Lady Lazarus: Una elegía a la memoria en palabras de Sylvia Plath.

Del brillo de la creación al silencio de la muerte: Las manos abiertas al vacío.

Unos meses después de cumplir la tercera década de vida, Sylvia Plath enfundó a sus dos hijos pequeños en sus pijamas, les llevó a dormir en sus respectivas habitaciones y después metió la cabeza en el horno para suicidarse. Lo metódico, espontáneo, tristemente cotidiano de cada gesto que antecedió a su muerte, fue quizás la mejor manera de comprender el dolor persistente que le acompañó a todas partes. La poeta no dejó cartas de despedida ni tampoco, una sola explicación de por qué tomaba semejante decisión. Se trató de un acto privado, una ceremonia oculta que Sylvia llevó a cabo con una tristísima delicadeza. Llevaba uno de sus vestidos favoritos, el cabello peinado. También un par de zapatos que había comprado unas semanas antes. Estaba sola, había desayunado. Uno de sus vecinos diría después que un día antes la había visto caminar por la calle, sin que nada pudiera anunciar lo que ocurriría poco después. Una calma plomiza y lenta que intentaba disimular con toda seguridad, la fisura interna, ese encuentro inevitable con el vacío que la llevaría a morir unas horas después.

La identidad escindida de Sylvia Plath:

La tesis de graduación de Sylvia Plath se basó en el uso del doble (o la duplicidad de la conciencia) en la obra de Fiodor Dostoievski. Toda una declaración de intenciones sobre su percepción dual, ambigua y compleja sobre el mundo. Plath siempre describió su mente como un juego de espejos (y parte de esa percepción puede advertirse en su obra) pero además, una extrañísima conjunción entre los extremos tangenciales de su personalidad. Y es esa fractura, esa comprensión sobre el abismo que comienza en las grietas de la memoria, lo que brinda a su obra una profunda dureza. Una vívida comprensión de los espacios, temores y esperanzas que le animaban a intentar comprenderse a través de la poesía. Para Plath, esa doble visión era más que un recurso creativo. Era una forma de conceptualizar su vida.

El dolor y la penitencia: La muerte y la pequeña caída en el desastre.

Como la misma Plath lo predijo, la felicidad de la pareja no duró demasiado. La rivalidad y competencia entre ambos, la infidelidad de Hughes y la persistente depresión de la poeta, destruyeron de inmediato la convivencia entre ambos. De nuevo, Plath se volcó en sus cuadernos y en su obra, olvidada luego del matrimonio y convirtió el dolor insoportable de la pérdida y el desarraigo en una violenta elegía poética. El sufrimiento le brindó un nuevo impulso, construyó una nueva visión de la poesía y su obra. Publicó sus dos primeros libros, trabajaba en sus segunda novela y de pronto, la oscuridad se tornó en una radiante búsqueda de respuestas a través de la palabra. El 16 de octubre de 1962 escribió una carta a su madre, asombrada por la profunda capacidad de la escritura para el consuelo, para colmar sus ambiciones: “Soy una escritora de genio; se me ha concedido el don. Estoy escribiendo los mejores poemas de mi vida, los que me harán famosa”. Cinco meses después, moriría.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store