Crónicas de la Nerd entusiasta: “The Girl in the Spider Web” de Fede Álvarez y el regreso de la saga “Millennium” a las salas de cine.

La primera aparición cinematográfica de Lisbeth Salander no fue norteamericana ni tampoco, muy conocida. Al menos, al principio. La versión del primer libro de la saga “Millennium” escrita por el difunto Stieg Larsson llegó a los cines en el año 2009 y se convirtió en un fenómeno internacional, no sólo por la acertada dirección del danés Niels Arden Oplev sino también, por la sólida encarnación de la actriz Noomi Rapace de una de las mujeres fuertes de la literatura actual. La siguiente película (dirigida por el sueco Daniel Alfredson) tuvo una repercusión un poco más modesta, pero continuó sorprendiendo por su buen hacer en la adaptación del material original y en la forma en que Alfredson permitió a Rapace profundizar en la personalidad esquiva, dura y peligrosa de la Salander literaria. Alfredson repitió para la última película de la trilogía sueca y aunque ya por entonces, la franquicia daba muestras de cansancio, la película es una más que sólida visión sobre la travesía de Salander en expiar sus dolores y encontrar un sentido a su extraña visión sobre la vida. Las tres películas — catalogadas como pequeñas joyas del cine independiente — demostraron que el Universo creado por Larsson tenía mucho que ofrecer a nivel cinematográfico y que era sin duda cuestión de tiempo, que Hollywood se mostrara interesado por la historia de la hacker con una considerable sed de venganza y un casi inexplicable talento para la piratería internauta.

Ocurrió en mucho menos tiempo de lo que pudo suponerse: en el 2011, se anunció que la Saga Millenium llegaría a Hollywood, nada más y nada menos que de la mano de David Fincher, lo cual constituía toda una declaración de intenciones sobre lo que la meca del cine esperaba hacer con el personaje favorito de buena parte de Europa. Porque Lisbeth Salander no es únicamente un personaje atractivo en un bestseller de ventas millonarias, sino todo un símbolo de un nuevo tipo de heroína que sorprende por su potencia, extrañísima personalidad y como si eso no fuera suficiente, la capacidad casi inédita de sostener un thriller de suspense sobre los hombres con aparente facilidad. La Salander de Larsson rompe buena parte de los estereotipos de género y además agrega la noción sobre la misteriosa capacidad del personaje para ser una amenaza inclasificable. Salander es peligrosa, pero también vulnerable. Una heroína del nuevo Milenio, agobiada, silenciosa y de una dureza pétrea. Con semejante versión de lo femenino, hubo algunas voces críticas sobre lo Hollywood podría hacer para dotar de un cariz más “comercial” al personaje sueco más famoso. Después de todo, Rapace había dejado el listón lo suficientemente alto como para que el cuestionamiento fuera del todo válido pero sobre todo, tuviera un sentido específico: ¿Podría la misógina meca del cine mostrar a una heroína superdotada, imperfecta y violenta y hacerlo sin caer en la tentación del cliché?

Casi lo logra, aunque el resultado fue lo suficientemente ambiguo como para que aún se debata si fue un éxito discreto o un fracaso moderado: La película “The Girl with the Dragon Tattoo” — basada en el primer libro de la saga — llevó al gran público norteamericano a Salander, esta vez con el rostro de Rooney Mara y junto a Daniel Craig, pero no logró la suficiente contundencia para impresionar. Con un presupuesto de 90 millones de dolares y una recaudación de $232.617.430 alrededor del mundo, se considero un éxito fugaz que echó por el suelo la mera posibilidad de una secuela. Eso, a pesar que Mara consiguió una nominación al Oscar y el film se consideró lo suficientemente fiel al material original para lograr el aprobado de la mayoría de los críticos. No obstante, el recuerdo de la trilogía sueca seguía muy cercano y quizás, eso aplastó las ambiciones de una película elegante, fría pero sobre todo, carente de verdadera personalidad que no las tuvo todas consigo de sostener una historia retorcida y extravagante.

Siete años después y en plena época de las heroínas femeninas — y la alargada sombra del movimiento #MeToo y sus consecuencias — Lisbeth Salander regresa a la pantalla grande en “The girl in the Spider’s web”, aunque de un modo mucho más discreto que su primera aparición. Para comenzar, la película está basada en el libro del mismo nombre escrito por David Lagercrantz años después de la muerte de Larsson por pedido de sus herederos. Ya en el material original, es notorio el desgaste de la historia y el hecho que los complicados hilos que unían y sostenían a la trilogía original comienzan a desdibujarse bajo un nuevo tono y ritmo. La productora Sony además, parece tener muy claro que se trata de un experimento con tendencia a quizás un traspiés en taquilla, por lo que la inversión es mínima en comparación a la primera película. Se trata de un reboot que no admite su propia identidad y que de la mano de Fede Álvarez (Evil Dead y Do not Breathe) tiene algo de sinuoso y poco convincente. Aún así, el resultado es mejor que lo esperado y Álvarez logra subsanar — con esfuerzo y no siempre de manera uniforme — los altibajos de un guión pensado para convertir a Salander no en el personaje siniestro y decadente de la historia original, sino algo más cercano a una heroína multi talentosa y con una personalidad intrigante. La dualidad entre el original y su segunda versión norteamericana es notoria, pero Álvarez tiene la suficiente habilidad como para evitar que la intención de esta nueva Salander invencible sea tan notoria como para aplastar el guión. Al final, la película resulta una extrañísima combinación de tonos y especulaciones sobre la historia en sí — adaptada con mano firme por Steven Knight — y la idea de Salander, como centro motor de todo tipo de peripecias tecnológicas. A diferencia de los elaborados misterios de los libros, la película puede parecer ligera e incluso, destinada al simple entretenimiento. Pero de nuevo Álvarez interviene para crear una atmósfera inquietante y dura que sostiene a medias el argumento.

