Crónicas de las hijas de Lilith:

Las grandes olvidadas por el tiempo (Parte I)

Una vida a las sombras

Para el año 1914, era evidente que Camille Claudel estaba encerrada en un manicomio por razones más grotescas y menos claras que las de su salud mental. Su madre, que se había opuesto desde sus primeros años de juventud a sus intentos de dedicarse al arte, le escribió una carta en la que le aseguró sabía que “su renuencia a aceptar su condición femenina sólo le había conducido al desastre”. Habían transcurrido casi un año desde su reclusión y Camille había dado muestras de mejoría, pero ningún miembro de su familia le había visitado aún ni tampoco, respondido sus cartas “No me dejes aquí sola” escribió a Paul.

La corta primavera en el asombro

A los catorce, logró esculpir un diminuto grupo escultórico que sorprendió al círculo artístico de su ciudad natal y a los quince, encontró la manera de participar en varios concursos en París, en dos de los cuales fue rechazada por ser mujer y en uno, logró una mención de honor que fue el primero de varios reconocimientos. La jovencísima Camille no tenía dudas que su destino estaba en las artes y de hecho, de la época de su adolescencia, data su frase “seré mármol o no seré”.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta