El día del Dragón.

Recap del quinto capítulo de la temporada final de Game of Thrones (CON SPOILERS)

(Puedes leer el cuarto aquí)

En Westeros, el tiempo transcurre de manera circular y el penúltimo capítulo de “Game of Thrones” lo deja claro: Daenerys recorre el mismo camino que su padre y lo hace desde la soledad, la rabia y el dolor. Paso a paso, la Reina Dragón revive el recorrido de su padre hacia la locura y también, la noción sobre el poder convertido en cárcel. Desde la Reina asediada en la Fortaleza Roja hasta el desenlace inevitable, el camino torcido del héroe fallido llega al punto de no retorno. El día final llegó a King’ Landing: las Reina Dragón y la Reina de la Torre Roja se enfrentan en una guerra sin cuartel, sin sentido y sin verdadero objetivo. Cersei subestima a su enemiga y Daenerys ya no tiene nada que perder. Se avecina la tragedia y también, el silencio definitivo.

El luto real:

Varys escribe y reescribe su futuro en un trozo de papel. En una carta sin destinatario que jamás llegará a enviar, se lee “Es el verdadero heredero”. Para la araña, el gran sobreviviente de numerosas cabezas coronadas, la decisión es obvia, pero además, es inevitable. Daenerys lleva el luto en un peligroso silencio y para el consejero, es evidente — y latente — la amenaza. Escribe y reescribe el futuro. Escribe y reescribe las posibilidades. Pero esta vez, Varys calcula el golpe de efecto y subestima su fuerza. La última palabra del trayecto se escribe para el consejero que conoció de cerca el poder junto al trono gracias a Aerys II Targaryen, Robert Baratheon, Joffrey Baratheon y Tommen Baratheon. “Cuando nace un Targaryen, el mundo contiene el aliento” dice Varys y es esa sentencia, la que quizás marcará su destino a no tardar.

Jon, en medio de la tormenta:

Jon arriba a DragonStone y es recibido por Varys. “No abandona sus aposentos, come o duerme desde hace días” le informa sobre Daenerys, pero en realidad, la prioridad para La Araña es otra. La conversación entre ambos es tensa, directa y sin ambages, “No lo deseo” dice Jon, aturdido por la certeza que su secreto pertenece a todos los que rodean a Daenerys y que el peso de la revelación pesa sobre sus hombros. “Serías un buen Rey, un hombre bondadoso” insiste Varys, el rostro tenso por la certeza. Pero Jon de nuevo, retrocede un paso. “Es mi Reina” dice y la sentencia tajante termina la conversación y quizás, la única oportunidad de sobrevivir de King’s Landing.

El León de corazón de hierro.

Daenerys contempla el Reino heredado por sus antepasados, silenciosa y tensa. Para la Reina Dragón, el dolor se convierte en otra cosa, remueve la amargura y finalmente, llega a un límite entre el poder y la furia difícil de comprender. Tyrion lo sabe o al menos, de todos quienes le rodean, es el que mejor conoce a su Reina. “Ha sido Jon” dice ella cuando la Mano intenta explicar la duda, la traición en puertas. “Ha sido él quién se lo ha dicho a Sansa, quien te lo dijo a ti. Tu se lo has dicho a Varys” La mujer de sobrecogedora tristeza, furia y dolor que se vuelve para mirarlo está muy lejos de la mujer que en Meereen colgó la mano de plata en la pechera del traje de Tyrion. “Ya no importa los sueños de un mundo mejor ¿verdad?” dice Tyrion. “No” le responde Daenerys con sobrecogedora frialdad. Y el más joven de los Lannister lo sabe. Lo intuye con la claridad que le lleva — ¿por miedo? ¿Por una sobrecogedora y retorcida lealtad? — a confesar la traición de Varys. Daenerys vuelve a contemplar la distancia, el rostro demudado. La decisión tomada.

La red rota:

Varys mira a la oscuridad y escucha los pasos que se avecina. Con lentitud, se despoja de los símbolos de poder. La muerte está muy cerca, es muy real. Cuando al final, Gusano Gris abre la puerta, la mirada es de comprensión y quizás, un poco de decepción. Para el Consejero el camino ha sido largo y tortuoso, doloroso en sus aristas y al final, tan vacío como simple. Camina en la oscuridad junto a la comitiva que le acompaña al lugar en que le espera Daenerys junto a Jon y Tyrion. “He sido yo” murmura La Mano de la Reina y Varys lo acepta, casi de buena gana. La batalla está perdida y el trayecto se hace más oscuro. “Espero estar equivocado y que esta ejecución sea justa” murmura, antes que el fuego del dragón llene el mundo entero.

