Crónicas de la Nerd Entusiasta:

¿Por qué “Crawl” de Alexandre Aja es un afortunado experimento cinematográfico?

El cine de terror atraviesa quizás su mejor época: buena parte de las propuestas de los últimos cinco años, son experimentos argumentales de sorprendente éxito que reconstruyen al cine de género y sus elementos más comunes. Algo de esa noción, está presente en el trailer de Crawl de Alexandre Aja, que juega a la peligrosa posibilidad de lo obvio: el minuto y un poco más de metraje, muestra lo esencial de la película. Se trata del ataque de cocodrilos gigantes. Nada más ni nada menos. Y quizás, ese sea el truco más ingenioso para describir una película en la que sin duda hay cocodrilos — y muy peligrosos — pero que también, es mucho más que una opereta de horror superficial. Aja convirtió una tradicional B movie en un magnífico ejercicio de estilo que elabora una versión sofisticada de la supervivencia y a la que dota de una atmósfera brutal de singular inteligencia. De modo que Crawl es exactamente lo que su trailer promete y a la vez, es mucho más que eso.

Con una premisa semejante, Aja tuvo que tomar decisiones audaces: no resulta sencillo sostener un guión basado en la tensión y el horror de momentos especialmente grotescos. Para la ocasión, el director de Haute tension (2003) crea un vinculo inmediato entre la imagen de criaturas de aspecto hiperrealistas y la percepción del peligro como una amenaza constante. Lo más asombroso en Crawl es la facilidad con que Aja dota de verosimilitud a un argumento que por sí solo, podría ser caricaturesco. Pero el director ordena las piezas narrativas hasta lograr una versión realista de pulcra efectividad de un desastre inaudito: Desde la tormenta de proporciones bíblicas a la que Haley (Kaya Scodelario) se enfrentará antes o después, hasta el mismo hecho del ataque de bestias por completo creíbles pero en un escenario desconcertante, Crawl es una apuesta a la cordura y a la suspensión de la incredulidad a través del buen uso de un discurso visual de enorme fuerza. Una y otra vez, Aja lidia con habilidad con el hecho de asumir que toda la película pende de un fino hilo que la separa de lo absurdo.

Crawl tiene el mismo ritmo frenético y lineal de películas de las recientes películas de género que basan todo su argumento en un único evento terrorífico: como en A quiet place (2018) de John Krasinski, en Crawl toda la acción transcurre en un único escenarios y en la piel de un par de personajes. El nudo argumental está construido para elaborar ideas complejas a través de una sola percepción de la amenaza y de la misma manera que en Get Out (2017) de Jordan Peele, hay una mirada intimista sobre el hecho del terror. Con sus tuberías sangrientas, su pareja de personajes aterrorizados pero sobre todo, la atmósfera abrumadora de una tragedia que se hace más compleja e insoportable por momentos, la película de Aja es un tributo a la percepción del peligro inminente como una conclusión de ideas en apariencia obvias. El guión — escrito por el mismo Aja con la colaboración de los hermanos Michael y Shawn Rasmussen — es una cuidadosa reinterpretación de lo terrorífico a partir de una premisa violenta: la supervivencia de los personajes depende de su capacidad para enfrentar una situación en condiciones extremas que desde la primera escena, es evidente tienen poca oportunidad para enfrentar.

Por supuesto, se trata de un experimento osado: Aja debe encontrar un punto medio entre el discurso estrafalario — y muy semejante a la ciencia ficción basura de las ya clásicas Sharknado ( Anthony C. Ferrante — 2013) y Lavalantula ( Mike Mendez — 2016) — para crear un medio narrativo efectivo que apele al terror en estado puro. La combinación de ambas cosas, sostiene un extraño híbrido argumental que aunque tiene momentos bajos, disfruta de otros tantos brillantes y de asombrosa originalidad. Craw” es una película serie B que no oculta que lo es, pero también una autoconsciente reflexión sobre las formas en que la amenaza y el peligro pueden moldear la realidad. Los momentos absurdos — que los hay y en ocasiones, son el punto bajo del argumento — se entremezclan con los más elaborados, hasta lograr una hábil mirada sobre lo terrorífico basado en lo caótico. Mientras los personajes se enfrentan a la tormenta que arrasa con todo a su paso, a los cocodrilos que les acosan y sus propias limitaciones físicas, el nudo argumental se hace más rico y bien construido. Nada en Crawl es casual y es ese notorio control de Aja sobre los vaivenes de la historia, lo que permite que la película fluya con facilidad en terrenos tan dispares como el horror, el humor y las precisas referencias a las disaster movies, de las que bebe todo tipo de símbolos y trucos narrativos.

El guión está repleto de lugares comunes, frases cursis y todo tipo de escenas absurdas, pero aún así, también tiene la capacidad de sostener el interés gracias a que Aja se toma el nudo central de la acción como una gran reivindicación del caos. Todo lo que puede salir mal, saldrá mal y Aja lleva esa correlación de ideas a un nivel desenfrenado. Los personajes actúan de manera estúpida y se comportan de forma atolondrada la mayor parte del tiempo. De pronto, el torbellino de la tragedia se confunde con un aluvión de escenas que en manos menos hábiles, podrían resultar auto paródicas o por completo ridículas, pero que Aja cohexiona para construir un sentido irónico de la tragedia. Con su habitual estilo gore, Aja va de escenas en que el guión rinde tributo a cierta ambivalencia notoria en las películas de terror de los últimos diez años a otras, en la que la tensión efectiva lo es todo. El miedo es un accesorio efectivo para enlazar ideas contradictorias — mientras el dúo de personajes centrales atraviesa Florida en plena catástrofe, hay momentos para el afecto y conversaciones privadas — pero lo logra con tal eficiencia que Crawl se transforma en una mirada a una surreal forma de terror, emotivo y crudo. Todo a la vez.

Pero más allá de todo eso, Crawl es una travesía de ritmo apresurado por un tipo de tensión argumental que rara vez se logra en películas con recursos tan limitados. Aja cuidó que sus cocodrilos fueran amenazas inquietantes, escondidas o disimuladas bajo aguas revueltas, la oscuridad o escombros. También, que la tormenta que usa como contexto, fuera una circunstancia violenta en sí misma, tanto o más que las criatura al acecho. Combinadas, tanto una cosa como la otra, recorren una versión de las disaster movie que tiene claras connotaciones terroríficas: Mientras Haley trata de proteger a su padre del ataque de los inverosímiles cocodrilos, también debe luchar contra la tormenta y sus consecuencias. Ambas dimensiones de la tragedia dialogan para crear un escenario complejo que más allá de las sangrientas mutilaciones y los gritos de terror, tiene un trasfondo complejo que funciona de manera perfectamente estructurada, sin que los sobresaltos y la provocadora premisa del miedo transmutado en algo apenas creíble, resulte artificial.

Además, Crawl juega de manera inteligente con los roles en las películas de terror: Haley rompe el estereotipo de la final girl y es de hecho, el motor central sobre la que descansa el argumento. Como nadadora experta, el personaje no necesita de ayuda de nadie más para atravesar las calles y casas medio sumergidas. De hecho, el guión no parece particularmente interesado en el hecho que Haley sea una mujer: para la acción, lo realmente resaltante es a lo que se enfrenta y cómo lo hace, un matiz que Aja maneja con inteligente sutileza.

En un extraño giro de promoción, Crawl mantuvo el embargo de los críticos hasta casi el día de su estreno, lo que hizo suponer que era más que probable que se tratara de una película con graves problemas de estructura y dirección. Pero en realidad, Aja sólo trató de proteger lo más importante en el argumento de Crawl: su capacidad para sorprender y desconcertar. La película es un cóctel de sobresaltos y también, una bien medida travesía a través de una historia tramposa cargada de dobles sentidos y trucos narrativos. De pronto, es evidente que Aja cuenta la historia de un desastre monumental pero utiliza los elementos propios del terror para hacerla más efectiva. A partir del primer tramo — sobre todo, el hilo de secuencias que establecen la relación entre Haley y su padre — las inteligentes decisiones del director construyen un trayecto claro acerca de cómo la película analizará el miedo y sus repercusiones. De la misma manera que la modesta Burning Bright (2010) de Carlos Brooks — en la que un tigre ataca a una mujer atrapada en una casa — Aja utiliza la imposibilidad como un vínculo para analizar el desastre en sus repercusiones más inmediatas. Pero mientras Brooks perdió el pulso y la coherencia de su película muy pronto, Aja logra encontrar una forma de recombinar ideas sobre el peligro, la amenaza y lo terrorífico bajo un cariz trepidante.

Crawl tiene un tiempo de ejecución muy corto (apenas 87 minutos), lo que permite que Aja presione y deba resolver los conflictos mayores del guión todo lo deprisa que pueda. Ese sentido de la premura brinda a la película un aire frenético, violento y pertinaz que tiene mucho que ver con la economía de recursos que el director aprendió del cine independiente. Y aunque el director sigue sin llegar a los momentos más brillantes de High Tension, en Crawl encuentra una buena forma de recordar por qué fue considerado una de las promesas del cine de terror.

Al final, Crawl es una gran treta de inesperada solidez: tiene el humor de la fallida Piranha (2010) y la destreza de Aja para utilizar lo horripilante como punto de partida para algo más enrevesado. Pero sólo se trata de una trampa mordaz que aterroriza con buen sentido del impacto visual y se burla de las películas a las que involuntariamente rinde tributo. Para Aja, es el regreso a algo semejante a sus mejores momentos. Para el cine de terror, un nuevo ejemplo de la interesante transición que en la actualidad disfruta el género hacia algo más complejo. Una combinación suficientemente efectiva para convertir la película en una pequeña y agradable sorpresa cinematográfica.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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