Crónicas oscuras:

Lo que se esconde en las sombras infantiles (Parte I)

La fragilidad triste de un ídolo.

James Matthew Barrie nació en 1860 en la ciudad escocesa de Kirriemuir, en un hogar de artesanos, que había sido golpeado por la tragedia en siete años antes, cuando David, el hermano mayor de James, murió fruto de un violento accidente de patinaje. El luto no sólo llevó a los padres a sobreproteger a los hijos sobrevivientes, sino a James a vivir bajo la sombra del hermano muerto, de quien se hablaba en términos idealizados y asombrosos. De hecho, una buena cantidad de teorías insisten que Peter Pan (ese rebelde radiante y salvaje), es en parte la forma en que el pequeñísimo James imaginó al ausente David. Un tótem de bienestar en medio de un hogar signado por la tristeza.

Un mundo misterioso sin edad.

El autor comenzó en el mundo de la literatura con pequeñas obras de teatro y con una inocencia que aun resulta desconcertante, creó poco a poco un universo basado en la cualidad de la belleza de la infancia. No obstante, sus primeras novelas estaban inspiradas en su natal Kirriemuir. Pero fueron las tablas — quizás por su capacidad para mostrar todo lo que su imaginación podía abarcar — lo que ocupó gran parte de sus primeras obras: desde la conocida Calle Quality (1901), Lo que saben todas las mujeres (1908) o El admirable Crichton (1902). Barrie tenía un especial talento para construir atmósferas y sus obras triunfaban por una cualidad insólita que asombró por su ternura. Era a la vez pintoresco pero reconocible. “Como si narrara historias que todos hemos escuchado alguna vez” dijo un crítico sobre Calle Quality.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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