Entre hojas y anaqueles:

Los favoritos del año 2020. (Parte I)

Dark Archives de Megan Rosenbloom

El libro Dark Archives de Megan Rosenbloom, elabora una hipótesis por completo nueva de la percepción sobre el libro como un elemento enigmático y poderoso, pero además, añade un elemento terrorífico: la investigación de la escritora — con una especialización en la historia bibliográfica y los procesos de creación de libro objeto — está basado en un aspecto del mundo de los libros que resulta tan escalofriante como fascinante: la encuadernación en piel humana, una costumbre que se remonta a casi seis siglos y que por supuesto, entra en el terreno de la compleja relación entre la concepción del conocimiento y lo sobrenatural. No obstante, Rosenbloom realiza una impecable investigación que se aleja de cualquier percepción sobre lo ético, lo macabro y lo temible, para concentrarse en esencia, en cómo la llamada bibliopegia antropodérmica (nombre científico del método), tiene una relación poderosa y sostenida con la concepción del conocimiento como una idea relacionada con lo esencial del hombre como individuo. Más allá de lo inquietante que pueda parecer el procedimiento y de hecho, la manera en que históricamente se le interpreta — sobre todo, después de los espeluznantes testimonios de crímenes nazis basados en procesos semejantes — la noción del libro como parte del hombre, es una mirada profunda hacia las conexiones que se establecen entre el conocimiento y lo simbólico que relaciona al hombre con un tipo de conocimiento esencia.

Where the Wild Ladies Are de Aoko Matsuda.

La recopilación de relatos de terror Where the Wild Ladies Are de Aoko Matsuda, lleva la fórmula de lo fantasmagórico a un nivel mucho más inquietante pero en especial, la emparenta con un recorrido a través de dolores emocionales e intelectuales, que rara vez se relacionan con lo sobrenatural. Aun así, esta colección de leyendas folclóricas japonesas, relatos orales del país y pequeñas percepciones sobre el miedo colectivo e individual, tiene el insólito ritmo de una crítica solapada sobre la identidad contemporánea, la búsqueda de objetivos individuales e incluso, el menosprecio a la diferencia. Todo en medio de una extraña capacidad para seducir a través de imágenes de asombrosa y terrorífica belleza.

Piranesi de Susanna Clarke:

En Piranesi, la magia lo es todo, pero también la belleza y lo siniestro. Mezclados entre sí, los tópicos reflexionan sobre un recorrido hasta el límite de lo real — de lo que creemos puede serlo — que colinda de manera directa y casi accidental, con algo más profundo: lo que la fantasía puede crear en el espacio de lo siniestro. Parece una propuesta confusa, hasta que Piranesi, el personaje confuso y bien intencionado que recorre una casa colosal en la que ha vivido desde su nacimiento, comienza a narrar su aventura dentro de una construcción que pareciera, ser una mansión de la regencia inglesa — con abundantes detalles sobre su profuso decorado — pero que en realidad es algo más. ¿Qué? Piranesi no lo sabe, pero lo que sí puede asegurar sin lugar a dudas, es que esta enorme construcción, a mitad de camino entre una mansión de asombrosas proporciones y un mundo con vitalidad propia, es una criatura viva que de una u otra manera, sostiene la vida de Piranesi hasta los últimos detalles. Para el personaje, la casa, el mundo, el universo, la sustancia que crea la realidad, es la misma cosa, lo que hace desconcertante la noción de la envergadura de esta mansión, que a la vez tiene las características de algo más colosal, con todos los rudimentos de una forma de vida y como si eso no fuera suficiente, que se sostiene en un invisible equilibrio con lo que sea está al otro lado de los muros interminables. En realidad Clarke, que describe con mimo a la casa en cada uno de sus detalles — desde el picaporte de cobre de las puertas del fondo y la puerta cristalera de un segundo piso que tiene el tamaño de un pequeño país — está más interesada en que el lector se haga preguntas directas sobre la naturaleza sobrenatural de un lugar que Piranesi asume como único, benevolente e incluso, “una franja de todos los mundos, concentrado en puertas cerradas”. Los primeros capítulos resultan desconcertantes, a medida que el personaje también describe a la casa como una entidad viva que insiste “es de una bondad infinita”.

