Entre hojas y anaqueles: Los favoritos del año 2021 (Parte II)

Este año leí mucho más libros de ciencia ficción y terror que de cualquier otro género. No sólo porque son mis favoritos, sino también, porque encontré en muchas de las historias una mirada simbólica sobre los cambios y transformaciones que definen a nuestra época. La fantasía, el miedo y sobre todo, las especulaciones científicas, siempre parecen tener la capacidad de reflexionar con muchísima más claridad que cualquier otra propuesta sobre los dolores y temores de la cultura que nos tocó vivir y sobre todo, la época incompleta y en ocasiones caótica que atravesamos. En mi recopilación anterior (que puedes leer aquí) me preguntaba sobre lo que hace a un libro extraordinario, inolvidable o simplemente imprescindible por encima de otro. Y llegué a la conclusión que no hay una respuesta para eso: después de todo, lo que leemos es un reflejo de nuestro mundo personal, el recorrido intelectual que llevamos a cabo y sobre todo, esa expectativa espiritual que nos hace encontrar nuestro un lugar — emocional, privado — entre las páginas de un libro. Con todo, creo que estas pequeñas retrospectivas nos permiten comprender nuestro trayecto como lectores y sobre todo, la manera como asumimos nuestra relación con la literatura. Un hábito — espejo que nos muestra lo mejor — y quizás, lo más privado — de nuestra forma de mirar al mundo.

De manera que estas pequeñas listas recopilan esa mirada asombrada de la literatura sobre el mundo y sus vicisitudes. Ese complejo devenir entre lo que somos y lo que la imaginación puede construir a partir de esa identidad difusa que consideramos nuestra. No están todos los que son y mucho menos, todos los que me gustaría incluir, pero siempre me será complicado llevar a cabo una recopilación de mis lecturas favoritas. Para mí, la lectura siempre ha sido el viaje, el renacimiento, el poder de evocación, la compañía, la alegría, la sabiduría, la ignorancia, el poder de creer. De manera que recopilar mis libros favoritos — y sobre todo, de mis géneros favoritos — siempre resulta en listas incompletas, en amigos injustamente olvidados, en pequeños silencios de libros perdidos en la memoria. Igualmente, quise llevar a cabo esta pequeña selección, para celebrar no solo el hábito — la pasión — por la fantasía, el miedo, lo grotesco y lo sublime, sino también mirarme a través de todos los rostros que nacen en las páginas, comprender quién soy y a donde voy a través de ellas.

Así que sin orden particular y por supuesto terriblemente incompleta, estas son un par de lista pequeñitas y muy sucintas de lo mejor del Género de ciencia ficción y terror que leí durante el año 2021:

La continuación de la espléndida The Overstory (2018), es una búsqueda consciente sobre la naturaleza humana enfrentada a su extinción, en un futuro lleno de dolor pero también, consciente del tránsito entre el bien y el mal de una cultura que mira sus propias heridas con atención. A pesar de su evidente comentario político, su aguda preocupación por el medio ambiente y la capacidad del escritor para enlazar tramas paralelas sobre lo incierto de un futuro sometido a una catástrofe mayor, Bewilderment no es tan vasta como su predecesora. En esta ocasión, Powers parece más interesado en una mirada más tensa sobre el bien y el mal colectivo. Y de la misma manera que Arthur C. Clarke expresó en su oportunidad sus anhelos por un tránsito de los equívocos a la esperanza, Powers decide crear en su por ahora duología una visión sobre el porvenir que busca construir la experiencia de la esperanza a través de las posibilidades.

Powers está obsesionado con las particularidades del género humano. En The Overstory, el escritor planteó la supervivencia sobre la posibilidad de encontrar las respuestas en lo invisible. El libro ponderó con cuidado acerca de la naturaleza como un espacio elemental y en especial, lo sugerido como fuente de una sabiduría ancestral. Alabada por la crítica por su forma de mezclar el tópico ecológico con algo más amplio y espiritual, el relato a tres voces pareció además recorrer algo más poderoso y sincero sobre el futuro como hecho inevitable. Powers ponderó las preguntas sobre la moral, el tiempo, el transcurrir del tiempo y en especial, los hilos que vinculan la desconstrucción de la identidad social con algo más íntimo.

