El Dios de muchos Rostros y la Bruja Roja.

Recap del tercer capítulo de la temporada final de Game of Thrones (CON SPOILERS)

(Puedes leer el segundo aquí)

El ejército blanco ha llegado. Winterfell espera en silencio por lo que será la batalla más grande en la historia de Poniente. Para el tercer capítulo de la octava temporada de Game Of Thrones, el horror se cierne sobre el nombre y la muerte avanza en silencio en la oscuridad.

El silencio de la amenaza.

La línea defensiva de Winterfell espera mientras la amenaza blanca se funde en la noche. La cámara subjetiva atraviesa con lentitud cada lugar de las defensas del Norte. No las tienen todas consigo: Aunque los flancos están cubiertos, es muy evidente la fragilidad de un ejército que no sabe a qué se enfrenta ni tampoco, las tiene todas consigo. En medio de la noche abierta, desdibujada bajo el Invierno antinatural que se cierne en todas direcciones, se abre la posibilidad del miedo. Uno que en el silencio absoluto — apenas roto por instantes por los cascos de los caballos y el sonido de pasos — se hace torpe, espeso. El plan de Jon avanza: Bran y Theon caminan hacia el árbol Arciano y las avanzadillas se apostan en la oscuridad. La tensión es palpable, insoportable. Casi quemante.

Una figura atraviesa la noche. A la distancia resulta irreconocible, hasta que la ilumina la arco desigual de la luz del muro de Winterfell. Melisandre regresa de su exilio voluntario quizás en el momento más inesperado y oportuno. La bruja Roja se acerca al desconcertado Jorah, de pie junto al batallón Dothraki y permanece allí, mirando y dejándose ver. “¿Hablas su idioma?” pregunta en un susurro severo “Pídeles levanten sus armas”. Jorah Mormont obedece y es entonces cuando la hija del Dios de la Luz demuestra que detrás de su devoción extraña y retorcida, se esconde algo más poderoso. Todas las hachuelas del Khalasar se iluminan a la vez y a la distancia, la marejada de fuego rojo contrasta contra la oscuridad que se avecina. “No me tendrá que ejecutar Ser Davos” dice Melisandre cuando Davos se apresura a permitirle la entrada a las murallas del Norte. “Moriré esta noche”.

En la oscuridad:

Winterfell ataca primero. El Khalasar entero avanza en pelotón, en una confusión de gritos de furia que no reciben respuesta: el enemigo a vencer no responde al miedo, tampoco a la amenaza de los Dothraki en cabalgata mortal. El fuego de las catapultas cubre el cielo pero no ilumina lo que hay más allá de la línea de la penumbra. A la distancia, el río de fuego se abre camino en las tinieblas y ocurre lo impensable: El fuego parpadea, danza en medio de las tinieblas y de pronto, el silencio vuelve a llenarlo todo. Es entonces cuando resulta evidente que el Rey de la Noche ha creado una pared infranqueable, un horror inexpugnable que arrasó con las tropas en un silencio inquietante. Jorah regresa a galope tendido, con algunos caballos fugitivos. Pero el khalasar entero ha desaparecido en la noche.

Entonces el invierno llega. Una ráfaga antinatural y violenta que lo arrasa todo. “Los muertos están aquí” dice Daenerys cuando la última luz desaparece a la distancia. Arya, que aguarda junto a Sansa en el muro, le mira con su rostro imperturbable de asesina experta “Ve a las criptas” le susurra. “No abandonaré a mi pueblo”. “Usa la parte puntiaguda” le indica mientras le entrega un puñal de vidriagón. “No puedes hacer nada aquí”.

El horror a la distancia:

En las criptas, el terror es palpable. Sansa avanza con la dignidad herida, la sensación de traición en una tensión helada que la acompaña en todas partes. Cuando se deja caer junto a Tyrion, este le mira con simpatía. “No podemos estar en otro lugar” murmura ella, los labios tensos. Tyrion suspira, la bota entre las manos “Podría hacer algo, estando arriba. Lo hice en la batalla de aguas negras”. “No, no podrías” dice ella con una resignación adulta que le otorga el rostro de una mujer muy vieja. “Creo que ahora, el mayor acto de valentía, reside en afrontar la verdad”.

Llega la muerte:

La marejada de muerte comienza a avanzar. Un movimiento único, desordenado pero aún así imparable que Los Inmaculados y la primera ofensiva del Norte no pueden contener a pesar de sus esfuerzos. El ejército de la Muerte se muestra en todo su horror: cientos y cientos de filas de anónimos y furiosas criaturas avazan a través de la noche, en medio de la noche, entre gritos y gemidos. Nadie puede detenerlas. El avance es rápido e implacable: la primera línea de defensa cae y la retirada es inevitable. Y el Invierno, ese aliento que todo lo congela, arrasa con fuerza.

Daenerys y Jon montan a Drogon y a Rhaegal: el primer estallido de fuego consume a las líneas de muertos que avanzan, pero no es suficiente. El Invierno se eleva en espiral y se enrosca hacia el cielo: para la Reina de los dragones y Jon Snow, el intento desesperado de vencer al ejército de la noche se vuelve una confusión en medio de la nieve y la oscuridad. El fuego envuelve todo, explota, se elevan. Pero la fuerza del frío, de ese Invierno que todo lo cubre es incluso mucho más poderosa que el batir del alas del Dragón. Pronto, ambos se encuentran en medio de una batalla desigual contra la nada, mientras en Winterfell, la muerte reina.

Bran y los horrores silenciosos:

Junto al árbol Arciano, Bran aguarda. Hay una placidez espectral en su rostro, cuando Theon intenta explicar entre el miedo y la verguenza, una larga historia de errores y dolor. “Todo te ha traído hasta aquí” murmura. “Todo te ha traído a casa” Suspira, mira con seriedad a quién lo acompaña en la oscuridad “Ahora debo irme”.

Y el Cuervo de tres ojos vuela. Alto, por encima del Invierno. Y encuentra al Rey de la Noche, que remonta la oscuridad a Lomos de Viserion. Lo ve levantar las manos, ordenar a su ejército a la distancia y a la distancia, tomar las decisiones para destruir la resistencia de Winterfell, desprotegido y vencido por la tormenta y el asedio de la muerte.

Todos los rostros de la muerte:

La batalla se hace confusa y los vivos llevan las de perder. El fuego del dragón se consume con rapidez y Davos ordena encender las trincheras. “Están perdidos” grita enfrentándose a la ventisca, con dos antorchas en la mano, pero los dragones continúan perdidos en la oscuridad. “Hay que encender las trincheras” ordena, pero de nuevo, el Invierno está allí para batallar. El fuego se apaga nada más encenderlo y de nuevo es Melisandre, la que invoca el viejo poder para crear el prodigio. “Retrocedan” grita Jorah, que regresa con la espada en alto, en medio de la batalla campal. Mientras tanto, la batalla continúa y las bajas se sucede con una rapidez espeluznante: Sam está a punto de morir, cuando Edd lo evita, a costa de su propia vida. El Lord Comandante muere, con la vista fija en la oscuridad, el rostro aterrorizado en mitad de los gritos agónicos que le rodean. Los Inmaculados cierran filas y contienen como pueden al ejército de la muerte. mientras el horror se abre en todas direcciones y la vanguardia de Winterfell retrocede como puede. Hombre tras hombre, caen en medio de un enfrentamiento cada vez más desigual. La horda de los muertos son indetenibles y en la confusión, Jamie rescata a Brienne de la muerte una vez y luego, una segunda. “Abran las puertas” grita Lyanna Mormont y el coro se abre en medio de los que aguardan aterrorizados por lo que vendrá. Cuando le obedecen, los sobrevivientes entran en una multitud desordenada, imposible de contener.

El horror puertas adentro:

Las trincheras que arden no detienen a los muertos y la invasión se completa: ni los arqueros o los guerreros de mandoble son capaces de detener a los muertos que avanzan, incansables, las manos abiertas en la oscuridad. En la confusión, un gigante convertido al ejército blanco golpea con fuerza a Lady Lyanna, que cae vencida aunque todavía viva.

Arya de nuevo, demuestra que el entrenamiento en Braavos no sólo le mostró como asesinar, sino los pulcros movimientos de un luchador consumado. Logra abrirse paso entre las hordas de muerto que no dejan de llegar y enfrentarse al ejército de Winterfell y corre al interior del Castillo. En medio de la confusión, en dos oportunidades logra huir de la muerte, pero está tan cercana y es tan evidente, que incluso para la experta asesina, pupila de los hombres sin rostro, el miedo ha llegado. Corre aterrorizada, la mano apretada contra el puñal de vidriagón, en medio de la soledad terrible, abrumadora, de una muerte segura,

Los muertos están en todas partes y es evidente que el Norte está perdida o a punto de caer. En las criptas, los refugiados escuchan a la muerte ir y venir: Los gritos de auxilio se suceden unos a otros. Cada vez más fuertes, luego el silencio. El Perro se queda inmovilizado en medio del fuego — el peor de los recuerdos — hasta que Beric Dondarrion le señala Arya, que luego desaparece en la oscuridad de las murallas en donde la muerte está en todas partes. Pero pronto ocurre el reencuentro: El Perro y Beric logran salvar a Arya de una muerte segura. Beric resulta herido de gravedad, arrastrado por la vorágine de los muertos. Cuando finalmente El Perro y Arya consiguen llevarlo a un lugar seguro, ya hay poco que pueda hacerse por el hombre de las incontables vidas. Muere, bajo la mirada sorpresiva y atenda de Melisandre, que los observa desde la habitación vacía con rostro imperturbable: “Cumplió un propósito, tal y como lo dispuso el Señor de la Luz” dice en voz baja. Arya le mira con desconfianza. “Te conozco” dice Arya. “Y yo a ti” responde la Bruja Roja. El diálogo siguiente es un homenaje directo al primer encuentro entre ambas, hace tanto tiempo ya “Veo oscuridad en ti, y dentro de esa oscuridad unos ojos me regresan la mirada. Ojos marrones, ojos azules, ojos verdes. Ojos que tú apagarás para siempre. Nos encontraremos de nuevo”. Arya la observa en silencio, recordando “¿Qué se le dice al Dios de la Muerte” susurra después la Sacerdotisa, recordando al querido Syrio Forel, “No hoy” responde Arya — como antes lo hizo también — y corre a la noche de nuevo.

Batalla en el Cielo:

Daenerys y Jon batallan con el Invierno y de pronto, el mismísimo Rey de la Noche a lomos de Viserion. La batalla es confusa, en medio de ráfagas de viento y fuego azul que brotan de todas partes. A lomo de Rhaegal y medio de un enfrentamiento directo, Jon logra hacer caer al Rey de la Noche, que desploma en la Oscuridad. Daenerys va por él y es entonces cuando ocurre el mayor de los misterios: A lomos de Drogon, la Reina Dragón ordena fuego, pero el Rey de la Noche sobrevive en mitad del silencio. Su rostro imperturbable se vuelve hacia Daenerys. ¿Se trata de un Targaryen, el primero de la estirpe? Daenerys vuela en rápida huida, cuando el Rey de a Noche arroja otra de sus lanzas mortales. El brillo de hielo en el aire desaparece en la oscuridad.

En la noche, todos regresan:

Rhaegal está herido y Jon regresa a tierra en medio de un aparatoso aterrizaje. “¡Bran!” grita y Daenerys que intenta de nuevo proteger con fuego al Norte, le urge a cumplir parte del plan o quizás, el único viable “Ve por él” grita y Jon se interna en la batalla. Los muertos están en todas partes y las bajas del Norte ya son incontables. Lady Lyanna Mormont batalla por su vida y tiene una muerte heroica al clavar el vidriagón en el ojo del gigante reanimado que está a punto de devorarla. Por todos lados, la muerte cunde y la batalla se hace desigual, la huida es inevitable, el Invierno de la muerte implacable.

