Crónicas de la nerd entusiasta: De la víctima a la sobreviviente. Todo lo que el cine de terror aprendió de Laurie Strode.

El terror, la víctima y el miedo: Todos los rostros reflejados en la hoja del cuchillo.

Durante buena parte de su historia, el cine de terror dedicó su atención a las relaciones de poder y al miedo subvertido en una forma de dominación. Desde los primeros monstruos que atravesaban poblados para matar con las garras extendidas hasta los asesinos escondidos entre las sombras, la figura del mal subvertido en impulsos y deseos llevó a la pantalla grande un viejo tópico de la literatura: el de la tentación y el impulso homicida, rodeado por algo más duro de asimilar. La factoría Hammer, fue la primera en construir toda una industria basada en las viejas historias reconvertidas para un público ávido de emociones intensas y que encontraba placer en el miedo. Sus series de Drácula y otros monstruos terroríficos, iluminaron la pantalla hasta crear un lenguaje propio sobre lo que el miedo podía ser — y como podía concebirse — a través del vehículo extraordinario del cine. Después llegaron obras más elaboradas y concienzudas, concebidas para llevar al miedo a un nuevo terreno y una versión consistente sobre esa latente brutalidad intrínsecamente relacionada con el pensamiento del hombre en cualquier época. De nuevo, la víctima propiciatoria era una mujer joven, hermosa y físicamente atractiva, mientras que la sobreviviente, era el rostro vivo de la inocencia. Entre ambas cosas — y sus infinitas graduaciones — una moralidad atípica subvierte el orden de los cánones de terror en algo más esquemático. En una versión de la realidad convertida en una idea más elaborada y compleja.

La chica sobreviviente deja de correr: Halloween cuarenta.

Se trata de una anécdota conocida y repetida hasta la saciedad y que el libro “Lo mejor del Cine de los años ‘70” de la editorial Taschen recoge en su totalidad: Cuando John Carpenter dirigió la original “Halloween”, era un virtual desconocido que no tenía mucho que ofrecer a un Hollywood que aún no capitalizaba lo suficiente el género de terror y que, de hecho, parecía más interesado en colecciones de films de la serie B sin mayor impacto en el público real. Entonces Carpenter recibió una llamada del productor ejecutivo Irwin Yablans para ofrecerle el guión de una historia en apariencia simple y repetida hasta la saciedad: Un asesino sin rostro que comienza a asesinar chicas — de preferencia niñeras — hasta saciar su sed de sangre. “La idea me pareció terrible” diría después Carpenter en una entrevista con el crítico y editor Jürgen Müller “Pero quería grabar más películas, así que dije: ‘¡Genial!’”. El resto, forma parte de la historia del cine: En 1978 Carpenter filmó la primera película de una las sagas más exitosas de la historia y consagró al slasher como algo más que cine de explotación. Con su combinación de terror, crítica social, un retorcido sentido del humor y por supuesto, una interminable colección de asesinatos extravagantes, la película se convirtió no sólo en un éxito de taquilla sino en el comienzo de un largo legado del subgénero que perdura hasta la actualidad.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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