Con su sociedad vinculada y conectada a la naturaleza en una comunicación poderosa que trascendía el planeta y alcanzaba nuevas latitudes espaciales, Powers logró establecer un pequeño hito en la ciencia ficción de las últimas décadas. El hombre por el hombre. El anuncio del temor y la percepción de lo apoteósico como una persistente concepción sobre lo emocional. El futuro esta vez, está en manos de hombres en busca del bien. ¿Utópico? ¿alentador? Lo que sorprende es que esa mirada profunda y analítica sobre la identidad del hombre y sus particularidades, no incluya un juicio de valor. La interpretación sobre la ciencia ficción de Powers, no se limita a una inteligente reflexión sobre las posibilidades que el futuro puede ofrecer — que también, lo es — sino una meditada comprensión sobre lo que hace al hombre ser una criatura racional y más allá de eso, una excepción en medio de la naturaleza.

La nueva novela de King no podría catalogarse en esencia de una novela fantástica o de terror, aunque hay elementos sobrenaturales en algunos puntos de la trama. También, hay referencias cruzadas a otras obras del autor— lo cual, sostiene su intención de seguir expandiendo su universo personal en todas direcciones — y alguna que otra divagación sobre el poder del bien y del mal. Pero en esencia, Billy Summer es una novela noir con tintes emocionales que se extiende hacia lo fantástico sin tocarlo y que de hecho, se sostiene en algo mucho más complejo de comprender a primera vista. Si en Después (2021), su análisis del terror es una combinación acertada entre la tensión, el punto de vista de su narrador y un cúmulo de escenas de extraordinaria efectividad, Billy Summers es una vuelta de tuerca completa al hecho de King en busca de una nueva cualidad de su discurso como narrador.

La belleza de la historia, en contraposición con el recorrido emocional que supone la visión del personaje central sobre la muerte, el dolor, la ausencia y la culpa, permiten a King entrar en terrenos poco conocidos en sus historias. Billy Summers bien podría ser solo las memorias de un personaje atormentado, pero también es la reivindicación del escritor del impulso creativo que abarca varias regiones espirituales a la vez. Al final, la novela encuentra su punto de mayor interés cuando plantea una pregunta concreta: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? El libro no se compromete a la respuesta — no es la intención de King pontificar sobre hombres o mujeres aterrorizados por su conciencia — pero sí permite al lector adentrarse en terreno desconocido acerca de una exploración profunda sobre la identidad. Si en sus novelas más realistas, los personajes de King son a menudo heroicos o de una crueldad inaudita, en Billy Summers hay una búsqueda de algo más humano y vital, emparentado directamente con la forma en que King reflexiona sobre lo humano. ¿Somos buenos o malos? ¿somos creadores de nuestro futuro o del presente? ¿Somos una evolución de lo inevitable? De nuevo, Billy Summers no responde semejante pero su percepción sobre la posibilidad de hacerlo crea un entorno brillante para una historia fuera de lo común.

A Billy Summers se le ha llamado se le ha llamado la mejor novela de Stephen King en años. La narración en primera persona sobre la vida de un francotirador retirado y oculto en una ciudad no identificada, es un replanteamiento de su trabajo reciente. Cada una de sus más recientes novelas, se han trasladado a regiones profundas que conducen hacia algo más elaborado. El visitante (2018) y El Instituto (2019), han insistido en recorrer la concepción de la posibilidad del bien y el mal supeditado a algo mucho más grande y retorcido. No obstante, tanto la colección de historias La Sangre Manda (2020), como Después y Billy Summers, tienen configuraciones distintas sobre la búsqueda de elementos sobre la personalidad de los personajes que les definen desde el dolor. Desde el atormentado Jamie — medium y símbolo de la pérdida de la inocencia — de la primera novela, hasta el mentalmente frágil Billy de la segunda, las narraciones de King están en la búsqueda de algo más poderoso que la simple idea de lo humano desde la superficie. Y aunque se encuentran en extremos distintos de la narración, tanto uno como el otro, muestran la intención de King de reformular su forma de narrar pero también, de encontrar un lugar nuevo sobre la mente humana el cual analizar.