Todo lo que queda:

Daenerys y Gusano Gris comparten duelo, dolor y deseos de venganza. “Esto es todo lo que traía” dice extendiendo la banda de cuero que llevó Missandei como único equipaje desde más allá del mar. Hay una declaración silenciosa en la herencia triste, rota. Y Gusano Gris lo sabe: arroja la pieza al fuego, en la que se quema con rapidez lóbrega. Un eco del “Dracarys” que pronunció la traductora antes de morir.

Tyrion, en medio del fuego silencioso:

“Por favor, espere las campanas” suplica Tyrion en el salón del Trono. Daenerys vuelve a llevar las trenzas del poder Dothraki y otra vez, parece llena de ímpetu y propósito. “Si la ciudad se rinde, tocarán las campanas. No ataque si las escucha” Daenerys lo mira, enfurecida, el rostro cada vez más pálido pero al final accede. “Si me falla de nuevo, será la última” le recuerda. Tyrion asiente pero la Reina Dragón vuelve a hablar. “Hemos atrapado a Jaime Lannister cuando intentaba cruzar a la ciudad” le informa. Tyrion se detiene, tomado por sorpresa, desconcertado, aterrorizado. “Ya ve, como jamás la abandonó” La puerta que se cierra es también, la última conversación entre la Mano y su Reina.

Desde lo alto:

Cersei mira a la multitud que fluye sin cesar por las puertas del castillo. La Reina de la Fortaleza Roja, contempla todo la distancia con un sombrío placer. La escena está dispuesta y está convencida, que en esta ocasión, será el enfrentamiento definitivo. La arrogancia Lannister y quizás ese, es su mayor error.

Fuego y Hielo:

Daenerys recibe a Jon, pero la Reina Dragón tiene mucho que decir antes las disculpas torpes del hombre que ama. “¿Crees que Sansa se lo ha dicho sin saber las consecuencias? Se lo has dicho, aunque te supliqué no hacerlo”. Un beso y después el silencio. “Muchos en Poniente te aman más a ti que a mí” dice entonces Daenerys y queda claro que la tragedia inevitable es real. No hay redención posible para un amor que se enfrenta al poder. La Reina Dragón se aleja, contempla a su amante y el último miembro de su familia. “Será con miedo, entonces” murmura, como una sentencia aciaga.

Los hijos pródigos:

Sandor y Arya llegan a las puertas de King’s Landing entre la multitud que intenta escapar de la batalla inminente y a la vez, corre despavorida para guarecerse de sus posibles consecuencias. Pero ambos caminan con decisión hacia el Centro del horror, en medio de la tensión que se adivina cada vez más espesa. La batalla está cerca, el enemigo aguarda detrás de la muralla. En la Torre Roja, Cersei espera.

Tyrion y la voluntad de vivir.

Para Tyrion todo se resume a decisiones contra el poder, en medio del desastre. Por ese motivo, libera a Jaime, atrapado y a la espera de juicio. La conversación a continuación es la última que sostendrán los hermanos y deja claro, que un Lannister siempre será un Lannister. “Huye, búscala, vayan a una nueva vida” insiste Tyrion mientras sella su más que probable muerte. La traición es inevitable, pero también, el amor entre los hermanos. “Eres el único que jamás me trató como un monstruo” dice y cuando Jaime le abraza, el tiempo parece detenerse. “Tal vez, ella me perdone si evitas la Guerra” dice apesadumbrado. Jaime parece de nuevo, aturdido y envenenado por el amor que le une a Cersei. “No es imposible que ella gane”. “Lo es, defendí la ciudad y sé que esta vez, todos morirán” Y con la certeza de lo irremediable, Jaime parte y Tyrion le mira. La última puerta acaba de cerrarse.

El final en fuego:

Las posiciones están tomadas y Cersei de nuevo, deja claro que jamás se rendirá. “La Torre Roja jamás ha caído” dice y quizás, es el error que desencadenará todo lo que ocurre a continuación. Porque la Reina de la Torre Roja desde su balcón, es incapaz de comprender la magnitud de lo que ocurrirá y sobre todo, de lo que le espera a no tardar. Pero por ahora, Cersei sólo observa. Implacable, fría. Y sin sospechar la forma que tomará la muerte a su alrededor. Más abajo, las puertas se cierran ante buena parte de la población de King’s Landing y también de Jaime, que finalmente libre debe retroceder.

