Crónicas de la nerd entusiasta:

Nace un nuevo clásico del cine de género: “US” de Jordan Peele.

Durante la última década, el cine de terror tomó un cariz entre lo filosófico y lo artístico, en una búsqueda de significado que incluye simbolismo diverso, una vuelta tuerca a la mitología y al terror folclórico, pero sobre todo, un cuestionamiento existencialista que ha brindado al género una desconocida profundidad. No sólo se trata hablar del miedo — o qué nos asusta — sino encontrar una dimensión por completo alternativa a la posibilidad de la mente humana como parte de un diálogo entre la oscuridad interior y la que nos rodea. De modo que entre payasos inquietantes, cementerios malditos, extrañas sectas paganas y toda una pléyade de propuestas relacionadas con nuestros más profundos terrores, el miedo como fuente de inspiración cinematográfica alcanzó una nueva visión sobre lo humano que sorprende por su efectividad.

Jordan Peele lo sabe. Su aclamada “Get Out” (2017) tuvo la osadía de mezclar los elementos habituales del género de terror con un sustrato social que convirtieron a su argumento en una sorpresa para la crítica y el público. Su mirada inteligente y cínica sobre el problema racial estadounidense y el discurso invisible sobre lo terrorífico amparado bajo lo cotidiano, elaboró una nueva versión del terror que no sólo tocó matices originales, sino que se sostiene sobre la capacidad dúctil del género para dialogar con lo social. El miedo es algo más que lo que sobresalta y para Peele, es también un reflejo de lo inaudito de lo cotidiano, una combinación de elementos que convirtieron su primera incursión en el cine de terror en un éxito de taquilla y público. Con “Us” Peele repite fórmula pero a la vez, añade poder a la tensión interna de una película que basa su efectiva en lo sobrenatural y también, en la forma en que logra que el público confronte su propia identidad con algo más inquietante y duro de digerir. Porque “Us” es un dilema indisoluble y también, una batalla singular contra la percepción. Y en medio de ambas cosas, existe un vinculo que crea y sostiene una mirada aterradora sobre el individuo. Porque Peele ya no elabora una hipótesis sobre el temor enraizado en nuestros prejuicios más asimilados, sino algo más peligroso. Se pregunta y casi con descarnada dureza, sobre los elementos que nos definen pero también, crea la percepción insular del bien y del mal como una forma de aniquilar al individuo. Al final “Us” mira a la mente humana como un gran espacio en la oscuridad, en la que nuestra noción acerca del absurdo parece directamente relacionada con una perversa violencia.

Para “Us”, Peele regresa a terreno conocido: el guión se desarrolla en el ámbito de lo cotidiano y el terror surge de una historia en apariencia sencilla, que se hace más turbia y terrorífica a medida que las piezas se unen en un paisaje concreto. De nuevo, el director (que también repite como guionista), analiza la percepción sobre la realidad y la fantasía para acentuar la convicción que el terror se encuentra en lugares inesperados, pero además, los más inofensivos. Mientras que en “Get Out” Peele reflexionaba sobre el individuo y utilizaba el recurso de los cuentos clásicos eslavos sobre posesiones y monstruos capaces de dominar el cuerpo ajeno, en “Us” el símbolo del Doppelgänger o el doble maligno, toma una connotación que abarca toda la historia para convertir el conflicto, en un extraño nudo de emociones, contradicciones y un ensayo muy poderoso sobre el horror como parte de la psiquis individual. “Us” no toca temas sociales — no directamente o no al menos de la forma evidente en que lo hizo “Get Out” — sino que reinventa la mirada sobre la conducta y la esencia de la identidad para englobar lo terrorífico. ¿Quienes son los monstruos que habitan en nuestro interior? ¿De qué se alimentan? ¿Cual es el hilo conductor que vincula nuestros terrores con algo más violento, peligroso y devastador? La película de Peele no toma concesiones y del país dividido en un sesgo hipócrita que dibujó en “Get Out, crea en “Us” una exploración existencialista incluso más aterradora. El monstruo está dentro de nosotros y es más cruel de lo que jamás nadie podría haberlo imaginado.

Por supuesto, no es una imagen nueva. El otro yo temible ha sido analizado en innumerables ocasiones tanto en la literatura como en el cine, sólo que para la ocasión Peele encontró la forma de mezclar el concepto del reflejo tenebroso con lo cotidiano. Ese subterfugio que se ha hecho tan habitual en el cine, de ocultar los terrores en los espacios conocidos, sublimado hasta límites perversos. Peele toma la fórmula del Doctor Jekyll y Hyde — el doble psíquico enfrentado en una dualidad casi cruel — y la transforma en una alegoría al mal y al bien construido a partir del núcleo familiar. Una novedad que transforma la película entera en una análisis involuntario de nuestra época. Mientras que Hereditary de Ari Aster meditaba con cuidado sobre las rupturas del dolor y el luto, Peele recorre el hilo contrario y mira lo tenebroso como el reflejo de un espejo convexo en el que cada miembro de una familia de cinco es la arista de una historia de terror por completo distinta. Juntos, crean un espacio alternativo en el que el horror se construye eslabón tras eslabón. Por separados, son facetas de una aproximación caleidoscópica al horror como expresión de la naturaleza humana.

