El Necronomicón y otros grimorios ficticios de la literatura.

La magia siempre ha sido la gran explicación para lo desconocido en todas las épocas: desde la noción de los Dioses arquetípicos hasta la interminable discusión sobre lo sobrenatural, lo mágico e invisible forma parte de la forma en cómo comprendemos la naturaleza humana. Por supuesto, se trata de un instinto de conservación: nadie puede vivir en el vacío absoluto de la creencia. Incluso quienes se niegan a secularizar o dogmatizar la percepción sobre lo desconocido, se hacen las suficientes preguntas trascendentales como para construir una opinión al respecto. De modo que comprensión — o negación — sobre lo que somos desde la connotación existencialista, forma parte del pensamiento del ser humano.

Por tanto, no resulta insólito que todo escritor de género intente otorgar sentido al absurdo y al sin sentido, al crear no sólo una atmósfera en que lo terrorífico se emparenta con lo humano en más de una forma, sino que además, evolucione y tome una forma verídica. Algo que H.P Lovecraft sabía muy bien y que llevó a cabo con enorme efectividad durante su prolífica carrera como escritor, más bien corta si tomamos en consideración la profundidad y la complejidad del material que escribió. Lovecraft, ermitaño, pobre y poco apreciado en su época, elaboró algo más elocuente sobre el miedo y tocó registros que hasta entonces, poco escritores de terror se habían atrevido: con sus monstruos cósmicos y su indiferencia absoluta sobre las graves preguntas que atañen al ser humano de todas las épocas, las obras de Lovecraft tienen algo de primitivo, de esa conspiración sobre el individuo convertido en masa sin nombre. Los monstruos estelares de Lovecraft no tienen una intención creativa o destructiva, tampoco ofrecen una mirada sobre lo humano y lo divino. Son super presencias estelares y devastadoras, que emulan la inmensidad del Universo desconocido, del cosmos indiferente y del miedo convertido en algo más elaborado que el absurdo de la carencia de explicaciones sobre el origen del tiempo y de la vida. Una especie de “memoria de raza” que refleja nuestra versión de lo colectivo de una manera por completo nueva.

Por supuesto, para sostener una mitología semejante, Lovecraft creó toda una serie de elementos que sostenían sus relatos a través de un Universo propio que funciona casi a la perfección. Desde el origen de sus criaturas hasta los mitos que les rodean (expandidos y reelaborados con el correr de las épocas hasta extremos asombrosos), el escritor encontró que su percepción sobre lo monstruoso y lo temible tan original que demostró que el género tenía mucho que ofrecer. El escritor no sólo elaboró un meticuloso Universo plagado de referencias al ocultismo y todo tipo de creencias antiguas, sino que además lo dotó de la suficiente fuerza como para resultar creíble. Uno de sus experimentos literarios más perdurables y sin duda, el más interesante es el “Necronomicón”, supuesto grimorio que Lovecraft utiliza como piedra angular en algunas de sus obras más reconocidas y que de alguna u otra manera, simboliza un nuevo capítulo en la historia del género del terror. Para Lovecraft, “El Necronomicón” era algo más que un libro mencionado dentro de la mitología de su compleja historia de ficción, sino una forma de simbolizar la curiosidad del hombre por lo desconocido y lo terrorífico. En lo que sin duda es el resultado de una larga investigación, Lovecraft incorporó todo tipo de datos verídicos a sus mitos y elementos constitutivos de sus obras: desde John Dee hasta referencias a verdaderos grimorios como “La Clavícula de Salomón”, Lovecraft logró sostener la figura del libro mágico con la suficiente veracidad como para que la discusión sobre su existencia continúe siendo parte de la historia del escritor.

Pero además del “Necronomicón” existe una variada colección de todo tipo de libros míticos, creados por autores en sagas y Universos, que tienen el mismo peso de la obra de Lovecraft y prácticamente la misma función que la invención del escritor de Providence. La mayoría cumple con las mismas pautas y sobre todo, idéntica noción sobre la percepción de lo oculto como raíz de todo tipo de elucubraciones sobre el misterio, el terror y la fatalidad. De la misma manera que para Lovecraft, los libros ficticios representaron para un buen número de autores modernos, una herramienta infalible para dotar a sus historias y Universos de una profundidad consistente y creíble.