Euron y el mar ardiente:

Euron espera por la llegada de Daenerys, pero erró en el cálculo de la potencia del dolor, la amargura y también, la determinación de la Reina Dragón. Para cuando intenta comprender lo que se avecina, es tarde: Daenerys a lomos de Drogon, no sólo aprendió de sus errores, sino que perdió el miedo y sin duda, cualquier precaución. El ataque es directo y devastador: la flota de barcos cae al primer asedio y esta vez, las flechas son incapaces de vencer al fuego que les arrasa hasta los cimientos. Para el hijo de las Islas de Hierro la historia y el posible ataque defensivo, culmina muy pronto.

La noche de ceniza:

Pero para Daenerys un único ataque no es suficiente. Y tampoco, la medida de la devastación en puertas: La compañía dorada no tiene ninguna oportunidad frente al fuego del Dragón que arrasa de un lugar a otro. Tampoco las murallas de la ciudad que caen de inmediato frente al estallido naranja. Cuando el ejército del Norte, los Dothraki e Inmaculados entran a la ciudad, el triunfo de la Reina Dragón es evidente. El fuego brota, se eleva. Se abre en espiral. Y Aunque Cersei se resiste — evade, se enfurece — la realidad es una sola: Ninguno de los soldados de la ciudad la defenderán. Aterrorizados por el fuego del dragón arrojan las armas y un clamor se extiende por la ciudad. “Toquen las campanas”. “Toquen las campanas” grita la multitud que corre enardecida y aterrorizada. Ahora la marejada crece por minutos, golpea, grita. Los chillidos se escuchan en todas partes. “Toquen las campanas” repite la ciudad aterrorizada. Daenerys espera, a lomos de Drogon. La ciudad entera aguarda, en medio de un miedo ancestral. Y finalmente las campanas suenan. La rendición es completa. Lo sabe el ejército en las calles, los hombres y mujeres que corren aterrorizados, Jon que aguarda en tensión. Las campanas suenan…y Daenerys toma la decisión de ignorarlas, torciendo su historias y las de King’s Landing para siempre.

El fuego del Dragón:

Daenerys es hija de Aerys II Targaryen y no queda duda cuando llevada por el odio, la sed de venganza y sin duda la locura, destruye calle a calle la ciudad entera. El fuego crece, estalla en todas partes. El odio también. Gusano Gris levanta el arma y arremete contra los vencidos y una orgía de sangre se desata a su alrededor. Y mientras Daenerys vuela de un lado a otro, quemando y destrozando todo a su paso, la ciudad entera se desploma en medio de la lluvia de cenizas. La visión del cuervo de tres ojos se hace realidad: el Dragón vuela y destroza el símbolo de poder con minuciosa violencia. El fuego Valyrio explota aquí y allá, mientras el horror cunde de un lado a otro. La marejada de fuego naranja y verde, lo llena todo, lo devasta todos. Y Daenerys no se sacia, no encuentra satisfacción. Una y otra vez vuela, el fuego inflamando todo.

Entonces Daenerys enfila hacia la Torre Roja y la repasa con furia. Círculo a círculo de horror, destroza el símbolo de poder de Westeros. Jon mira lo que ocurre desde el terror y una desesperanza tan patente que es evidente que las palabras de Varys — quizás las últimas — resuenan en su memoria. Davos observa, contempla, asiste al desastre final. Tyrion comprende que todo está perdido: la posibilidad de cualquier redención se esfuma en cenizas. Y Daenerys continúa, sigue en batalla sin cuartel. El odio es fuego y lo consume todo.

El fin del dolor:

Jaime logra encontrar un lugar para regresar al interior de la ciudad, pero allí le espera Euron. “Matareyes” se burla el hijo de las Islas de Hierro “Cortaré tu cabeza y se la llevaré a Cersei”. La provocación es grotesca, sucia y al final, su sentencia de muerte. “Me follé a la Reina ¿qué otra cosa puedo pedir?” la Batalla entre ambos es desigual: Jaime lucha con torpeza y de inmediato es herido de muerte. Euron arremete, lucha, casi vence, pero al final, sucumbe bajo la espada Lannister. “No importa, seré quien mató a Jaime Lannister” dice mientras agoniza y Jaime se aleja de él.

El último adiós:

Sandor y Arya logran llegar al interior de la Fortaleza Roja. “Mataré a Cersei” murmura decidida. Pero esta vez, Sandor tiene algo que decir. “Ya la muerte está aquí. La matará un Dothraki o se la comerá el dragón. ¿Quieres ser como yo?” le grita y algo se rompe en la asesina más audaz e implacable de Westeros. Algo tan íntimo que por primera vez la hace retroceder. “Sandor” le llama Arya y por primera vez pronuncia su nombre en la serie. “Gracias” añade, cuando ambos se despiden. La convicción de la muerte más evidente que nunca. Los antiguos enemigos comparten una última mirada antes del fin.