Memorial de Bryan Washington

Para Bryan Washington, el amor romántico es una barrera y también, una idealización insuficiente y la mayoría de las veces insatisfactorio, de la vida cotidiana. De hecho, toma la inteligente decisión de construir su historia desde una cierta distancia que convierte al diálogo interior del narrador en una fluida y dura reflexión sobre las aspiraciones incompletas y a menudo irreales, que engendra la pretensión de amar como una fórmula paliativa para el desarraigo y la soledad contemporánea. La necesidad de aniquilar de los personajes en beneficio de la narración es tan definitiva en el tono y ritmo de la novela, que Washington incluso evade la salvedad de nombrar a uno de sus protagonistas. Michael, es el nombre que este hijo de inmigrantes japoneses escogió para sí mismo, para alejarse del núcleo familiar y de hecho, de la presión cultural de la cultura de sus padres, de modo que incluso el anonimato actúa como un elemento de presión sobre el contexto y la historia que rodea al personaje. Michael además es gay, en mitad de una relación que se desmorona y por si eso no fuera suficiente, lucha por adecuarse al estilo de vida estadounidense, que escogió por encima de las tradiciones y costumbres familiares.

Divorcing de Susan Taubes.

En Divorcing, la reedición de la novela de 1969 To America and Back in a Coffin de Susan Taubes, una narración que comienza desde un punto de partida angustioso: Sophie Blind, el personaje principal, cuenta con detalles superfluos el momento de su muerte. Pero no sólo lo hace como una acumulación de datos sin mayor importancia, sino que deja claro que lo que ocurrirá después, son los sucesos que unen el momento de su desaparición física con todo lo que cuenta la novela a detalle. Escrita en una época de cambios morales, sociales y culturales, el personaje atraviesa una extraña versión sobre la conmoción del hecho de no existir y a la vez, formar parte de la experiencia de lo que ocurre después de la muerte. Taubes evita cualquier connotación misteriosa o sobrenatural, para establecer desde las primeras líneas un hecho irrefutable: lo que cuenta tiene a la muerte por testigo. “Morí un martes por la tarde, atropellado por un automóvil mientras cruzaba la Avenida George V”.

The Appointment de Katharina Volckmer

Un dato puede describir de manera muy clara el impacto de la sátira en momentos de considerable sensibilidad acerca de temas álgidos: La novela The Appointment de Katharina Volckmer — que analiza en clave de burla los dolores y vergüenzas de la Alemania postnazista — no fue publicada en la país y de hecho, sólo encontró editor fuera de las fronteras germanas, luego de un largo e incómodo recorrido a través de Europa, entre lo que Volckmer describió como un “sobresalto continúo” de editores aterrorizados. Para hacerlo todo más complicado, la extraña, dura y controvertida novela, tuvo que enfrentar las quejas y comentarios de buena parte de la comunidad alemana en Inglaterra, que no supieron como encajar que un escritor pudiera señalar la vieja herida del nacionalismo, la figura de Hitler y los horrores de la Segunda Guerra Mundial como un chiste incómodo. “Una vez, soñé que la guerra me ocurría, pero en realidad, la guerra es una excusa ridículo para ocultar lo que el país ya era, en medio de sus errores” dice el personaje principal de The Appointment, tendida en la silla del psiquiatra que la atiende. El hombre le escucha el silencio y se encoge de hombros “Siempre fuimos unos desgraciados hijos de puta” comenta después y ambos ríen, como si se tratara de un chiste privado y no un señalamiento directo a la naturaleza de la columna vertebral política de Alemania.

La vida mentirosa de los adultos de Elena Ferrante

En la novela “La vida Mentirosa de los adultos”. la mirada de Ferrante — analítica, dulce y por momentos brutalmente honesta — comienza a principios de la década de los noventa y sigue la historia de Giovanna Trada, la hija de 12 años de dos napolitanos. Hasta entonces, la adolescente había sido una estupenda estudiante, la niña de los ojos de sus padres y también, una criatura con aires de nínfula, que admiraba cada día frente al espejo junto a la puerta del pequeño hogar familiar. Pero de súbito, todo eso cambia y Giovanna se encuentra en plena batalla con un cuerpo que no reconoce como suyo — “gordo, feo e incontrolable” explica el personaje — y con un súbito rechazo hacia la mera idea de la obediencia.

