El oscuro deseo y otros dolores existencialistas: ¿Por qué “Lolita” de Vladimir Nabokov sigue siendo una historia escandalosa, aún en la actualidad?

Lolita y lo perverso: una visión sobre el bien y el mal.

Leyendo a “Lolita”, puede comprenderse los problemas que tuvo su autor para conseguir publicarla en una sociedad rígida y puritana que de inmediato, se horrorizó por lo que leía. Es una historia escandalosa, eso no lo duda nadie, pero más allá de eso, “Lolita” tiene la cualidad de obligar al lector a un cuestionamiento casi involuntario, incluso doloroso. El autor siente un enorme respeto hacia las historias: lo que leemos es lo que pudo imaginar, el mundo que creó para que sus personajes lo habitaran, en su inocencia o crueldad. Pero no brinda una opinión ni tampoco hacer menos crudo el planteamiento. De hecho, es esa sordidez de lo intelectual — ese cuestionamiento duro y puro — lo que hace a la novela creíble, dura e incluso comprensible. El lector se convierte en un testigo involuntario — casi un cómplice silencioso — que debe aceptar, casi por las buenas, las motivaciones de ese Humbert Humbert, retorcido y tan humano. Es esa ausencia de señalamiento y opinión lo que hace tan abrumadora la experiencia de la narración, que no ofrece — ni jamás tiene intención de hacerlo — un juicio de valor, una censura, una moraleja. Claro está, una historia como la de Lolita necesita ser reprobable, que la odiemos un poco, que podamos señalar el pecado y lamentarnos de su existencia para hacerla soportable. Pero Nabokov se resiste a brindar esa última absolución: Lolita solo cuenta, no juzga, tampoco se mira así misma como una lección que se aprende, como una transgresión moral. Eso lo que irrita, preocupa quizá. Subyuga, sin duda. Pero el libro no puede evitar ser polémico y de hecho, tanto como para que el debate sobre viejos y nuevos tabúes se entremezclan entre sí para justificar la mera existencia del texto. Como si se tratara de una batalla de ideas a medio digerir sobre el sexo - lo prohibido y los temores que engendra — la novela continúa sostenida a medias por una percepción sobre el dolor y lo improbable que continúa siendo de difícil análisis. El debate se extiende en todas direcciones y puntos de vista, pero en esencia Humbert Humbert encarna la dualidad dolorosa y perpetúa del pecador. El periodista y crítico literario francés Bernard Pivot resumió el argumento casi con sencillez “Fuera de la mirada maníaca del señor Humbert no hay nínfula. Lolita, la nínfula, sólo existe a través de la obsesión que destruye a Humbert. Este es un aspecto esencial de un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa”.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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