Dos rostros de la muerte:

Cersei finalmente comprendió que no puede vencer y a duras penas, accede a abandonar la torre, junto a Qyburn y Gregor Clegane. El fuego de Dragón sigue explotando, naciendo en todos los lugares, verde y naranja, destrozando todo a su paso. La Torre entera colapsa y mientras la pequeña comitiva de la Reina huye, es más evidente que nunca que la muerte está muy cerca. Gregor salva de nuevo la vida a la Reina, pero al pie de la escalera — la interminable y temible, devastada por el fuego del dragón — le espera su historia. Sandor le llama por su nombre y es quizás, el momento de la ruptura total. Gregor avanza y no obedece órdenes: cuando Qyburn le intenta detener, el gigante tenebroso le mata en un acto de justicia tardía. Cersei escapa pero Gregor solo tiene ojos para el hombre que le espera.

La lucha es desigual y violenta. Gregor se mueve como una ola putrefacta e inamovible: Sandor le despoja del casco y a la luz aciaga del fuego, el rostro del horror se descubre finalmente. La palidez espectral de Gregor descubre la muerte, los horrores inconfensables, al monstruo en su interior. “Ese eres tu, siempre lo has sido” murmura enfurecido Sandor mientras la pelea se hace cada vez más violenta.

Los ojos del horror:

King’s Landing entero sucumbe al fuego del dragón y la violencia. Y Arya, la héroe del Norte, corre entre las calles, aterrorizada y vencida. Corre, mientras el fuego estalla en todas partes. Mientras el dragón vuela sobre su cabeza y el fuego se eleva otra vez en una espiral asesina. Corre, huye, intenta ayudar. Pero la tragedia descomunal a su alrededor lo devasta toda, la devasta en mitad de una cruenta toma de conciencia. Mira hacia el cielo y el dragón pasa otra vez. El fuego en todas partes. El último horror que se avecina.

Requiem para el miedo:

Los Clegane continúan en su batalla y Sandor lleva las de perder. El monstruo en el que Gregor se ha convertido lleva las de ganar y al final, es evidente que será el vencedor de una pelea desigual. La batalla continúa entre el dolor y el horror: Cuando Gregor apoya los pulgares sobre los párpados de Sandor parece ser el final. Pero Sandor reacciona y clava un cuchillo en la cabeza del monstruo que fue su hermano. Pero ni aún así, logra matarlo. Entonces, la decisión es inevitable y cuando Sandor se arroja contra el hermano, el fuego del Dragón toma la decisión por ambos.

El fin del veneno:

Cersei corre sola en medio del castillo en llamas. Corre por su vida, el empecinado instinto de la sobreviviente que siempre ha sido. Pero al final, las fuerzas le fallan. Y allí está Jaime, para confortarla. Herido, destrozado, roto, ha venido a morir junto a ella. “Estás sangrando” murmura. “No importa” murmura “Nada importa” y ambos huyen, escapan, cierran puertas. La muerte les acecha.

Los ojos del horror:

Arya despierta entre cenizas. Ha caído en mitad de la devastación y ahora vuelve a recuperar la iniciativa. Corre, entre las víctimas, entre las cenizas. Corre y es los ojos del horror, la testigo de una catástrofe inimaginable, atroz. Corre y trata de ayudar, de obligar a quienes le rodean a sobrevivir. Pero el Dragón regresa. El dragón de nuevo es el rostro del horror. El fuego lo llena todo. El fuego está en todas partes. El fuego es la puerta hacía la destrucción definitiva.

El final del camino:

Jaime lleva a Cersei hacia la criptas del castillo. Sigue la misma ruta que siguió para entrar pero al llegar, la última entrada está cerrada. La historia de ambos Lannister, un amor duro, venenoso y retorcido llega a su final. “No quiero morir” murmura Cersei, aterrorizada por fin. Al límite de sus fuerzas. “No así. No quiero que nuestro bebé muera” “Ya nada importa” repite Jaime y le abraza. Y mientras la ceniza y el horror se acercan, ambos comparten un último silencio, la devastación absoluta, la mirada final al abismo. Juntos vinieron al mundos, juntos parten de él.

Escapar de la muerte:

Arya camina entre cenizas. La última sobreviviente de una conflagración brutal. Camina y de pronto, la mujer poderosa y determinada en su interior, la empuja hacia la libertad. Un caballo perdido, sobreviviente como ella misma, la espera. Y es la huída entre las cenizas, lo que cierra una tragedia monumental.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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