Gabriel, nadie lo subestima, sino simplemente se analiza desde el contexto: Chávez era un hombre que sabía el valor y el peso de la violencia por el mismo hecho de ser un militar entrenado. Pero el hecho de ser violento y tener una enorme capacidad para el odio no lo convierte de inmediato en un estratega que utiliza el resentimiento como forma de herramienta política, que fue justo lo que hizo. En palabras de Luis Miquilena, Castro no sólo construyó un ídolo de barro a su medida — y para su utilidad — sino que además, le brindó un mapa de ruta por el cual transitar a través de las instituciones y la ciudadanía. El hecho mismo de la violencia no es indicativo político: las cientos de formas en que Chávez utilizó la agresión y sobre todo, construyó un andamiaje legal a su medida no es fruto de la casualidad. Es un sistema concebido para la destrucción de instituciones democráticas y la historia reciente. Y Castro no sólo lo instruyó — como su pupilo — sino que utilizó el enorme nivel de influencia que tenía para lograr un resultado que beneficiara a Cuba como subsidiaria de la simpatía ideológica. Es algo que Alberto Barrera Tyszka analiza de manera muy concienzuda y Teodoro Petkoff ha dejado claro más de una vez: Castro encontró en Chávez no sólo un aprendiz sino un vínculo directo con el continente y la izquierda moderada. Y lo utilizó a conveniencia.

Saludos y gracias por comentar.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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