Crónicas de los hijos de Atenea

(Puedes leer la parte I aquí)

En norteamérica, el debate sobre la etnia, la raza y la percepción sobre el racismo se ha hecho mucho más cercano y evidente durante la última década. En especial, mientras el debate se traslada a regiones culturales nuevas como el mundo del entretenimiento, la literatura y el debate en redes sociales. Las preguntas acerca de la exclusión, el prejuicio y el señalamiento racial son más urgentes que nunca. Como si la noción sobre la discriminación fuera una herida aún abierta en el rostro social del país, el racismo y sus implicaciones son un tema no resuelto en el debate colectivo. Más preocupante aún, lleno de una peligrosa carga de confrontación que no deja de ser una invitación a la violencia y a la agresión cultural.

Algo de esta percepción acerca de la dimensión más profunda del problema, ha sido el tema recurrente en las novelas de la escritora Tayari Jones, que desde hace más de una década dedicó buena parte de su obra a reflexionar sobre el sustrato del miedo irracional y el ataque al diferente en un país bajo constante tensión. El interés de la escritora le brindó la oportunidad de crear una perspectiva novedosa sobre el tema y construir un discurso literario tan duro como alegórico sobre la realidad de las minorías en EEUU. Durante una beca en Harvard, Jones pasó meses estudiando sobre como influye el racismo e en la percepción de lo legal y lo social en medio de una cultura que casi nunca reconoce la herida de la discriminación.

Jones se esforzó no solamente por aprender sobre el sistema judicial estadounidense — y la forma en que el racismo influye sobre la toma de decisiones judiciales — sino también, el peso de la sombría estadística de la influencia del prejuicio al momento de la aplicación de la ley. El resultado es una visión amplia y detallada sobre la percepción de la ley como reflejo de la cultura y sus vicios. Pero sobre todo, la evidencia que EEUU no ha logrado superar la percepción de la raza como elemento claro en la forma como se percibe el ciudadano. Una disparidad que arroja víctimas y además, una perversa noción sobre lo legal como pacto social.

La novela An American Marriage (2018) es una mirada inteligente sobre las consecuencias del racismo y la discriminación en el ámbito legal, pero además extrapolado al nivel de debate moral y sobre todo, una perspectiva de enorme dureza sobre la sociedad herida por el dilema del racismo. Y lo hace sin tomar los caminos comunes — ni tampoco los clichés habituales — sino que crea toda una nueva acepción sobre el bien y el mal ético que sorprende por su sutileza. Sus personajes no son los habituales en novelas al estilo: ambos forman una pareja dorada, triunfadora y muy lejos de los estereotipos del afroamericano que se insisten en la literatura que analiza el racismo como dilema social. Él es un ejecutivo corporativo en ascenso, ella una artista con un futuro prometedor.

Pero en medio de la prosperidad y las ambiciones, la realidad subyacente en un país hipócrita termina signado el futuro de ambos. Luego de una visita a Eloe (Louisiana), la idílica felicidad de la pareja se resquebraja, cuando Roy, marido y ciudadano ejemplar, es acusado de un crimen que no cometió. También, la imagen quebradiza de la igualdad y una falsa mentalidad progresista, que convierte a la historia en una durísima reflexión moderna sobre una historia muy antigua. Jones, con un pulso preciso e inteligente, transforma la odisea legal de la pareja en un recorrido por la injusticia, el temor y la presión del racismo en un ámbito desconocido para los personajes y quizás, para el lector. Se trata de un desafío a la convicción endeble que el racismo es un mal en remisión en el organismo cultural y más allá de eso, la comprensión del miedo como ruptura y grieta en la cultura norteamericana.

Para Jones, el esfuerzo de recrear una situación inaudita sin la particularidad del sermón venial o el análisis moralista, es todo un reto. Celestial, la devota esposa que define desde sus aptitudes y especial sensibilidad, también es a la vez esa mirada inquieta y desafiante hacia el futuro. El personaje resume la noción sobre la mujer de raza negra de enorme fortaleza moral. De hecho, abandona el estereotipo de la abnegación para brindarle una percepción realista y profundamente sentida sobre su deber con su esposo, acusado de un crimen confuso y cuya vida, parece confinada a una sentencia absolutoria imposible de predecir. Pero además, Jones profundiza en los lazos familiares, sus implicaciones y dolores: los padres de ambos personajes sostienen una visión tradicional, doliente y dura sobre un estamento legal que no es ciego al momento de discernir y mirar el color de la piel de quien se juzga.

Al mirar sus vidas, Jones intenta elaborar una hipótesis más o menos elaborada sobre la orfandad legal y cultural que buena parte de la comunidad afroamericana sufre. Que no se trata de una percepción abstracta ni tampoco trivial, sino que forma parte de la vida de los hombres y mujeres de raza negra en un país en donde el color de la piel, simboliza un estado general de sospecha.”La injusticia en el sistema de justicia penal: es tan natural como el aire, tan insistente como el color del cielo. Como los huracanes si vives en la costa este o los terremotos si vives en el oeste. Es solo algo que es”. La posibilidad de ser atrapado — estafado, maltratado, convertido en víctima — en el sistema siempre está ahí, flotando. Muy cerca de la periferia, convertida en una amenaza contra la que todo afroamericano debe lidiar en algún momento de su vida debe lidiar.

Pero además, Jones convierte a sus personajes en símbolos específicos de enorme valor cultural. Desde Roy, encarcelado y cuyo futuro pende de un hilo por una decisión judicial anómala, hasta Celestial, que batalla como puede en medio de una situación que la sobrepasa y la golpea, crean una nueva percepción sobre la comunidad negra de EEUU que asombra por su impecable sutileza y sensibilidad. No obstante, “An American Marriage” no es un drama judicial o un examen del complejo sistema penitenciario estadounidense. Se trata de una narración que se empeña en mostrarse emocional, incluso en los momentos más duros y temibles, en medio de una historia que analiza los dolores culturales de lo marginal.

Es una visión clara sobre la devastación de una familia, la forma como lentamente, la percepción de la normalidad, la belleza y el terror terminan distorsionadas por algo mucho más complejo y enrevesado que la mínima concepción de lo moral en una circunstancia despiadada. La novela se centra en las esperanzas fallidas y rotas del amor romántico, el dolor familiar, el racismo como elemento inherente en la percepción de la identidad y las complejidades del individuo.

La compleja red del odio invisible

Con su prosa exquisita, inteligente y precisa, sus referencias intelectuales a la cultura negra — hay una ingente cantidad de referencias a la música y a la literatura afroamericana — la novela analiza y debate la percepción del ciudadano afroamericano promedio y su relación con un país que aún no resuelve del todo sus conflictos con respeto a la raza y a la referencia ética.

Con su mirada a la clase media — y alejándose del debate sobre el dolor y la pobreza negra — Jones estructura un nuevo discurso sobre la prosperidad, la elevación social y racial y la representación, que, sin embargo, deben enfrentarse a la banalidad del horror y el temor convertido en una percepción sobre lo que somos, el futuro y la dualidad del conglomerado como parte del mapa íntimo. La marginación está allí, el hecho de la exclusión social también, pero llevado a un nivel tortuoso y original que hacen del libro toda una reflexión sobre los estratos desconocidos de la sociedad estadounidense.

Gran parte de la novela es un ejercicio epistolar. Celestial es una gran redactora a ciegas del dolor y su intercambio de cartas con su marido prisionero, brinda a la novela un aire íntimo de enorme valor argumental. Jones recrea el dolor, la desesperación, la angustia y el miedo de la pareja en una percepción lúcida sobre los temores que sostienen y evaden una explicación sencilla. Un terreno complicado que Jones navega sin caer jamás en sentimentalismos y mucho menos, en reverberaciones y dilemas éticos innecesarios, más allá de la injusticia. Con una sensibilidad conmovedora, Jones narra la vida en la prisión y los reclusos, la tediosa rutina de Celestial en medio del miedo.

Jones mantiene su mirada en lo personal, pero también entreteje el argumento con el contexto racial, es entonces cuando la novela llega a su punto más alto, cuando realmente muestra su intención y narra a la cultural afroamericana desde adentro, desde los logros y pérdidas de generaciones que deben batallar como la declaración silenciosa y dolorosa sobre la discriminación. Porque a pesar de que los personajes de Jones tomaron todas las decisiones correctas para apuntalar el gran sueño Americano, sus personajes terminan sufriendo y debatiéndose con el horror insistente y cada vez más desgarrador del racismo. Pero también se trata de una reflexión sobre el amor, la compasión y empatía, la noción sobre la verdad y lo real, pero además, sobre esas líneas infinitamente sutiles que unen nuestra historia personal con la cultura que define al individuo. Una búsqueda de respuestas aciagas.

Con una mirada sobria y brillante que puede ser en ocasiones profundamente dura y casi dolorosa, Tayari Jones analiza el desarraigo, la soledad, el tiempo personal, pero también, la sociedad y la cultura en la que nació. Todo desde el cariz de una sorprendente sensibilidad, pero, sobre todo, una perdurable necesidad de confiar en la posibilidad de la redención. Una mirada sutil, quizás, a la pura esperanza.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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