Este fascinante thriller de suspenso utiliza los mismos mecanismos inquietantes del best sellers de la escritora Pero ya tú lo sabías (2016), adaptado recientemente por HBO. La ficción, jugaba con la posibilidad de la culpabilidad y la mirada hacia una trágica necesidad de reconocimiento y en especial valoración sobre la identidad como creación esencial a través de elementos dispares. En su nueva novela, Hanff Korelitz usa el mismo recurso, pero lleva la premisa a un paso adelante. ¿Qué ocurre cuando todo lo que ambicionas, deseas y construyes se basa en un dilema basado en la frustración y la pérdida? ¿Qué pasa cuando eso se añade una pulsión creativa incompleta que se convierte en el núcleo de toda una serie de cuestionamientos cada vez más enfermizos? The Plot no es una novela complaciente. Hanff Korelitz vuelve de nuevo a desmenuzar la culpa desde su centro elemental y además, agrega la presión del fracaso en una sociedad que exige la satisfacción de las aspiraciones de manera inmediata.

Al final, la mirada sobre el tema de la autoría entra en disputa, cuando la reconstrucción de lo que se asume como el individuo termina por mezclarse con la obra como reflejo íntimo. Si Andrews planteaba el plagio como una angustia literaria persistente, Powers la necesidad insatisfecha de triunfo como una búsqueda irracional y Lippman como un objetivo para la transgresión, Hanff Korelitz vuelve sus lugares favoritos y se hace preguntas acerca de lo que se pierde y lo que se gana cuando el talento es una interrogante que debe ser respondida como instrumento de éxito. En un contexto competitivo y voraz, el concepto de triunfo se vuelve una batalla entre la ansiedad de lograr un logro inmediato o al menos, con la rapidez suficiente como para dejar atrás a la ingente competencia. Además, la escritura plantea la premisa desde una percepción peligrosa sobre la ética y la connotación sobre la integridad moral. ¿Qué ocurre cuando un texto se convierte en el objeto de una peligrosa necesidad de posesión? Hanff Korelitz, que en cada una de sus novelas plantea conflictos desde lo intelectual y lo moral, esta vez explora lugares oscuros sobre la necesidad de plantear la responsabilidad emocional y ética desde un punto de vista por completo distinto. Si sus anteriores personajes habían lidiado con la posibilidad de saber o no acerca de la identidad de un asesino, la búsqueda desesperada de una razón para evitar un asesinato y el miedo a la incertidumbre, The Plot apunta en la dirección de la inquietud moderna con respecto a la posibilidad de un crimen. Uno que además, no se ha cometido o parece no se cometerá de inmediato y como si eso no fuera suficiente, es una línea entrecruzada de posibilidades. Claro está y como en sus otros relatos, para Hanff Korelitz la importancia acerca de la relevancia social de lo que plantea — ¿es mayor la tentación de cometer un crimen semejante en mitad de una sociedad que exige el reconocimiento — sea hace capital al momento de narrar la historia. Pero además, va más allá, porque la culpa se entrecruza con el hecho de arrebatar la voz, la identidad y la importancia del comportamiento de otro, a través de un robo simbólico y consistente que tiene una relación confusa con la gran pregunta moderna sobre en qué radica la identidad. ¿Una obra que se roba implica también un crimen mucho más sutil y más interpretaciones de las obvias?

Ya en la novela Admisión (2009), Hanff Korelitz había analizado el tema sobre la culpa y el perjuicio comprendida a través de la ambición como un arma, en una historia que abarcaba el ámbito académico y el selecto ambiente de las universidades. Y lo hacía al plantear si el sistema de admisión universitario estadounidense era tan confiable como para que sus métodos no fueran motivos de sospecha. En The Plot, el ambiente tiene un enorme parecido y se emparenta con la sensación violenta que algo está a punto de derrumbarse dentro del exquisito escenario que plantea la escritora: ¿la propiedad intelectual es una interpretación más amplia sobre lo que somos dentro de nuestra cultura?

