Crónicas de la Oscuridad:

Todo lo que debes saber sobre The Witcher de Andrzej Sapkowski.

Con su combinación de mitología y su cuidado homenaje a la fantasía épica, The Witcher de Andrzej Sapkowski, ya era un fenómeno de culto antes de llegar al mundo de los videojuegos y sin duda, antes de volverse una de las series más esperadas de la cadena por suscripción streaming Netflix. No sólo se trata de un Universo consistente, sólido y detallado sino también, una de las historias más interesantes basadas en un mundo fantástico alternativo publicadas en los últimos años. No obstante, la saga literaria es mucho más que sus cuidadas escenas de acción y terroríficas versiones sobre lo mitológico. Sapkowski no sólo creó un recorrido por una dimensión sobre lo imaginario que rivaliza con las ficciones de Tolkien y George R.R Martin, sino que además, se aseguró de brindar un sofisticado trasfondo folclórico a sus historias, lo que convierte a The Witcher en una percepción extraordinaria sobre el bien, el mal y la antigua primitiva del héroe concebida desde un nuevo punto de vista.

La saga de libros The Witcher, comenzó como una serie de cuentos escritos por Sapkowski, en los que narraba las historias de un brujo y cazador de monstruos llamado Geralt de Rivia. En el contexto de la saga, los brujos están dotados de todo tipo de capacidades sobrenaturales, por los que son entrenados desde su juventud para luchar contra varias bestias peligrosas y potencialmente mortales en el “continente”, el equivalente a Poniente de George R. R. Martin, un lugar plagado de amenazas en el conviven las más diversas criaturas fantásticas y además, se traman todo tipo de juegos de poder. El primer cuento de la serie en publicarse fue Wiedźmin, o The Witcher, escrito por Sapkowski para un concurso de revistas de género en el año 1986. A pesar que se considera la narración origen del Universo que imaginaría después y contiene ya todos los elementos que la harían famosa, el relato sólo alcanzó el tercer lugar en el concurso: poco después se publicó en la revista de fantasía titulada Fantastyka.

El éxito fue inmediato: los lectores se obsesionaron con el breve relato sobre la andanzas del cazador de monstruos y la revista publicó tres cuentos más, lo que amplió no sólo el mundo del personaje sino que añadió todo tipo de elementos mágicos que dotaron a la historia de una rara y siniestra belleza. En 1990, la colección entera se publica bajo el título de The Witcher. Dos años después, se publica la segunda con el nombre de Sword of Destiny, y finalmente The Last Wish, la tercera que cierra lo que por entonces, era una trilogía de cuentos emparentados entre sí por Geralt de Rivia. Si se analiza de forma cronológica, el conjunto de recopilaciones forma el primer libro de la saga.

Luego del éxito de los relatos cortos, Sapkowski comenzó a escribir la saga propiamente dicha, que al comienzo consta de cinco libros y abarca las aventuras y tragedias de Geralt y Ciri, una princesa del Reino de Cintra (que en el mundo de las novelas lleva por nombre Xin’trea en la llamada Lengua Antiguay es uno de los Reinos del Norte) en medio de la creciente agitación política que recorre el continente. Con un tono sombrío, duro y por momentos claustrofóbico, la historia es una heredera directa de los paisajes inclementes y amenazante de Poniente, pero con un toque de magia ritual y una creciente vertiente política, mucho más marcada que la obra de Martin.

En orden cronológico, la saga literaria comienza con los siete cuentos introductorios de su segundo libro, El último deseo (1993), se sitúan antes que los de La espada del destino (1992), su primera antología y el cual, es la base origen de la historia que Netflix llevará a la pantalla chica. Posteriormente la saga se volvería un éxito mundial con La sangre de los Elfos (publicado en 1994 en Polonia y 2008 en los Estados Unidos) a la que le siguió Tiempo de Odio (1995), Bautismo de Fuego (1996), La Torre de la Golondrina (1997) y dos años después La Dama del Lago, que llegó a las librerías en 1999. Posteriormente se publicaría en el año 2000 Camino sin retorno (Colección de cuentos cortos relacionados con la historia central) y finalmente la precuela de “El último Deseo”, la novela titulada Estación de tormentas que comenzó a venderse en el 2013.

Un mundo complejo:

El mundo de fantasía de The Witcher ha sido elaborado durante casi dos décadas con una precisión cuidadosa que recuerda los esfuerzos de George Lucas por sostener a su ya mítica Star Wars. La serie de relatos cortos y libros se sostiene sobre un fértil terreno filosófico y mitológico de considerable interés. Por supuesto, para el autor se trató también de sintetizar toda una serie de ciclos mitológicos en una mezcla curiosa que dota a The Witcher de un recorrido cuidadoso por todo tipo de percepciones sobre lo sobrenatural, el bien y el mal. En el mundo de Sapkowski la moral está sujeta al albedrío de la intención — un matiz que le emparenta con el continente imaginario de Westeros de Martin — pero a la vez, hay un peso considerable sobre la fuerza del destino y la concepción sobre lo inevitable. Pero aún más intrigantes, resultan los vínculos que unen a la trama principal de The Witcher con mitología Europea reconocible, como la eslava y otras tantas de Europa del Este. Sapkowski logró no sólo mezclar creencias de diferentes países y culturas, sino además, sostenerlas sobre un recorrido de enorme interés por sus raíces culturales.

Hasta ahora, buena parte de las historias de fantasía épicas más populares, tienen por escenario la Europa Medieval y sobre todo, las que están relacionadas con sistemas feudales, jerarquías monárquicas y vasallaje, lo que hace que la estructuras sociales tengan un curioso parecido entre sí. Tolkien imaginó a una Tierra Media dividida en grandes fragmentos de poblaciones distintas unidas entre sí por una red de caminos y monumentos naturales, que se sostienen sobre una mitología en común y una historia más o menos compartida. Se trata de una percepción muy cercana a la Europa apenas cristianizada, con estados semi independientes y sus propios sistemas políticos y gobiernos autónomos. Por otro lado, Martin creó un mundo con cuatro continentes conocidos, aunque la historia sólo se desarrolla en dos: Westeros y Essos son descritos con pulcro detalle y además, se sostienen sobre una mitología que se complementa entre sí, con evidentes raíces celtas y también, de magia tradicional europea y tribal primitiva. La combinación, hace que el Universo de Westeros comparta con el de Tolkien la sensación de atemporalidad y también, una conexión poderosa con la percepción historia sobre Reyes y Reinas, reinos olvidados y poderosos, además de la tradicional búsqueda del poder.

Por otro lado, Sapkowski decidió tomar la mitología eslava y del Europa del Este, para crear un Universo cruel y esencialmente ambiguo, que aunque sigue manteniendo su aire medieval, es también territorio por completo nuevo, porque añade una noción regional muy marcada al recorrido de Geralt de Rivia por un continente sin nombre. No sólo se trata de magia — que existe y se utiliza — y criaturas sobrenaturales — las hay y algunas especialmente aterradoras — sino de la capacidad de la historia para elaborar un sentido de la identidad que supera con creces el hecho del escenario genérico de algún punto en el pasado medieval. Quizás uno de los puntos más interesantes del recorrido de la historia literaria a través de las diferentes aventuras de su personaje principal.

Desde el hecho que la palabra Witcher (Wiedźmin) en sí misma es toda una declaración del escritor sobre los elementos más importantes que definen a su personaje. Incluso una acepción más antigua “Hexer” (si tomamos en cuenta traducciones anteriores del texto original), se refiera en concreto a un hechicero — uno además, que posee un conocimiento secreto y poderoso — , lo que hace obvio que para Sapkowski la idea de la novela está emparentada de manera directa con la concepción sobre lo enigmático con una fuerte raíz de significado simbólico. Geralt de Rivia no es sólo un caballero, un luchador o un hombre con una misión dictada por el destino, sino también, un hombre que recibió adiestramiento y posee conocimientos relacionados directamente con los puntos más oscuros y extraños de la historia. Sapkowski construye a través de su personaje, una versión cuidadosa sobre el tradicional brujo eslavo — una figura de enorme importancia incluso en tradiciones actuales de la región — y elabora una versión sobre su importancia que trasciende su mero lugar en la historia. De Rivia no sólo es un cazador de criaturas y monstruos de diversa índole, sino también un hombre que ha dedicado una considerable cantidad y esfuerzo a lograr la capacidad óptima para hacerlo. De la misma forma que los antiguos brujos de provincia Eslovaquia, Hungría y Polonia — que pasaban largos períodos de aprendizaje en bosques inaccesibles y se sometían a un riguroso entrenamiento físico y mental — Sapkowski dota a Geralt de un conocimiento arcano que le permite acometer todo misiones de índole sobrenatural, con un atípico toque terrenal.

Pero lo inexplicable, no es el único elemento con el que De Rivia debe lidiar: el personaje es lo suficientemente humano como para tener un carácter irascible, intratable y de hecho, es su cualidad imperfecta, lo que le brinda una naturaleza curiosa y le emparenta con otros tantos héroes de naturaleza semejante de Europa del Este. En una ocasión Sapkowski admitió que su personaje, tenía una buena dosis de humanidad y un temperamento impresdecible, relacionada con los reyes y Principes guerreros de Moldavia, Eslovaquia y Rumanía, semejantes al Árpád (gran Príncipe conquistador de Los Magiares y conocido por su crueldad) e incluso, el mismísimo Vlad Tepes II, que inspiró al personaje de Drácula a la vez que es un héroe histórico en su país. Geralt de Rivia no es un caballero de buenos modales — ni quiere serlo — ni tampoco, un ejemplo de conducta — que tampoco lo desea — sino un hombre lleno de poder, errores y conocimientos que recorre una provincia levantisca para cumplir con una vieja misión heredada. ¿Parece sencillo? No lo es tanto, si tomamos en cuenta que Geralt también debe enfrentar una situación política de considerable complejidad a medida que avanza en su camino.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, De Rivia debe enfrentar a todo topo de entidades míticas relacionadas con una buena cantidad de cuentos populares, leyendas y relatos folclóricos que van desde narraciones magiares sobre espectros, aparecidos y almas en pena hasta extrañas reinvenciones sobre monstruos que habitan tierras misteriosas. De la misma manera que las naciones eslavas — separadas entre sí, con diferentes idiomas y discrepancias entre la mitología que atesoran debido a siglos de guerras y conflictos interinos — el mundo imaginado por Sapkowski, tiene sus propias versiones de criaturas y contradicciones en las leyendas, lo que hace aún más complicado el recorrido del personaje y su lucha contra la oscuridad.

En su descripción sobre los espíritus, fantasmas, monstruos y otras criaturas que acechan a Geralt en su camino, Sapkowski se asegura de sostener la mitología a través de las recopilaciones realizadas por escritores románticos del siglo XIX de Europa del Este, que dedicaron una considerable cantidad de tiempo a la recopilación y catalogación de la percepción de lo sobrenatural de la Europa más intrincada y salvaje. En el año 1820, el poeta Alexander Pushkin escribió su poema épico Ruslan y Ljudmila, lo que se considera la primera gran fantasía eslava y que recopila, una larga tradición de folclore relacionado con el amor, las grandes épicas y sobre todo, la salvedad de lo monstruoso como parte de una idea más amplia sobre el amor y sus vicisitudes. Pushkin, por supuesto, no hacía otra cosa que construir un recorrido a través de tradiciones primitivas que doscientos o trescientos años atrás, ya narraban la dolorosa historia de la novia que era secuestrada la noche de su boda por criaturas inexplicables y al final, rescatada por héroes brutales y violentos.

La obra fue todo un éxito y marco un hito en la forma en que ciertas regiones de Europa comprendían al folclore que les pertenecía. En 1901, la Rusalka de Antonín Dvořák, tuvo el mismo impacto, al tomar una larga recopilación de cuentos de hadas folclóricos de toda Rumania, Polonia y Hungría para crear una única historia con reminiscencias de las otras más antiguas y aglutinadas bajo la percepción de lo sobrenatural como una versión de lo moral. Los monstruos no son nacen ni tampoco, forman parte de la idea de lo inexplicable: nacen y se mueven a través del mundo recorriendo todo tipo de ideas sobre el bien y el mal en el corazón de los hombres.

Algo parecido plantea desde su primer relato Sapkowski, que notoriamente se inspiró en ambas obras para elaborar un intricado mundo mitológico alterno para su personaje y el resto de los que pueblan su mundo. De la misma manera que Pushkin y Dvořák, Sapkowski recorre la mitología desde la marginación y la noción de lo increíble, lo extraordinario y lo temible como límites del mundo conocido, un elemento esencialmente eslavo que se afianza en la confrontación de ideas profundas sobre el hecho de lo sobrenatural como parte de la línea que une al hombre con la oscuridad en su interior. A diferencia de los grandes monstruos y situaciones en los mundos de Tolkien y Martin, el mundo de Sapkowski elabora una concepción sobre la naturaleza del bien y el mal. Nada ocurre por casualidad ni tampoco, los monstruos son provocados por grandes desastres cósmicos. De la misma manera que en la mitología eslava, la cualidad de lo imposible es de hecho, un reflejo de lo que está ocurriendo dentro de los límites de la realidad tangible, lo que convierte al brujo en una especie de eslabón entre ambas regiones y una concepción poderosa entre dos espacios relevantes de la forma en que se comprende la historia. Por un lado, Geralt de Rivia transita en busca de cumplir su misión — de vida — a través de un territorio sacudido por todo tipo de presiones políticas y sociales. Y tanto como lo visible como lo invisible, se unen a través del personaje para reflejarse en un juego de espejos de especial complejidad.

Una travesía dolorosa a través de los silencios.

El mundo por creado por Sapkowski no es sencillo: está constantemente al borde de la guerra, de algún acontecimiento violento o incluso el azote de las epidemias. Es sin duda un mundo medieval, pero también, lleno del pesimismo tradicional de las nociones eslavas sobre el poder. Herederos de una larga tradición de líderes violentos, brutales y agresivos, la mitología de Europa del Este, está plagada de historias sobre conflictos políticos y sociales sin resolución, como si un hilo les condujera a un gran escenario caótico que nunca termina de sostenerse bajo una versión plausible de la realidad. En las grandes historias folclóricas eslavas, la duda, el miedo y la incertidumbre son parte del recorrido hacia algo más elaborado, doloroso y abrumador, por lo que el triunfo de una facción, a menudo simboliza sólo otra forma de desgracia para su contendiente.

En la obra de The Witcher ocurre de la misma forma: Sapkowski crea personajes llenos de un pesimismo inquietante, que no sólo confían en la autoridad de forma instintiva, sino que además, están convencidos que las grandes desgracias se unen entre sí como una cadena de eslabones interminables. A diferencia de la Tierra Media de Tolkien — llena de lealtad, buenas intenciones y una radiante atención al espíritu de la redención — los valles oscuros y siniestros imaginados por Sapkowski están plagados de miseria, terror y miedo. Y mientras que en el Westeros de Martin hay una regular concepción sobre el orden — a pesar de lo corrupto y abusivo que pueda ser — en la historia de Sapkowski la concepción sobre el poder es directamente corrupta, contaminada y rota por la idea angustiosa que lo que se esconde bajo las ropas elegantes, los símbolos de jerarquía y la opulencia es una raíz elemental de maldad insigne y dolorosa.

El mismo Geralt es de hecho un paria, que trata de sobrevivir — no siempre con éxito y no todas las veces, por medios lícitos — mientras atraviesa regiones empobrecidas, violentas, complejas y siniestras. También lidiar con la política, aunque termina tan envuelto en las situaciones que ocurren a su alrededor, que resulta inevitable deba involucrarse en situaciones complejas de índole jerárquico o aristocrático. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, Geralt no es exactamente un héroe y de hecho, la novela no tiene un antagonista claro: percibe el mal como un hecho inevitable, de la misma manera que el bien una idealización en ocasiones equívocas. En un espectro moral tan confuso, tan extravagante y tan extraño, la obra de Sapkowski se mueve con inteligencia en todo tipo de escenarios sobre las relaciones de poder, la necesidad de comprender lo sobrenatural como algo más elaborado y primitivo, pero sobre todo, la mirada sobre el bien y el mal como una concepción persistente de la identidad colectiva. Cuando los monstruos atacan, Geralt de Rivia puede estar allí para enfrentarlo pero no siempre por las razones correctas ni tampoco, por la comprensión sobre el peso esencial de lo que se comprende como una aliteración de lo moral. En este mundo sin buenos ni malos, Geralt sólo es un símbolo al que se agrega significado a medida que la trama avanza con lentitud y cuidadosa inteligencia.

Al final, The Witcher es una gran alegoría sobre la forma en que el folclore, lo cultural y la política pueden mezclarse para sostener ideas elaboradas sobre algo más duro y extraño de concebir como lo es la existencia humana. Con su aire pesimista, denso y enrarecido, sus oscuridad inherente y la extraña personalidad de sus parajes desolados y terroríficos, una de las grandes sagas literarias de las últimas décadas, tiene el raro privilegio de profundizar en la oscuridad con un sutil elegancia que sorprende por su sofisticada perversidad. Quizás, su mayor triunfo.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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