Jon persigue al Rey de los Muertos, que se detiene al escucharle. Y entonces, con las manos en alto, invoca la mano macabra y retorcida que le permitirá quizás vencer: Cada asesinado en Winterfell abre los ojos y resulta un espectáculo aterrador. Lady Lyanna, Nedd, los Dothraki, ejército Inmaculado. El triunfo es evidente y la muerte, tan cercana como las ráfagas del Invierno en todas partes.

Daenerys continúa tratando de batallar entre el fuego de Drogon, pero los muertos se arrojan sobre el dragón, que escapa y deja caer a Daenerys al suelo. Jorah aparece de inmediato y en medio de sus heridas — ya ha sufrido tantas que apenas puede mantenerse en pie — lucha por proteger a su Reina. Pero los muertos llegan de todas partes, el caos rompe las filas. En medio de la oscuridad y el caos, cae la última esperanza.

En las Criptas, el horror llega de la manera menos esperada: los cadáveres reanimados de generaciones de Stark despiertan y avanzan en mitad de gritos y gemidos. El pánico cunde y ya no hay lugar seguro. Sansa y Tyrion se toman de las manos: Una última capitulación ante la muerte, en medio del horror definitivo que se avecina.

La muerte de todas las muertes: al final.

Jon batalla con Viserion, que no le permite avanzar hacia Bran. El Rey de la noche tiene el camino despejado en la oscuridad. Avanza, rodeado de sus lugartenientes, con la parsimoniosa calma del triunfador. Bran, una vez de regreso del trance, le mira con callada atención, con Theon que le ha defendido hasta el límite de sus fuerzas. “Eres un buen hombre” dice en voz monocorde “Un hombre valiente. Gracias” Y Theon comprende que el momento del renacimiento, del honor recuperado ha llegado. Corre armado apenas con una lanza y muere, con una única estocada del Rey de la Muerte, que le observa impasible morir a sus pies. Camina entonces sin obstáculos hacia Bran sentado en la silla, que le contempla sin miedo, sin reverencias. Quizás con curiosidad. El Rey de la Noche extiende la mano y toma la espada. La muerte está a punto de llegar.

Pero es Arya la que llega, en un salto certero, violento y audaz. Aún así, el Rey de la Muerte logra detenerla, pero la asesina de Braavos, que conoce todos los rostros de la muerte, le clava la daga de acero Valyrio en el corazón. Lo que viene después es la consumación de la muerte: El Rey de la Noche estalla en trozos de hielo y todos los muertos, caen al suelo, convertidos en cenizas.

El triunfo llega, en mitad de la muerte, inesperado y definitivo. Jon ve caer a Viserion y todo Winterfell se llena de los restos humeantes de los muertos. Pero la muerte sigue allí: Daenerys llora sobre el pecho de Jorah, muerto por defenderla, mientras Jon recupera el aliento, en medio de los cadáveres del ejército blanco y los que han muerto para detenerles.

El silencio de un triunfo amargo llega y en la última escena, Melisandre hace las paces con el mundo, con el poder y su última misión. El collar en el suelo se convierte en una baratija inservible mientras ella envejece ante los ojos desconcertados de Davos y muere con la primera luz del Sol.

La batalla de Winterfell acabó, y los muertos reposan bajo la luz gris de la mañana.

Luego, el Rey Nocturno finalmente llega a Godswood en Winterfell e intenta tomar su posición final sobre Bran Stark, pero Theon Greyjoy intenta mantenerse en pie. Si bien hace un esfuerzo valiente para proteger al Cuervo de tres ojos, solo él no es lo suficientemente fuerte como para resistir a los Caminantes Blancos. El Rey Nocturno rápidamente hace el trabajo del Nacido de Hierro, a pesar de su valiente esfuerzo.
Pero es suficiente para ganarle tiempo a los héroes, excepto a Daenerys Targaryen que se encuentra en medio de la batalla. Ella está protegida por Jorah Mormont, quien termina sucumbiendo a sus heridas mientras intenta proteger a su reina.
La muerte más grande del episodio se produce cuando el Rey Nocturno asesina a Theon e intenta matar a Bran Stark. Pero su hermana Arya, saliendo de la nada y guiada por una profecía dada por Melisandre, logra matar al Rey Nocturno con un movimiento directo hacia Star Wars: The Last Jedi. Arya Stark termina efectivamente la Noche Larga, y ha consolidado su condición de MVP de Game of Thrones.
Y finalmente, cuando los héroes logran vencer una victoria contra todo pronóstico, Melisandre aparentemente revela que ha cumplido su propósito. La anciana se quita su collar místico y camina hacia el campo abierto donde, aparentemente, se derrumba, dando por finalizado el episodio épico.
Veremos dónde se recogen las piezas la próxima semana, ya que la temporada final de Juego de tronos continúa en HBO TV.

En una escena que hace recordar cuando Éowyn mata al aparentemente invencible Señor de los Nazgûl en El señor de los anillos — el ente asegura que ningún hombre lo puede matar — , Arya despacha al Rey de la Noche con una frase épica que aprendió hace tantísimos años: “¿Qué le decimos al Dios de la muerte? Hoy no”. Es un momento verdaderamente impresionante, pero que también se siente artificioso.

Es cierto que para Martin y para la adaptación siempre han sido peores los villanos humanos, las bajezas en las que podemos caer en la lucha de poder. Y por ello parece apropiado que los siguientes episodios realmente se enfoquen solo en eso. Pero aún así, matar tan de inmediato a la que ha sido la amenaza más presente en toda la serie se siente algo apresurado.

Detalles sin estandarte
• Como en los dos episodios pasados, hubo toda una serie de momentos evocadores de la primera temporada, pero debo admitir que mi favorito fue el intercambio entre Arya y Sansa, que recuerdan aquel que Arya tuvo hace tanto tiempo con Jon: ¿qué hacer con un arma? “Atácalos con la parte puntiaguda”.

• El episodio fue dirigido por Miguel Sapochnik, el mismo que se encargó de otras batallas épicas como la de los Bastardos y una de las mejores en la serie, “Hardhome”, justamente el primer gran enfrentamiento contra Caminantes Blancos. En entrevistas, ha dicho que el rodaje tomó once semanas pero que él trabajó en el episodio “durante siete meses y medio, más tiempo del que tardan en realizarse muchas grandes películas”. Su trabajo fue notable, particularmente para mantener los momentos de silencio sin que se sienta que por ello hay una pausa completa en el combate. Sapochnik regresará para el quinto y penúltimo episodio.

• Y un aplauso, una vez más, para Ramin Djawadi: su composición musical fue inigualable, sobre todo en los momentos de tensión al inicio antes de que lleguen las oleadas de zombis y al final, con los toques de teclas y cuerdas similares a las de “Light of the Seven”.

• Rincón lector: hablemos de la inmunidad al fuego. “El fuego no puede quemar a un dragón”, dijo alguna vez Daenerys en referencia a los “verdaderos” Targaryen, después de la muerte de su hermano, cuando le vertieron oro en la cabeza. La serie parece sugerir que el hecho de que el Rey de la Noche primero sobreviva el fuego de dragón lo hace de la misma estirpe.

Lo comprueban varios personajes en los libros, como el Rey Loco — parte de su idea de quemar vivos a todos era porque parecía creer que él sobreviviría al fuego valyrio — y la tragedia de Refugio Estival, o Summerhall. Ahí se dice en los libros que Aegon “Egg” Targaryen — suegro de Jenny de Piedrasviejas, el personaje detrás de la evocadora canción que fue adaptada para el segundo episodio — intentó experimentar con hacer que eclosionaran huevos de dragón y terminó incendiando todo el sitio, junto con casi todos los demás presentes en el sitio (a excepción del bebé que nace durante la tragedia: Rhaegar, después esposo de Lyanna Stark y padre de Jon).

Dolorous Edd

Lyanna Mormont

Beric Dondarrion

Theon Greyjoy

Ser Jorah Mormont

Melisandre

THE NIGHT KING

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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