De la creación como acto de rebeldía: Una aproximación a la obra de Julia Margaret Cameron.

La imagen elusiva: Un recorrido por el arte inmediato.

Julia Margaret Cameron era hija de un aristócrata francés y pasó buena parte de su niñez y adolescencia viajando a través de Asia y Europa, quizás por ese motivo su compleja noción sobre el arte como expresión cultural. Nació en Ceilán (actual Sri Lanka) y aunque se educó en Francia — su padre deseaba que sus siete hijos fueran ciudadanos franceses a pleno derecho — Julia continuó su personal travesía alrededor del continente apenas culminó la educación básica: en 1834 viajó a la India — “El lugar más fascinante del mundo” solía insistir — y después viajó a Sudáfrica, travesía en la que conoció al que sería su marido. Como en otras tantas ocasiones en su vida, Julia tomó la decisión de contraer matrimonio “en medio de un apasionamiento inocultable” y a pesar de la oposición familiar. Con todo, Charles Hay Cameron — que tenía veinte años más que Julia — resultó ser el contraparte ideal para el espíritu aventurero y osado de su flamante esposa. Ambos se convirtieron en centro de la vida cultural y social de la sociedad colonial en Calcuta — en donde se radicaron por más de quince años — y luego, retornaron a sus plantaciones en Europa. En más de una ocasión, Julia reconocería que el triunfo de sus aspiraciones artísticas tenía una estrecha relación con la fe y la pasión de su marido por el arte. Una combinación que les permitió a ambos comprender la recién descubierta fotografía como algo más que una curiosidad científica. “Tanto Charles como yo sabíamos que habíamos encontrado algo extraordinario para comprender el mundo” dijo en una ocasión Julia.

El espíritu férreo de una visión artística:

Cameron sostuvo una larga y prolífica correspondencia con su primer benefactor Henry Cole, con quien compartió sus profundas aspiraciones artísticas, ambiciones comerciales y sus muy firme convicción que la fotografía era más duradero — y poderoso — que la estricta visión que se tenía sobre la fotografía en su época. Eso a pesar de rechazo que sufrió y que por algunos años, convirtió su obra en una curiosidad sin demasiada importancia para la comunidad fotográfica victoriana. El rechazo por su visión sobre la imagen inmediata llegó a ser tan férreo, que incluso la Sociedad Fotográfica de Londres publicó en su Photographic Journal un duro artículo en el que se le criticaba casi con crueldad: “Nos disculpamos por condenar el trabajo de una mujer, pero estaríamos cometiendo una injusticia si dejásemos pasar sus fotografías como ejemplo de buen arte o de perfección”. Cameron no sólo las ignoró sino que escribió a Henry Cole una larga carta de agradecimiento por su apoyo en mitad de la contienda conceptual y analítica que protagonizaba.
“Mi aspiración es ennoblecer la fotografía y garantizar que se la tenga por un arte con mayúsculas capaz de combinar lo ideal y lo real sin sacrificar la verdad y desde la más completa devoción hacia la poesía y la belleza” escribió en plena polémica. “De no haber sido capaz de valorar la crítica en su justa medida me habría desanimado mucho. Era demasiado implacable y manifiestamente injusta como para tenerla en cuenta. El enorme espacio que me fue concedido en sus paredes por los jueces, indulgentes a la vez que exigentes, parecía invitar a la ironía y el esplín de la noticia impresa” explicó a Cole, que inspirado por su espíritu férreo y sobre todo, profundo amor por el arte fotográfico, la convirtió en la primera artista residente del South Kensington Museum. El tiempo no sólo pondría las cosas en su lugar y convertiría a Cameron en una de las pioneras de la historia de la fotografía sino que además, corroboraría su visión del artes como una puesta en escena emocional. “Nada es más provechoso y poderoso que creer que el arte puede curar, elaborar nuevas ideas y sobre todo, mostrar la belleza oculta de una manera más clara que cualquier otro arte” diría a Cole en una de las últimas cartas que le envío a propósito de su quinta retrospectiva. Dos años después moriría, aún fotografiando. Todavía convencida de hablar a través de las imágenes con un lenguaje secreto y misterioso que le sobreviviría. Una autenticidad y fortaleza de espíritu que aún es perceptible y notorio en sus fotografías.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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