Crónicas de las hijas de Hera

Las mujeres que se miran para analizar la mirada sobre sobre ellas (Parte I)

El juego extraño y doloroso de los símbolos

A pesar de lo anterior, Gingerbread no es un libro de especial complejidad- Oyeyemi cuando cuenta la historia desde la notoria simplicidad de un narrador de pulso firme. La novela comienza describiendo la rutina cotidiana de la maestra de Harriet y su hija, Perdita. Ambas son espejos una de la otra y tan misteriosas, como para que no sea fácil entender su comportamiento durante las primeras páginas del libro. Harriet es dura, fría, pero aun así amable, una combinación que convierte su personalidad en una combinación de elementos dificil de definir de inmediato. Por su lado, Perdita es una adolescente callada y que se considera anónima. Según cuenta, — sentada en la cocina junto a su madre, la taza de café entre las manos — su personalidad no tiene la suficiente potencia para “ser ignorada”. “No existo en realidad” comenta con cierta perplejidad trágica. Harriet, que la escucha sin saber qué decir, comienza a comprender que su hija ya no es una niña, sino una mujer muy joven que está creciendo en medio de un tipo de limitación afectiva que no termina de comprender. El conflicto es claro, aunque su solución no demasiado es inmediata. Hay algo de temor en el hecho que una y otra son incapaces de reconocerse entre sí (a pesar de lo mucho que las une) y disfrutan de una especie de distancia mínima que les otorga una convicción firme sobre la relación que comparten. Madre e hija intentan dialogar y asumir el peso de la vida de una en los parámetros mentales y emocionales de la otra, sin lograrlo de inmediato.

En la búsqueda de los horrores

En la novela Haunting of Hill House de Shirley Jackson, el terror tiene un cariz levemente mitológico: la casa es un útero maligno e inquietante que envuelve a los personajes hasta la despersonalización y la distancia emocional, que termina destruyendo a cada uno de ellos o simplemente, sumiéndolos en un tipo de horror inquietante e invisible. La visión de la protagonista evade cualquier explicación sencilla y analiza, a la periferia, el miedo a las pequeñas cosas y a los sucesos inexplicables desde cierta angustia existencial latente. Al final, Eleanor está perdida en sí misma, convertida en una rehén de sus propios dolores y transformada en un símbolo de todos los temibles y espectrales sufrimientos de quienes le rodean. El miedo convertido en un vehículo de expresión de pulsiones invisibles.

Un recorrido por lugares sombríos

Desde el amor a la maternidad, pasando por la violencia sexual y el temor al desdoblamiento psicológico. Para Machado no hay temas sencillo ni, mucho menos, una versión de la realidad cierta. Sus personajes elucubran sobre los dolores existenciales a través de ciertos extremos tan dolorosos como viscerales. Sus acciones parpadean fuera y dentro del presente, del futuro, en una percepción del tiempo errática, que se sustrae de todo significado simple. Para Machado, lo verdaderamente importante es la capacidad de sus personajes para los matices, para la realidad construida a través de pequeños horrores y asombros que se perciben entre líneas. Con una habilidad sorprendente, Machado dosifica el horror, terror y lo sobrenatural para crear un panorama casi irreal que se expresa en escenas por momentos surreales que se sustentan sobre una noción persistente sobre el horror. Obliga a sus personajes a dudar de sus propias mentes, a analizar los entornos desde el miedo y la fragilidad. Y de vuelta, les permite retomar su fortaleza, asumir sus errores, construir una belleza lírica que conmueve en ocasiones hasta las lágrimas.

Un mapa a través de la belleza, lo primitivo y lo sensorial

Las ocho fábulas de Machado representan, por tanto, a un tipo de mujer que pocas veces se muestra en la literatura. A mitad de camino entre la aseveración perpetúa de lo emocional — todas las mujeres de Machado están al borde del miedo, de la angustia, de todo tipo de dolores intelectuales — y algo más sensorial, Her Body and Other Parties analiza a lo femenino desde sus bordes y aristas más incómodos. La resolución desordenada, la mujer fragmentada y rebelde, el temor que se manifiesta a través de fábulas incompletas, crea una tensión extraordinaria, que convierte al libro en una reflexión sobre cómo el mundo percibe a las mujeres,, pero antes de eso, como las mujeres perciben el mundo. Un péndulo que evoca poder, fuerza y temible belleza.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta