Crónicas de los hijos de Apollo

Las cenizas perdidas de historias sin nombre (Parte I)

Un hombre extraño, un dolor inesperado

Escribir es el oficio del sufrimiento discreto, dijo una vez Borges, una precisión que parece resumir el universo íntimo y silencioso que acompaña a cualquier editor. A Roberto Bolaño se le llamó con frecuencia “Un genio discreto”, término que parece describir la celebridad sutil de la que disfrutó durante su vida, esa visión suya de la literatura que rozaba un cierto anonimato humilde que en esta época donde la búsqueda de la notoriedad es esencial, resulta incomprensible. Porque para Bolaño, la literatura no se trataba sólo de su capacidad para mirar el mundo a través de la palabra — y la manera como el mundo asimilaba su obra — sino también, de la profunda y pesarosa relación que se establece con la página escrita, esa lucha del escritor con su propia visión crítica.

En la búsqueda de una tierra nueva

Asombra la súbita repercusión que el nombre de Bolaño cosechó una vez que su obra remontó ese límite imaginario del escritor del culto y se convirtió en una curiosa celebridad sin rostro. Natasha Wimmer, su traductora, celebra la manera como Bolaño se transformó de una autor local en un representante de la nueva narrativa Latinoamericana. Una idea desconcertante, si tomamos en cuenta que Bolaño tuvo una enorme repercusión en las letras latinoamericanas — especialmente las Chilenas — mucho antes que su obra alcanzara el reconocimiento que obtuvo luego de su muerte. Aún así, esta fama imprevisible parece abarcarlo todo: La novela 2666 fue escogida Novela del año por el New York Times y considerada el mejor libro de ficción por el prestigioso Círculo Nacional de Críticos Literarios de Estados Unidos. Convertido en imprevisible mito Pop, incluso su muerte prematura elabora una idea del escritor como fenómeno literario. Y aún así, el Bolaño real subsiste, como observador esencial de la Latinoamérica interpretada a través de sus palabras y más allá, su capacidad literaria para reinventarse a través de sus propios símbolos.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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