Esta extrañísima visión sobre la figura de la mujer que se enfrenta a la violencia como estructura total, tiene ideas muy concretas acerca del concepto contemporánea sobre lo femenino en la cultura pop. Y en especial, hace énfasis en la forma en que el género de terror analiza a la mujer. Por supuesto, la chica virginal y sobreviviente a todo tipo de penurias, no es una imagen nueva ni mucho menos novedosa. Hendrix toma todas las versiones sobre la mujer que sobrevive a un asesino y lo transforma en una narración brillante, sobre la idea del terror como algo más profundo que la posibilidad de morir. De hecho, uno de las grandes virtudes de The Final Girl Support Group, es reinventar la concepción sobre el peligro. Y lo hace al meditar sobre la amenaza y el riesgo como una construcción relacionada con la forma en que la víctima — o superviviente — asume sus posibilidades de superar los obstáculos. Hendrix, conocido por sus novelas frenéticas y con un peculiar énfasis en la necesidad de reconstruir el lenguaje del cine y la literatura de terror, encuentra en su nueva novela un vehículo perfecto para una hipótesis desconcertante. ¿Qué ocurre si el peligro y la amenaza son también los que propugnan un pensamiento más elaborado en la víctima? ¿Existe la posibilidad que una víctima pueda recorrer un camino de temible desconstrucción a través de un trauma que le supera?

Claro está, Hendrix no hace lo anterior a través de un tratado teórico sobre el trauma, sino que crea un personaje sorprendente que le permite analizar no sólo las secuelas físicas y mentales de un hecho de naturaleza violenta, sino además, plantearse inquietudes muy definidas sobre el tema. Lynette Tarkington es una sobreviviente de un asesino que durante veinte años ha lidiado de la mejor manera posible con el miedo y el estrés postraumático de haber sobrevivido a un asesinato. Como cualquier otra víctima, Lynette sufre de paranoia, problemas de intimidad, pero a diferencia de otras tantas, tomó la extraña decisión de reflexionar sobre el miedo desde la posibilidad que sea parte de su vida. “Siempre tengo miedo” dice el personaje durante los primeros capítulos, mientras asiste al grupo de terapia que brinda título al libro . “No recuerdo un momento en dos décadas en que no haya estado completamente aterrorizada, a punto de huir o temblando de náuseas de puro nerviosismo. Pero eso no es malo para mí. Me ha hecho consciente de qué ocurre en mi vida debido a lo que sufrí”. Cuando la terapista cuestiona el hecho del miedo como un medio de aprendizaje, Lynette estalla en risas. “Nada te enseña mejor tu fortaleza que el hecho que ser más fuerte de lo que temes”.

Hendrix no deja claro (no de inmediato), si la postura de su personaje es una forma de mantenerse en pie, un método de defensa o algo más retorcido. De hecho, el personaje que relata su historia en primera persona, no deja de preguntarselo. “Cuando el miedo ya no es problema, te permite entender que cada cosa que has hecho, es parte del temor a perder algo o el miedo profundo a no obtenerlo. Pero yo estuve a punto de morir. ¿Qué puede preocuparme una vez rebasada esa línea?” Para Hendrix es de enorme importancia dejar claro que más allá del daño psicológico que Lynette sufre, hay un hecho concreto. El personaje es más fuerte, capaz y en algunos momentos, desafiante por el hecho de temer. “No puedo evitar arriesgar mi vida, sacrificar pequeñas y grandes cosas. No puedo evitar estar convencida que puedo disfrutar el borde de todas las cosas. No puedo evitar sospechar de todos. Y no poder evitar nada de eso, es un tipo de poder”.

