¡Hola Sarah! En realidad, emigrar es una de mis opciones, pero no es tan sencillo ahora mismo. No sólo por motivos familiares — que suelen ser los más complejos de solucionar — sino también por el hecho que Venezuela es ahora mismo una cárcel ideológica. Te lo explico así: No tenemos acceso a moneda extranjera debido a un férreo control de cambio y nuestra divisa tiene un valor mínimo en comparación a cualquiera de ella. Eso provoca que si decido irme, deberé vender mi casa, mi coche y mis pertenencias para obtener una ganancia tan pequeña que con toda seguridad me permitiría sobrevivir sólo un par de meses en el país que al que decida ir a vivir. Además de eso, los vuelos internacionales son escasos y casi inexistentes: si quiero salir del país, básicamente debería cruzar la frontera con Colombia o Brasil para conseguir un vuelo. Ahora, añade a eso el hecho que el Gobierno cerró fronteras hace más de ocho meses y tendría que ser clandestino. O sea que, mis opciones son mínimas, no muy alentadoras y todas muy peligrosas.

Con todo, es bastante probable termine emigrando en un año o dos. Con todo el esfuerzo que eso requiera. La alternativa es un país en caos con el que no puedo lidiar.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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