Historias de fantasmas.

Los muertos que regresan tienen una historia que contar (parte I)

Una mirada a la vida de ultratumba:

La creencia que un fantasma era el heraldo de un disturbio místico, se encontraba bastante extendida en la cultura mesopotámica, en donde las historias de fantasmas se convirtieron en verdaderas lecciones de una especie de proto religión basada en la muerte. Para la antiquísima cultura, la muerte era un lugar nebuloso que no exigía demasiadas explicaciones. Se tenía la imprecisa certeza que no existía retorno pero que era lo suficientemente real como para albergar a los difuntos y concederles un tipo de conocimiento poderoso que de vez en cuando (y bajo determinadas circunstancias), podían compartir con los vivos. El Irkalla, era el reino de los muertos y se encontraba, sin demasiadas explicaciones “bajo la tierra”, aunque no se le consideraba un lugar de condena o de castigo. En realidad, se asumía que los muertos moraban entre las sombras y sumidos en la tristeza de haber perdido la vida. Según los mesopotámicos, la muerte era un lugar apacible pero que estaba destinado al olvido, gobernado por la oscura reina Ereshkigal. A ningún espíritu se le permitía abandonar la oscuridad, a menos que fuera necesario y que debiera enmendar algún hecho temible o ayudar a los vivos, lo que provocó que las historias de fantasmas mesopotámicas fueran una mezcla de fábula y enseñanza espiritual. Ninguna de ellas aterrorizaba en realidad y tenía por objetivo enseñar las maneras en que la vida y la muerte continuaban interactuando a pesar que los vivos pocas veces tenían conciencia de ello.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta