. La educación militarista le permitió de una forma u otra, mantener cierto orden a pesar de la disolución psiquiátrica y algo de esa tensión, se percibe en Michael Kohlhaas, lo que dota a la novela de una extraordinaria cualidad vívida. La confusión del personaje, su íntima convicción que al final, todo se derrumbará a su alrededor, tiene un notorio parecido con los diarios del escritor por la época, que narraba en párrafos interminables los dolores corporales y físicos que le abrumaban a toda hora. “Podría matar sólo por angustia” insistió en una carta a uno de sus hermanos “lo que claro, sólo aumenta la posibilidad de todos los horrores que me esperan”.

En Michael Kohlhaas la desaparición de la identidad en mitad de un ámbito cruel, ocurre con rapidez, inteligencia y una asombrosa capacidad del escritor para analizar la noción sobre la pérdida de la esperanza, sin ningún tipo de adorno psicológico. Las tragedias se suceden unas a otras — cada vez más despiadadas, siniestras, perversas — hasta que finalmente el personaje sufre una ruptura emocional que le convierte, sin medias tintas, en un monstruo. Y en uno además, que utilizará la infinita capacidad de odio, crueldad y violencia del ser humano para abrirse camino hacia la venganza. El matiz sobre la justicia que Von Kleist brinda a la novela es uno de los elementos más modernos e innovadores: la búsqueda del personaje por la satisfacción — profunda y despiadada — por hacer daño, es una mirada sobre la incapacidad de la sociedad y la cultura para suavizar o enmendar, la maldad que habita en el espíritu del hombre y por extensión la civilización.

Con su sentido de lo anárquico y el terror combinado con algo más coyuntural, Michael Kohlhaas es el antecedente directo de obras como “Rebellion” de Joseph Roth, o Fight Club de Chuck Palahniuk , en las que el hombre se rebela con la sociedad en medio de un estallido de furia incontrolable y la mayoría de las veces, fatal. Sin autoridad moral o religiosa a quien respetar, la perspectiva de la disolución filosófica y espiritual es real. Para Von Kleist, la versión de la realidad a la que le lleva sus terrores y miserias es por completo desconocida y quizás, atrayente. No obstante, no hay forma de descubrir el meollo de la búsqueda que plantea la novela y esa es su mayor fortaleza. Nada es claro, ni tampoco medido. En realidad la búsqueda de percepciones sobre lo consciente, es tan irregular como fragmentada en algo más destructivo.

De cierta forma Kohlhaas, es un monstruo gótico, solo que su poder no proviene de Dios o el diablo, sino del odio. El ingrediente laico, pendeciero y retorcido de la novela, parece sugerir que tanto el personaje como quienes le acompañan, se sostienen entre sí como una versión distorsionada de la realidad. Los asesinatos se suceden y la culpa se disuelve hasta crear un reflejo de lo que se suele llamar descontento cívico: la incapacidad del poder establecido para enfrentarse al individuo. Convertido en una criatura sin moral y dispuesta a todo para destrozar el andamiaje de las pequeñas concepciones de la realidad en las que se apoya, hay una connotación violenta en cada palabra y acción en los personajes de Von Kleist. La posibilidad de enfrentar el miedo, de atribuirle significado e incluso, sostener un discurso moralizante de renovación espiritual se desploma en la medida en que la novela asume que debe negar — o burlarse — de lo que creemos real o poderoso, sin que sea una concepción real de algo más elaborado. Ni siquiera la muerte se considera algo más que una versión de la realidad, un deseo profundo y desatinado que al final, será satisfecho de una manera u otra.

La alargada sombra de un villano.

La obra de Von Kleist, desconocida, influenció a buena parte de los escritoresc contemporáneos más reconocidos. Franz Kafka dedicó una de sus contadas apariciones públicas para leer pasajes de Michael Kohlhaas, en un intento de entablar una comunicación directa del pesimismo de la obra con lo que consideraba real.

Pero la influencia no es sólo se extiende alrededor de la obra como ejemplo de una ruptura con un tipo de discurso literario. Michael Kohlhaas inspiró de manera definitiva a la controversial novela de 1975 de E. L. Doctorow Ragtime, que también medita sobre el mal originario y la forma en que la violencia modula y sostiene el comportamiento primitivo del hombre, a pesar de la benévola percepción de la bondad esencial. Lo mismo podría decirse de la novela de 1983 del ganador del nobel J. M. Coetzee Life & Times of Michael K, profundamente influenciada por Von Kleist y su desencanto con la pretendida belleza del mundo y la concepción insistente, de la esperanza como una forma de redención inevitable.

Incluso el clásico violento de los años ’90 del director Joel Schumacher “Falling Down” tiene mucho de la forma en que el escritor alemán reflexionó sobre la ira ciudadana y el desplome de la fe en la estructura de poder, en una versión de la realidad inquietante y que sobre todo, abre la puerta al cuestionamiento directo sobre la posibilidad lo de maligno como algo inherente a la cultura. Como si se trata de un reflejo distorsionado sobre lo que somos y en lo que la sociedad puede transformarnos, Michael Kohlhaas es quizás el primer escalón de una idea más dura, inteligente y elaborada de la naturaleza real del hombre. Una mirada sobre la oscuridad que nos habita, que aún continúa siendo inquietante y estremecedora.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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