Resulta extraña la selección del libro que más se aleja del estilo de Larsson, justamente para reconectar a la audiencia con sus personajes, pero quizás se trate de una decisión del todo consciente en beneficio de cierta lógica narrativa. Después de todo, la obra de Lagercrantz fue aclamado por la crítica sueca y elogiado por llevar a “otra dimensión” la historia original. Aún así, el libro resultó ser una especie de continuación emocional sobre el Universo creado por Larsson y no precisamente, una nueva entrega sobre las peripecias de sus personajes, lo que se refleja en la película. Para la nueva versión, la Salander encarnada por Claire Foy (The Crown) parece mucho más madura, hostil y firme que Mara, pero también pierde la sutil fragilidad a mitad de camino entre desazón e incertidumbre que convirtieron a la Salander del 2011 en una sorpresa para el público. En esta oportunidad, la pirata informático pierde consistencia y dimensión humana en favor de una trama que realza sus talentos y sobre todo, su imperturbable capacidad para salir airosa de las situaciones más disparatadas. Eso, a pesar que la película muestra el desconocido pasado de Salander — al menos para buena parte de la audiencia norteamericana — y elabora un discurso subyacente sobre la necesidad del personaje de lidiar con sus traumas más profundos. Para Fede Álvarez, la decisión de convertir al personaje en un icono de acción o insistir en una noción atípica sobre el heroísmo moderno (imperfecto y levemente malévolo) se responde más bien pronto y quizás no de la manera correcta. Pero Foy — que de nuevo, lleva a cabo un extraordinario papel a pesar de los pocos recursos a su disposición, tal y como le ocurrió en “The First Man” de Chazelle — convierte a Salander en un enigma, una fuerza salvaje y pendenciera que aún así, conserva una notable nobleza. La combinación resulta improbable y de vez en cuando poco creíble, pero la actriz se las arregla para dotar de corporeidad a lo que en manos de alguien con menos talento pudo ser un estereotipo habitual de la mujer fuerte del cine de acción.

La película no es del todo perfecta y es notorio el hecho que el limitado presupuesto obligó a Álvarez a tomar decisiones visuales y argumentales un poco apresuradas. Los espacios y lugares tienen una elegantísima puesta en escena, pero los trucos tecnológicos de Salander se quedan a medias (y en varias oportunidades, caen en inevitables anacronismos), por lo que su brillante talento para la recaudar información y enfrentarse al mundo virtual resulta por momentos poco creíble. Además, el guión tiene un especial interés en demostrar la fantástica capacidad intelectual de Salander, por lo que en el segundo tramo de la película — cuando la historia se hace más enrevesada y compleja y adapta mejor el libro — el personaje tiene frecuentes inspiraciones y epifanías deductivas casi sobrehumanas. Y aunque el argumento se esfuerza por dejar claro que Salander es imperfecta y un espíritu sufriente a su modo, tiene mucho más interés en mostrarla como una especie de salvaje fuerza urbana en busca de venganza. Por sorprendente que parezca, el subtexto feminista de los libros, se toca de manera rasante y casi por accidente, lo que deja la inmediata sensación que Salander está en medio de algo más complicado que debatir su propia identidad.

Por supuesto, Salander sigue siendo el centro de la historia, pero en esta ocasión, el personaje no tiene la sustancia suficiente como para expresar algo más que una especie de motor de la acción. Con su mirada dura, su esbelta silueta enfundada en cuero negro y medidas palabras, la Salander de Álvarez carece de la cuidada representación de su otro yo literario, pero sobre todo, de la profundidad psicológica que la convirtió de inmediato en un ícono de cierto tipo de personajes dentro de la literatura al estilo de Liu Cixin. El guión está obsesionado con el poder personal de Salander, su capacidad física e intelectual, sin el resto del entramado fundacional que la sostiene en los libros. Y aunque es evidente que “The Girl in the Spider Web” trata de mostrar a un nuevo tipo de héroe femenino, no lo logra del todo: Su heroína parece destinada a sorprender más que a resultar creíble y quizás, esa es la mayor falla de la historia.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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