¿Y cuáles podrían ser los principales grimorios ficticios que pueblan la literatura de terror? Quizás los siguientes:

Los llamados “Misterios del Gusano” (en su traducción desde el latín) es un grimorio ficticio creado por escritor Robert Bloch, que le incluyó en su célebre obra “El vampiro Estelar” (The Shambler from the Stars, 1935) en el que se considera “fuente de todo conocimiento oscuro”. Posteriormente fue adoptado por Lovecraft en el cuento — continuación en espíritu del escrito por Bloch — “El que acecha en la oscuridad (The Haunter of the Dark, 1935), en el que además, el libro es bautizado directamente con su nombre latino. A diferencia del “Necronomicón”, las menciones de Lovecraft al libro creado por Bloch son muy escasas y bastante puntuales, lo suficientes como para crear la sensación de su existencia pero desde un punto de vista remoto e incluso, inclasificable. No obstante, el efecto es perdurable: en su cuento “Los Misterios del Gusano”, el escritor Stephen King hace un estupendo homenaje al libro y en su novela “Revival” del 2014, el autor utiliza a “De Vermis Mysteriis” como la fuente de conocimientos arcana más peligrosa del mundo.

Tanto este libro como su autor fueron inventados por el escritor norteamericano Robert E. Howard. Las historias de E. Howard tenían un fuerte componente antropológico y fueron publicadas principalmente en la revista Weird Tales entre el año 1927 y 1930. Descrito como un libro escrito a través de una “ensoñación mágica” la obra del ficticio Justin Geoffrey — según el autor, Geoffrey murió en un manicomio luego de escribirlo — forma parte también del Universo de Lovecraft, que le incluyó en “The Thing on the Doorstep”. No obstante, la mayor parte de la información sobre Justin Geoffrey puede encontrarse en “The Black Stone” de Robert E. Howard, en donde el autor brinda sentido y un contexto tanto al personaje como a su supuesta obra.

Inventado por Clark Ashton Smith, es uno de los libros prohibidos incluidos con más frecuencia en los Mitos de Cthulhu. Ashton Smith formó parte del Círculo de Lovecraft (Lovecraft Circle) y creó en libro en consonancia a la idea sobre una biblioteca multicultural y peligrosa que contuviera los “secretos del mundo conocido”. Según la propia mitología de los mitos, el libro de Eibon es casi imposible de rastrear, debido a su naturaleza “extravagante” y rituales incompletos. Supuestamente escrito por un hechicero de Hyperborea, el libro es un compendio que relata y describe rituales sobre la veneración de Zhothaqquah, una deidad abominable, y un conjunto de fórmulas mágicas que permiten acceder al Universo mayor creado por Lovecraft.

Vinculado directamente con el Necronomicón, “Cultes des Goules” y fue creado también por el escritor Robert Bloch. El apellido del autor es una variación del nombre de la August Derleth, cuyos antepasados ​​franceses se apellidaban d’Erlette y constituye un homenaje de Bloch a uno de los autores más insignes del género del terror.

El libro — descrito como un compendio de rituales — describe la forma de invocar y venerar a los Ghouls, vampiros necrófagos que se mencionan en cientos de tradiciones asiáticas y árabes. Los Ghouls — relacionados con genios malvados y todo tipo de criaturas diabólicas — se asumen como invisibles y entes que deambulan por zonas desérticas, lo que hace al libro el medio idóneo para su control. Lovecraft los incluye en su literatura y Universo, tanto en los cuentos “La sombra fuera del tiempo” (The Shadow Out Of Time) y “El morador de las tinieblas” (The Haunter of the Dark).

Otros de los volúmenes creados por Lovecraft para la mitología del Universo del escritor. En esta oportunidad, no hay demasiados detalles sobre el contenido del libro, a no ser la descripción vaga de una serie de manuscritos que contienen los secretos “de los durmientes más antiguos. De hecho, se insiste que el conjunto de textos fue escrito mucho antes de la llegada del hombre a la Tierra y describe los horrores de los “más antiguos” escondidos en “medio del tiempo”.

Resulta de enorme interés literario, analizar con cuidado las diferentes maneras en que los géneros pueden interactuar entre sí para crear una percepción mucho más profunda sobre lo narrado o en todo caso, sobre la visión del hombre y su conjunto. Tal vez por ese motivo, la línea entre lo ficticio y lo real se hace tan endeble al momento de analizar la mitología creada por los autores más destacados del género y sobre todo, sus implicaciones. Una mirada hacia el interés de nuestra mente por lo irracional, lo temible y lo fantástico.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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