Crónicas de la oscuridad:

El devorador de pecados y otras figuras inquietantes de la historia.

Más antiguo que el pecado:

Por supuesto, la figura del “devorador de pecados” estaba mucho más relacionada con costumbres locales sobre el luto y el duelo, que con la doctrina católica. Ya en 1680, la práctica era parte formal de velatorios y funerales, en que la figura tenía un lugar preponderante. Lo curioso del caso, era que muchos de los rituales que se llevaban a cabo en Gran Bretaña tenían un evidente parecido con tradiciones más antiguas, en la que la muerte era personificada bajo la percepción del bien y del mal. Según el libro Observations on the popular antiquities of Great Britain de John Brand, el Devorador de Cadáveres tenía la facultad de presidir las ceremonias fúnebres luego de “consumir” los pecados del difunto y además, formar parte del resto de las costumbres domésticas que involucraban al duelo. De modo que hay todo de tipo de historias en la que este extraño personaje era quien consolaba a la viuda y a los hijos, oficiaba la ceremonia eclesiástica y al final, incluso participaba en la inhumación del cuerpo. El Devorador de pecados era una mezcla de funcionario mortuorio y también, de representante de la Iglesia dentro de ritos más o menos paganos que seguían llevándose a cabo en una buena parte de la Europa medieval. Según Brand, era común que el personaje por completo ataviado de negro, fuera el centro de todo lo que ocurría una vez acaecía la defunción y de hecho, se le asociaba con frecuencia con la tétrica figura de la Parca, con la que se suponía estaba relacionado o al menos “tenía algunos tratos”, según insistía las creencias locales. “Se sentó frente a la puerta y recibió una corteza de pan, que comió; y un cuenco lleno de cerveza, que bebió a menudo en un trago; Después de esto, levantándose de su taburete, pronunció, con un gesto sereno, la oración que aseguraría el descanso y la pureza del alma que acaba de partir, para lo cual empeñaría su propia alma” cuenta el escritor al describir el extrañísimo ritual que involucraba al devorador de pecados.

Una recorrido entre las sombras.

Para el siglo XVIII, la costumbre se sido casi erradicada, pero aún así, algunos pueblos seguían conservando no sólo la figura, sino la enorme relevancia de un ritual de duelo que seguía considerándose imprescindible para la paz de los difuntos, asolados por todo tipo de males supersticiosos como vampiros e incluso actos de brujería. En 1712, el escritor Henry Curzon contó en un pequeño texto privado sobre sus andanzas en el condado inglés de Herefordshire, que los lugareños pagaban pequeñas fortunas a hombres a quienes la Iglesia expulsaba de su seno para que “comieran los pecados” de los difuntos, un oficio además, que se relacionaba con cierta posición de relevancia en el puebla y la posibilidad de obtener protección de las posibles represarías de la iglesia católica. Curzon cuenta que se trataba en su mayoría de hombres pobres “ sin fortuna propia, familia o nombre” que se “hacían cargo de un oficio que implicaba un considerable riesgo para su alma inmortal”. El escritor llegó a asistir a una de las extrañas ceremonias, que se llevó a cabo con “premura y secreto” debido a la posibilidad de delación o ataque de “católicos y anglicanos, para quienes el ritual era igualmente ofensivo”.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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