El argumento tiene un sentido circular: el horror tiene un origen y Peele lo presenta como una correlación de pequeños hechos que en un principio, no parecen tener una verdadera conexión entre sí. “Us” comienza con un viaje temporal a 1986, en medio de un parque de diversiones corriente en California. Para la ocasión, Peele utiliza su rico ideario como director que sabe economizar recursos y utiliza la cámara subjetiva como una mirada hacia lo absurdo. Contemplamos el mundo a través de una niña que camina entre las atracciones y desde ese punto de vista diminuto — en donde el mundo parece muy grande y elaborado en pequeños cuadrículas simétricas. La niña va de un lado a otro, descubre pequeños espacios desconocidos del parque pero a la vez, parece desdoblarse. Por momentos, su imagen parece dividida en dos aspectos del yo y también, en la simple figura de una niña frágil y algo más tenebroso que se analiza en pequeñas piezas singulares. Una manzana roja parece dotar a la escena entera de un simbolismo inquietante: enorme y reconocible desde la perspectiva del personaje, parece englobar el misterio y sobre todo, su relación con el conocimiento. La trama avanza y la niña — y la manzana roja — flotan en medio de una serie de sucesos inexplicables que mezclados, parecieran ser el génesis de lo ocurrirá después. ¿Pero lo es?

El espectador es incapaz de enlazar las ideas de inmediato pero Peele utiliza esa confusión, para sostener la tensión la trama, que se hace más densa a medida que atraviesa una pulcra narrativa. El siguiente tramo de la historia nos muestra a los Wilson, una familia de cuatro miembros cuya mayor cualidad es sin duda su corriente pasividad. Adelaide (Lupita Nyong’o) y Gabe (Winston Duke) crean un binomio helado y circunstancial, que tiene algo de la tensión remanente de la visión sobre Jack y Wendy Torrance de Kubrick. De la misma manera como los personajes centrales de “El Resplandor”, en “Us” la familia atraviesa un largo espacio que les separa violentamente de lo cotidiano para llegar a lo que evidentemente, es un espacio fuera del orden y la realidad tal y como la conocen. La película no lo deja claro y toda la especulación proviene de la perpetúa mirada objetiva que crea una atmósfera extrañamente enlazada con el tiempo y el vinculo familiar. Mientras todo esto ocurre, Peele utiliza todo tipo de pequeñas referencias a cine de terror de género, pero sin llegar al punto del miedo en estado puro. En realidad, Peele parece más interesado en establecer la frialdad y la descarnada percepción del bien y del mal que manejará más adelante en la película, que en asustar. Pero a pesar de eso, la atmósfera se hace más tensa, más dura y angustiosa. Una rara pieza de arte que encaja dentro de una turbia percepción del miedo.

Claro está, en “Get Out” también analizó la dualidad y los dobles de cuerpo — y espíritu — pero lo hizo, desde un plano de dura crítica sobre la identidad escindida y la percepción de lo moral como frontera entre lo que creemos y asumimos como real. En “Us” la historia es por completo distinta, a pesar de las posibles similitudes: el doble en esta oportunidad está construido a la medida del miedo como una expresión inconsciente pero también, como una amenaza que se entrelaza y se vincula una percepción más amplia de la circunstancia que cuenta. Los Wilson deberán enfrentarse a lo inexplicable y lo terrorífico, pero también a una idea más inquietante de su propia existencia. Cuando la familia encuentra a un grupo de ¿dobles? ¿Reflejos? ¿Espectros? en mitad de su viaje de vacaciones, deberá luchar contra lo sobrenatural que a la vez, es una parte de su propia historia. Porque el grupo de asesinos con aspecto idéntico al suyo, miradas fijas y con un enorme comportamiento violento, representan algo más que una criatura temible. Es entonces cuando Peele muestra todas sus cartas y convierte a la película en una serie de dimensiones aleatorias sobre una idea concreta: ¿Quienes somos, más allá de las máscaras habituales? ¿Qué se esconde en medio de los renglones rotos y desestructurados de la criatura que simboliza algo más firme que el miedo?

Al miedo del doble inexplicable, Peele añade el del terror a la invasión del hogar que películas como “Los Extraños” (2008) de Bryan Bertino convirtieron en una especulación sobre el terror puertas adentro de lo doméstico. “Us” crea un extraño híbrido entre el slasher, el miedo como sustento a la escena, pero también una serie de ramificaciones que se yuxtaponen entre sí para elaborar algo más duro de asimilar. Peele sabe que el miedo a la propia mente es incluso más temible que el que provoca un enemigo real, por lo que la película evoluciona en pequeños estratos de información compartimentada que convierten cada escena en un cliffhanger por sí mismo. Peele como guionista tiene una asombrosa habilidad para los juegos de líneas que van de un lado a otro de la historia, en una constante y rápida simetría. Nada es al azar en el tablero de juegos de Peele, extraordinario y bien planteado. Su habilidad para el terror radica no sólo en los juegos referenciales sino también en la positiva construcción de un andamiaje que elabora algo más profundo. Quizás la verdadera raíz del miedo.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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