Daddy de Emma Cline.

De la escritora nerviosa, un poco irregular y emocional de “Las Chicas queda muy poco. Emma Cline tiene la intención de contar historias de forma muy elegante y “Daddy”, es una depuración consciente de su impulso juvenil por imprimir vitalidad a lo que desea contar, a través de recursos triviales, un poco borrosos y la mayoría de las veces, más efectista que efectivos. La escritora deja a un lado su necesidad de justificar a sus personajes — algo que se le criticó en más de una ocasión — y crea una versión sobre el recorrido intelectual y moral de un adulto hacia el siguiente estadio de su vida que sorprende por su buen hacer y su profunda capacidad para sorprender. Cline aun necesita depurar su estilo o en todo caso, encontrar sus puntos débiles, pero “Daddy” demuestra que su impulso creador está intacto, en especial al momento de sostener un universo personal que funciona en varios niveles distintos.

Antkind de Charlie Kaufman

Antkind, el inclasificable libro debut del guionista Charlie Kaufman, tiene la singular misión de definir el estilo narrativo del autor y a la vez, plasmar ese apetito por la trangresión, la búsqueda de respuestas desde el cinismo y la mirada a la absurdo de lo cultural que le ha convertido en un favorito de buena parte del público. Por supuesto, no se trata de algo sencillo: Antkind tiene todo el apetito por la provocación de los mejores guiones de Kaufman (entre los que se cuenta Being John Malkovich y El Ladrón de Orquídeas) y a la vez, roza peligrosamente el estilo desenfadado y caustico de Woody Allen. Ambos comparten el gusto por la polémica y también, la de percibir a sus personajes como observadores fríos de una realidad incómoda. Pero mientras Allen logra construir una premisa en la que su sarcasmo es algo más que una búsqueda humorística de las fisuras de lo contemporáneo — algo muy evidente en el libro Cómo acabar de una vez por todas con la cultura — Kauffman convierte a Antkind en una disputa dialéctica con sus temas favoritos, que además condesa y elabora desde una concepción venial sobre la identidad. Al final, la novela es mucho más un escarceo con la polémica que algo más profundo — lo cual se llega a lamentar sobre todo en el tramo final — pero que aun conserva cierto encanto blasfemo, que por otro lado, Kaufman acentúa con toda su capacidad para la observación y la burla.

A Burning de Megha Majumdar

En su novela debut A Burning, la autora se hace preguntas inquietantes y la mayoría de las veces incómodas, sobre la posibilidad del uso de los datos en redes como una forma de amenaza perenne o mejor dicho, un reflejo retorcido de nuestra percepción sobre la seguridad y los espacios de protección que podemos encontrar en plataformas de uso corriente ¿Qué ocurre cuando la información sobre nuestra vida personal pueden utilizarse contra nosotros? Aunque no lo menciona de manera directa, Majumdar reflexiona sobre las situaciones que utilizan la web como una gigantesca base de datos que permite no solo conocer los hábitos de los usuarios, sino también cualquier detalle que facilite recopilar información sensible sobre su contexto. Una idea preocupante y sobre todo alarmante, si toma en cuenta que las estadísticas insisten que el 60% de la población mundial tiene acceso a Internet y utiliza las redes sociales. Un caldo de cultivo para la violencia.

The Glass Hotel de Emily St. John Mandel

La nueva novela de Emily St. John Mandel The Glass Hotel, se concentra en un escenario reposado, surreal y casi siniestro, en un aparente intento de alejarse de su novela Station Eleven (publicada en el 2014), en la que un virus mortal — cuya cepa mortal nació por la confluencia de la gripe común y la porcina — devasta al mundo hasta sus cimientos. Un libro semejante en la actualidad, no sólo es un recorrido por los temores colectivos, sino uno de los tantos ejemplos de la obsesión insistente de la literatura por metaforizar los terrores universales. En lugar de eso The Glass Hotel, es una especie de mirada minuciosa sobre la arrogancia, el miedo y el dolor contemporáneo, todo analizado desde la óptica de la posibilidad de lo incontrolable. Para la ocasión, Mandel traslada el paisaje lóbrego de su anterior novela a un lugar casi onírico, que abarca una mirada provocadora acerca de la manera en que concebimos lo que nos aterroriza y evade una explicación simple. Sin recurrir a lo sobrenatural, Mandel logra crear una atmósfera angustiosa que reflexiona sobre la naturaleza humana en más de una manera.

