Crónicas oscuras:

Los grandes cronistas de época (parte I)

Charles Dickens

El futuro a través de los escritores.

Los fantasmas de Dickens reflejos de la idea básica y profundamente existencialista sobre la huella del hombre sobre la tierra, a pesar incluso de la muerte. “Siempre he observado que se requiere una fuerte dosis de coraje, incluso entre las personas de mayor inteligencia y cultura, cuando de lo que se trata es de compartir las propias experiencias psicológicas, especialmente si éstas adoptan un cariz extraño”. Así arranca su relato Juicio por asesinato, recogido en el volumen Para leer al anochecer, uno de los tantas historias de la pluma del escritor que usaba lo sobrenatural como recurso y también como escudo de su propia mirada al temor. Y es que los aparecidos de Dickens siempre tienen algo moral y significativo que expresar, como cuitas del presente o premoniciones inquietantes, en una evidente necesidad por dejar abierta la aspiración del hombre y la verdad como una legado de la memoria. Los fantasmas de Dickens, como sus detalladas descripciones sobre el sufrimiento, la pobreza, la soledad y el abandono, encarnan historias de redención, que avisan lo que ocurrirá o incluso, son parte significativa de esa noción de verdad y justicia en el que escritor insiste en su obra.

Una ciudad que era el mundo.

Para 1853, la pobreza en Londres se volvió más cruel, mucho más dura de superar y en especial un síntomas de los tiempos que convirtió la economía — y sus consecuencias — en un peso cultural de carácter moral. La riqueza altruista y la miseria de solemnidad, se volvieron para descubrir una sociedad desigual, corrompida por la codicia y cada vez más displicente. Los grandes males que asolaban a una época de profundos contrastes se convirtieron en consecuencias intelectuales de una rápida evolución formal hacia una cierta catástrofe invisible. Si por un lado, la mera existencia de la máquina y sus ventajas comenzaron a sacudir la forma en que se percibía el mundo — a la vez, que la ilustración devoraba las creencias y la fe en lo invisible — la nueva concepción del hombre como marginal en su propio mundo, derrumbó los últimos espacios acerca de la importancia del ser humano, como parte indivisible de su historia. Una concepción del futuro que llevó la desesperanza allí a dónde fuere y que también, destrozó una serie de percepciones sobre lo filosófico, lo dogmático y lo religioso. Asombrado y quizás, desconcertado por la oleada de transformaciones, Dickens llegó a escribir en uno de sus meticulosos diarios “tal vez no se trate del final de los tiempos, pero sin duda, es el final de algo”.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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