De la rebeldía al espíritu creativo: Patti Smith, para siempre.

Un espíritu indómito por necesidad.

El disco “Horses” de Patti Smith comenzó a venderse a finales del año 1975 y quizás se trató de un momento propicio: llegó para cambiar cómo se comprendía la música pop en esencia radical y transformadora. El álbum condensó no sólo todo lo que hasta entonces se había creado dentro de cierto mundillo privado — sonidos experimentales y una renovación esencial de género de mano de una nueva generación de artistas contestatarios — sino que además, supo reflejar la transición de lo que hasta entonces había sido el ambiente musical norteamericano en algo más sustancioso. El rock & roll se había aburguesado — o esa era la idea general sobre el tema — y perdido esa métrica de rebeldía inclasificable. Todo bajo el ojo público y analizado con un pesimismo que no era otra cosa que fruto evidente del idealismo de la frenética década anterior. Pero además de todo eso, el disco estaba firmado por una mujer y una además, que estaba decidida a cambiar desde la imagen hasta la propuesta de lo que el rock podía ser. Y con ese único golpe de efecto, Patti Smith entró a la historia de la música y también, la de las artes al enfrentarse con las manos abiertas al estigma de la expectativa.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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