Crónicas de las hijas de Afrodita:

Escribir con el tiempo y para el tiempo (Parte I)

De la vida a la muerte en la palabra

Clarice Lispector muy pocas veces se llamó así misma escritora. Más de una vez rió en voz alta del título y se autoproclamó «la no escritora por excelencia». Desenfadada y reflexiva, a lo largo de su vida repitió siempre que pudo que «la escritura es un espejo doloroso» y no veía mérito alguno en su casi obsesiva auto referencia. No obstante, en las contadas ocasiones en que se miró así misma como creadora literaria, insistió en el título no definía su profesión, sino algo mucho más profundo que la simple capacidad para asumir el mundo a través de las palabras. Porque para Lispector, la escritura era parte de su identidad, más allá que cualquier otra cosa. Un fragmento no solo de su racional intuición para descubrir — y describir — el mundo sino esa insistencia creadora que definió su obra, la hizo más rica y comprensible. Por supuesto que Lispector es en sí misma una contradicción, un cruce de influencias inverosímil, un símbolo frontal de la revisión del género femenino en la literatura.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta