Crónicas de la nerd entusiasta:

Diez películas de horror folclórico para ver si amaste Midsommar de Ari Aster.

Häxan:la brujería a través de los tiempos de Benjamin Christensen (1922)

Es quizás la película más antigua de todas sobre el tema y también, una de las pocas que analizó la brujería y el horror folk desde una perspectiva pseudocientífica. Obsesionado no sólo con las leyendas populares sino también con el célebre Malleus Maleficarum, Christensen creó un estudio visual sobre la superstición, el temor y la ignorancia que llevó a la histeria de la cacería de brujas en la Europa Medieval y además, construyó el mito de la bruja tal y como lo conocemos en la actualidad.

Andrei Rublev de Andrei Tarkovski (1966)

Con tinte biográfico, Andrei Rublev es una recreación acerca de la vida y obra del pintor Ruso del siglo XV, que atraviesa la Rusia medieval en medio de dolores y sobre todo, asombrosas experiencias místicas que alimentan su divina devoción. Rublev, que además de uno de los más renombrados pintores de iconos de su época fue considerado un modelo de Santidad, es también testigo de excepción de las tentaciones que hieren a su tierra natal, encarnadas en la figura de un tipo de horror misterioso sin nombre u origen aparente. Por ese motivo, Tarkovski recurre a todo su talento visual para crear uno de las recreaciones más verosímiles e impactantes de un aquelarre en medio de un bosque. Como la contradicción exacta a la bondad y pureza de Rublev, Tarkovski crea una escena de puro libertinaje cuya mayor trascendencia consiste en simbolizar una rebelión salvaje contra un sistema cruel que no agrede e infravalora al individuo. Sin caer en maniqueísmos habituales, Tarkovsky brinda a la brujería una simbología específica: esa meditada decisión de enfrentar al poder a través de lo visceral, lo violento y lo doloroso.

Blood on Satan’s Claw de Piers Haggard (1971)

Una de las películas en las que el horror folk se analiza desde una óptica siniestra emparentada con la metáfora del mal ambiguo. El argumento sencillo — basado en un puñado de leyendas orales irlandesas — cuenta la historia de una extraña reliquia con todo tipo de poderes inexplicables. Con un perturbador elemento simbólico, el memorable argumento maneja de forma ingeniosa los habituales temas de la posesión y además, añade el tema de la represión religiosa. El resultado es una extrañísima visión sobre la tentación, el miedo, las pulsiones primitivas y sobre todo el deseo — sexual y hedonista — como catalizador de algo mucho más perverso. Ambientada en un pueblo agrícola inglés del siglo siglo XVIII, Blood on Satan’s Claw sentó las bases para la forma en que el Horror folk analiza la capacidad de la mente humana para interpretar lo sobrenatural y adjudicarle significado: en la película el mal se propaga como una pulsión invisible, más relacionada con los “pecados” de sus habitantes que por un verdadera vínculo con lo sobrenatural. Los sacrificios humanos, los rituales paganos y por último, la violencia extrema forman un cuidadoso entramado alrededor de la mirada central de la película sobre la oscuridad en la naturaleza humana.

The Wicker Man de Robin Hardy (1973)

La película fundacional del Horror folk tal y como lo conocemos en la actualidad, es una perturbadora combinación de simbolismo, suspenso y una crítica solapada a los prejuicios culturales, todo bajo la inquietante pátina de una sólida y bien construida película de terror. Es además, una mirada singular acerca del hecho del culto y el ritual, a los que agrega una percepción inmediata sobre su influencia sobre el comportamiento del hombre. El misterio es una forma de temor y también, una connotación ideal y temible sobre lo que espera en la oscuridad de nuestras obsesiones y perversiones.

Los creyentes de John Schlesinger (1987)

A pesar de su aparente tono de película policíaca al uso, “Los Creyentes” es en realidad una búsqueda muy meditada del terror, el origen de lo que asumimos por creencia y sobre todo, la capacidad del hombre moderno para comprender ideas ancestrales como lo son la fe y el miedo. El guión maneja todo tipo de clichés de películas al uso, pero también analiza a profundidad los mecanismos que hacen posible que la idea de la magia aún mantenga cierta influencia en la psiquis colectiva. Y es quizás esa combinación de tono tradicional y un análisis más enrevesado sobre lo que la magia y lo desconocido pueden significar, lo que crea el ambiente malsano y extravagante que sostiene el metraje entero. A pesar que el director Schlesinger no maneja con suficiente habilidad las rápidas transiciones entre las típicas concesiones del género — los estereotipos y los lugares comunes de la película amenazan su solidez — hay una cierta conciencia sobre esa comprensión de lo oculto como una parte intrínseca de la psiquis humana. Una y otra vez, el argumento elabora ideas consistentes de la influencia de lo que tememos — o mejor dicho, lo que nos infunde miedo — para crear una atmósfera malsana e inquietante que la película conserva hasta su inesperado final. Poco conocida y confundida entre cientos de propuestas parecidas, “Los Creyentes” tiene la osadía de cuestionarse a sí misma y su endeble entramado de símbolos. Todo un acierto que le brinda una inesperada honestidad.

El árbol de enebro de Nietzchka Keene (1990)

La película es una pequeña joya del simbolismo y la recreación de la metáfora como elemento primordial para la comprensión del espíritu humano. Protagonizada por una jovencísima Björk, la película se analiza así misma desde una distancia prudencial: nada es lo que parece en este trayecto existencialista que recorre el arquetipo de la bruja buena y mala a través de una concepción nihilista de la moral. Con una inteligente visión narrativa, Keene se hace preguntas sobre la profundidad del poder que se ejerce a partir del deseo, la voluntad y la promesa. Analiza las relaciones de poder entre la figura de la bruja tradicional — encarnada por una Madre que jamás vemos y quien fue asesinada al comienzo de la historia — y su percepción como elemento de dominación. Resulta desconcertante la manera como la narración se desenvuelve a través de esa noción de la bruja como seductora y también, como doncella confusa en busca de su redención. Entre ambas cosas, la película se sostiene gracias a un inteligente uso de los recursos visuales — largos planos secuencia que muestran paisajes desolados, primeros planos en el que el rostro de la bruja es un reflejo exámine de lo que le rodea — pero sobre todo, por una tensión que se construye en el silencio. Una concepción ancestral y primitiva sobre el poder y también, una búsqueda de respuestas que jamás llega a cristalizarse. Quizás el acercamiento más poderoso al arquetipo original de las hermanas mágicas que se ha filmado hasta la fecha.

La bruja de Blair de Eduardo Sánchez y Daniel Myrick (1999)

La figura de la bruja envuelta en el manto del horror folk entra de lleno al siglo de la tecnología y lo hace a través de una propuesta mínima que medita sobre el origen del miedo, el mal y la superstición. Pionera en el género del Found Footage, “La Bruja de Blair” analiza a la bruja desde su vertiente más tenebrosa. La interpretación atávica de la figura despiadada crea no sólo una percepción sobre el mal originario sino además, se mezcla con toda una serie de mitos y reinterpretaciones del dolor, la amenaza y el peligro del horror. Hay un ingrediente crudo y directo en esta sencilla alegoría al terror ciego, al que provoca las manifestaciones de lo sobrenatural que no podemos ver sino tampoco, comprender. Con el sencillo recurso de la grabación de vídeo, Sanchez y Myrick lograron replantear el terror desde lo básico. La bruja — o mejor dicho, lo que creemos sobre ella — parece sólo la excusa para una puesta en escena cruda y original. La película avanza a medida que el terror se hace más instintivo y primitivo: los protagonistas intentan defenderse de una fuerza de la naturaleza invisible, que lo acosa y por último, atacará sin que puedan evitarlo. Las escenas se desdibujan en la oscuridad, mientras las víctimas atraviesan un bosque en sombras entre gritos y llantos. Es entonces cuando la película se convierte en un profunda metáfora acerca lo que nos atemoriza o mejor dicho, lo que crea una noción sobre el miedo más allá de toda sofisticación. La oscuridad en contra de la luz, el triunfo del terror en estado puro y al final y la trama cinematográfica como ritual.

The Witch (Dir. Robert Eggers, 2015)

A estas alturas, nadie duda que el film “The Witch” del director Robert Eggers es quizás una de las mejores películas de terror de la última década. No sólo se trata de una vuelta de tuerca al género sino además, una renovación del lenguaje simbólico acerca el miedo. No obstante, quizás el mayor logro de la película es abandonar los clichés fílmicos habituales sobre la bruja, la magia y la brujería para crear algo por completo distinto y poderoso. Fiel exponente del terror Folclórico, “The Witch” evita los terrenos habituales del cine de género y bebe en tradiciones judeo cristianas para sostenerse, creando una atmósfera creíble donde el espíritu — esa agreste, tenebrosa y espesa visión del bosque atávico — se impone sobre la naturaleza.

El ritual de David Bruckner (2017)

Basada en la novela de Adam Neville del mismo nombre, la película de David Bruckner es una inusual reflexión sobre la pena y el trauma, usando el terror como inevitable metáfora. Por supuesto, no se trata de una propuesta novedosa, mucho menos original, pero aún así logra sostener un lenguaje visual y argumental sólido. Brucker (conocido por la excelente “Noche amateur” de V / H / S), analiza los códigos del género de manera inteligente y precisa, por lo que el terror psicológico tiene un alto ingrediente de poder emocional y una inusual capacidad para conmover. El guión avanza con buen ritmo, en medio de una puesta en escena sobria, minimalista y una línea argumental que resuelve con tino con los constantes flashbacks y el terror sugerido que sostiene el discurso. Hay escenas de enorme solidez — como el brutal robo que abre la película — hasta la persecusión del tramo final, enmarcado en una inteligente progresión de la tensión que sostiene el argumento entero. El guión es una mezcla de viejos tópicos, distribuidos y reelaborados con elegancia y sobre todo, una consciente percepción de la efectividad de los tradicionales trucos del cine de terror.

The Witch in the Window de Andy Mitton (2018)

En un género lleno de películas que analizan las peculiares relaciones del dolor emocional y el miedo a través del terror, The Witch in the Window de Andy Mitton, lleva la propuesta al terreno de lo analítico basado en un simbolismo difuso y sustentado sobre el hecho de humanizar no sólo los lugares que habitamos, sino las huellas que dejamos en cada uno de ellos al morir. Una idea extravagante que la película explora con delicadeza y enorme buen gusto: La casa embrujada de Mitton no sólo alberga fantasmas (que lo hace) sino también, los dolores, pesares y horrores de una larga sucesión de pequeñas y grandes desgracias atrapadas entre las paredes de la en apariencia inofensiva construcción. Basada en la atípica y tibia relación entre un hombre y su hijo (casi desconocidos entre sí), The Witch in the Window recorre lo esencial del miedo a los lugares misteriosos desde una perspectiva inquietante: La vieja Granja en Vermont en que la transcurre la trama es si misma un personaje y son sus espacios siniestros y sombríos, los que brindan un sentido de extraña complejidad al mecanismo del miedo que se pone en marcha una vez que la pequeña familia intenta restaurarla. El terror es una combinación entre lo que se esconde entre las paredes a punto de venirse al suelo y la presencia que se manifiesta, como una parte indivisible de la casa como estructura. Escena tras escena, Mitton logra crear una sensación terrorífica sobre la casa como centro de todos los horrores en la oscuridad y a la vez, refugio de los dolores de quienes le habitan. Una combinación clásica que sin embargo en The Witch in the Window toma un cariz por completo inesperado.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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