Hendrix utiliza todo tipo de recursos para contextualizar un estado anímico semejante y The Final Girl Support Group se sostiene sobre la forma en que el autor, profundiza la historia en docenas de ángulos distintos. Desde el relato de Arianna — que logró descubrir la manera de sobrevivir al tétrico laberinto de su pueblo -, las víctimas propiciatorias de Tracio hasta las Amazonas, las mujeres que logran sobrevivir a partir de su astucia y fuerza, es un motivo recurrente en el arte y la literatura de todo el mundo. Sherezade, logró salvar la vida gracias a su inteligencia y talento para las historias. Lucrecia de Roma, sobrevivió a su violador, sólo para someterlo al escarnio público y salvar del deshonor a su familia. La Mandrágora de Hanns Heinz Ewers, que no sólo es hija del horror sino, además, la sobreviviente esencial, con toda su carga simbólica de nacer del pecado y prosperar gracias al terror. Todo lo anterior y más, es analizado por Hendrix una y otra vez, el arquetipo de la mujer víctima que toma el poder del que fue despojada, se repite hasta crear una idea más convincente — y sin duda poderosa — de lo que podría ser por el mero hecho de enfrentarse al peligro. Y sin duda, es esa reencarnación de la mujer que batalla para sobrevivir y sortea todo de dificultades hasta triunfar, la versión más primitiva de un mito que parece repetirse en la actualidad con más frecuencia del que suponemos. Una historia primitiva con raíces profundas en el subconsciente colectivo.

Esta extrañísima novela con un argumento impredecible hasta lo desconcertante, le apuesta a crear una densa atmósfera desde sus primeras páginas. Una que además construye a través de premisas más o menos sencillas, que poco a poco profundiza por el método hábil de construir personajes complejos y tramposos. Pero Survive the Night es además, un cuidadoso ejercicio de estilo que crea un ingenioso recorrido a través del temor como músculo central de la narración. Se trata además, de un trayecto no sólo por el hecho del peligro y lo que acecha en un hilo conductor en apariencia simple, sino además, una serie de miradas audaces sobre giros argumentales basados en la sorpresa.

Para Sager, la percepción sobre lo que se oculta detrás de lo corriente o en todo caso, lo que sostiene la concepción de lo enigmático (o el enigma en sí) en un ámbito en apariencia normal, se traduce como una serie de pequeños retazos de información desordenados que poco a poco adquieren forma. El escritor, que a través de una docena de libros ha perfeccionado su sofisticada recreación de la habitual novela de suspenso con tintes detectivescos, logra con Survive the Night una nueva dimensión del usual misterio enhebrado en algo más perverso. Pero además de eso, transita algo más inusual: la capacidad de su historia para crear sus propios fragmentos de información y utilizar la metareferencia como un recurso válido. De modo que Sager además de escribir novelas de suspenso, también construye en cada una de ellas universos independientes, que funcionan de una manera elaborada y coherente.

En Survive the Night el efecto se hace incluso más desconcertante. La narración, que apenas incluye a dos personajes durante un viaje de carretera que tardará una noche entera en completarse, es también un escenario potente que construye una condición novedosa para la novela de suspenso actual. Sager no desea que el lector sienta empatía, cariño o preocupación por los personajes, sino que trate de analizar una y otra vez, las capas de información que sostienen el gran diálogo abierto que expande la concepción sobre el miedo. En Survive the Night, lo que acecha tiene el rostro sonriente de un hombre y una mujer común. Pero la experiencia inmersiva que el escritor logra a través de las docenas de detalles, expresiones y concepciones sobre la identidad de sus personajes, la forma en que construye el contexto que le rodea y en específico, como transcurre la historia, hace que Survive the Night convierta al lector en parte de lo que se narra y además, en una parte activa de una estructura narrativa llena de pistas falsas, espacios incompletos y percepciones sobre la moral, lo temible y lo desconcertante que se afianzan bajo una mirada minuciosa.

Uno de los grandes atributos de Sager es lograr que historias en apariencia rutinarias, muy gastadas o cliché resulten tan novedosas para desconcertar. Lo hace a través de un despliegue de acertadas decisiones argumentales que rompen el ritmo de todas sus narraciones en momentos por completo inesperado. Y Survive the Night lo hace al plantear una situación relatada docenas de ocasiones en distintas formas: una mujer llamada Charlie acepta compartir un viaje en automóvil con Josh, un hombre que apenas conoce. Sager no se toma el tiempo de describir el aspecto de él o ella. Solo sus diálogos, nerviosos y un poco desordenados. Ella le explica que regresa a Ohio debido a un duelo mayor. Él escucha con atención, expresa sus condolencias y trata de entender qué ha ocurrido, sin hacer preguntas que puedan incomodar a su pasajera. Durante los primeros capítulo, el libro no es otra cosa que una larga conversación ligera. Una que se entremezcla con varias ideas cada vez más extravagantes.