My Dark Vanessa de Kate Elizabeth Russell

El libro My Dark Vanessa de Kate Elizabeth Russell tiene una especial relevancia, en una época en que se debate el consentimiento de una manera muy pública y profunda. No sólo se trata de una mirada compleja y pertinente acerca del abuso sexual, sino además un filón por completo novedoso de un tema inquietante que la mayoría de las veces, tiene una relación directa e inevitable con los elementos más duros de nuestra mente. Russell tomó la arriesgada decisión de analizar el tema a partir del abuso infantil, lo que otorga a la historia una dimensión mucho más elaborada, que permite comprender desde sus aristas, las innumerables consecuencias que la agresión puede provocar en las víctimas. Más allá, la escritora reflexiona con pulso firme sobre la relación entre el consentimiento, la consciencia de la propia sexualidad y al final, la angustiosa percepción sobre el hecho del sexo como un límite misterioso de nuestros deseos y pulsiones. Russell asume la decisión de convertir su novela en un debate, pero también, en una manera de elucubrar de manera brillante sobre los dolores que esconde una percepción de la sexualidad atípica, por momentos cruel y en otros, conmovedora.

Real Life de Brandon Taylor.

Real Life plantea de forma poderosa y dura ese terreno desconocido de los primeros años de la adultez. Taylor intenta el arriesgado experimento de contar una historia que podría ser genérica a no ser por su forma de utilizar a su personaje como metáfora de un tipo de curiosa reflexión sobre condición escindida del hombre como víctima de su sufrimientos secretos. Se trata además, de un recorrido por los espacios dolorosos y temibles de la mente en mitad del crecimiento y la comprensión sobre la naturaleza de la vida más allá del hogar paterno. Ese auto descubrimiento a menudo azaroso, largo y complejo, es también una condición sobre la forma en que asumimos las transformaciones íntimas como parte del asombro por la vida como un fenómeno desligado de la experiencia filial. Taylor escoge la experiencia de Wallace en su primeros pasos por un campus Universitarios, para enfrentarse a la idea consciente y persistente sobre la independencia, la identidad y la búsqueda de los primeros grandes retos que sostienen la personalidad. Todo eso, bajo la disyuntiva si realmente la universidad es una experiencia real — en toda su extensión — o sólo una mirada levemente solapada de lo que hay más allá del resguardo de los salones de clases y los pizarrones.

Uncanny Valley de Anna Wiener.

El libro debut de Anna Wiener es una combinación es una crítica subjetiva y levemente moralizante sobre su experiencia como trabajadora de la industria tecnológica en el mítico Silicon Valley. Wiener, una graduada universitaria en literatura que abandonó el mundo editorial para entrar en el tecnológico, es también una narradora convencida del valor de mostrar lo que está ocurriendo detrás de las pantallas y el brillo sofisticado de plexiglás del Valle, origen quizás de toda una generación de empresas destinadas a cambiar el futuro. Por supuesto, también se trata de una biografía elegante sobre una mujer joven y ambiciosa en busca de un lugar en el mundo, pero eso es lo de menos en medio de un recorrido por una Norteamérica que atravesaba los resabidos de la recesión y en la que aún, ser joven y talentoso podía ser considerado un conjunto de ventajas apreciables en mitad de una mundo tan competitivo y feroz como el negocio tecnológico. Para bien o para mal, Wiener encarna la grieta entre algo más poderoso, audaz y más importante de lo que suponemos a la distancia y que se relaciona con la identidad colectiva de nuestro siglo, pero también, un tipo de evolución consistente sobre el concepto del éxito y el fracaso en medio de una sociedad canibal. Para la escritora, Unncany Valley es una confesión pero a la vez, un recorrido en ocasiones irregular por la historia de un país que se reconstruye con lentitud de sus heridas culturales más viejas.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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