Este singular historia de horror, explora el creciente interés en el fenómeno de la identidad en internet. Pero además, profundiza en el hecho de esa gran estructura construida para convertir a usuarios de todo tipo de plataformas y espacios virtuales, en protagonistas de sus propias historias. Incluso, Imamura se toma el atrevimiento de jugar con la percepción de la personalidad contemporánea y sus aristas más dolorosas. Esa versión confusa que convierte a celebridades de internet, en un nuevo tipo de poder sustentado en la convicción que la visibilidad reconstruye formas de explorar la influencia. De hecho, Imamura comienza su libro con una reflexión sobre cómo la mayoría de los usuarios de las redes sociales actuales, actúan como su vida a través de las plataformas que utilizan, fuera una gran ficción que pueden reacomodar, reconstruir y al final, modificar a conveniencia.

La mirada del individuo se trastoca y se transforma en un dilema. ¿Qué es real en un mundo en el que se asume la idea que lo artificial y directamente falso es también, una forma de comunicación? Imamura pondera con cuidado el llamado “síndrome del personaje principal”, un trastorno que apenas comienza a ser comprendido y que se relaciona con la capacidad de las redes sociales para enfatizar la necesidad de atención. Un tipo de egolatría que Imamura mira a través de su personaje principal, que contra todo pronóstico, en realidad siente que su vida forma parte de algo más amplio, complejo y doloroso.

A diferencia de la mayoría de las personas de su edad, la narradora sin nombre de Imamura, siente que su importancia en el mundo se encuentra condicionada y reducida a un mero personaje. “Podría decir que existo en la medida que otros reconocen mi existencia. Un pensamiento que me atormenta, porque en realidad, eso quiere decir que sólo soy real mientras otros tienen su atención puesta sobre mí. ¿Qué otras cosas ocurren conmigo? ¿qué otras cosas pasan cuando nadie me mira? ¿puedo decir que estoy, soy y tengo algo más una efímera mirada a mi sustancia como algo real cuando alguien me da una mirada?”

Para Imamura, la relación entre la vida real y la virtual parte de un objetivo claro: el ser reconocido, amado y admirado. Pero incluso, cuando se obtiene esa necesaria gratificación — “un Narciso que se mira a la vez en cien espejos” dice la narradora — hay una codicia que evade explicaciones sencillas. Hay una delirante necesidad de crear una versión sobre el heroísmo que roza la antigua necesidad de ser amado que concierne a todas las épocas, con una compulsión por el control. “En ocasiones, estoy convencida que las redes sociales están vivas. Una forma de vida ambiciosa como todas, que intenta devorar, deglutir y descomponer todo a su alrededor.

Que se alimenta de la inocencia, la vanidad y todos los temores de un mundo que vuelva en ella lo que no se atreve a mostrar en otro parte”. Para el personaje de Imamura, la dependencia a las redes sociales no tiene relación — no directa — con la visibilidad, sino con la importancia que tiene en el mundo interior del usuario, un concepto que describe desde las primeras páginas de la novela y se va haciendo más complejo a medida que avanza. La escritora, crea una visión sobre las líneas que unen a las plataformas sociales (como entes y atmósferas concretas), con los personajes que deambulan de un lado a otro en la historia. Se trata de un riesgo narrativo que toma a través de la ficción y que logra sostener a través de una narración dolorosa sobre la imagen, la identidad, la autoestima, como trozos de algo que puede ser destrozado y reconstruido a voluntad. Esa concepción, de un mundo por encima de lo real, que sobrepasa la realidad y se entrecruza con algo más extraño que todavía está con definirse, es el punto de arranque de una novela basada en la experiencia contemporánea acerca de la identidad.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

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