Crónicas de la Nerd entusiasta:

Un Drácula para todas las generaciones: Un repaso por la historia.

La muerte, el silencio, el secreto:

En la novela de Stephen King El Misterio de Salem’s Lot, la naturaleza del vampiro se transforma en una infección que se esparce por la Norteamérica rural con la velocidad de una peste silenciosa. De hecho, el autor se regodea en la posibilidad de una tragedia a pequeña escala que ocurre detrás de las persianas y cortinas cerradas de un pueblo corriente. En uno de sus capítulos más inquietantes, el autor declara que “El pueblo ha muerto, pero nadie lo sabe” y comienza la descripción de la forma como la sed de sangre — y el monstruo que crea — se extendió en todas direcciones como un hilo carmesí que convierte a las víctimas no sólo en potenciales monstruos, sino testigos impotentes de algo más perturbador y violento.

Y para la nueva generación, un nuevo vampiro.

El Drácula interpretado por el actor Claes Bang, no es una figura lóbrega, sufriente y martirizada por su pasado. En realidad, es una criatura plena de poder, llena de energía intelectual y sexual, pero sobre todo, es un personaje inclasificable. La enésima versión del vampiro más famoso de la literatura, llega a la televisión desde una perspectiva tan fresca como atractiva: Es un monstruo, pero también es un hombre brillante — y no, no hay que preocuparse que lo sea como el olvidable Edward Cullen — que tiene en mente un gran plan. Desde esta noción de la ambición, la narración a base de Flashbacks de Steven Moffat y Mark Gatiss es un nuevo rostro para el mal en estado puro, pero también, una búsqueda exhaustiva de la raíz de lo que consideramos monstruoso.

El rostro del misterio.

Decía Paul Barber — investigador del folclor de los vampiros del Museo Fowler de Historia Cultural en la Universidad de California — que los vampiros “son el rostro del mal que se transforma siglo con siglo”. Un planteamiento interesante que parece resumir esa visión de lo maligno — y del monstruo — como un reflejo de la sociedad que le crea, le protege y le teme. Y no obstante el vampiro, como símbolo de la aspiración elemental del hombre por la eternidad y más allá, de esa tentación del mal en estado puro, parece incluso trascender a esa idea: Tal vez por ese motivo, el mito del chupador de sangre ha formado parte de los temores y misterios del hombre durante casi toda su historia. Un monstruo a su imagen y semejanza, una criatura capaz de reflejar lo que somos y también, lo que tememos ser.

Drácula, de Bram Stoker: la consagración del Vampiro

Por supuesto, las leyendas sobre vampiros y otras criaturas similares forman parte de todo tipo de ciclos mitológicos alrededor del mundo. No sólo se trata de una mirada a la búsqueda de la inmortalidad a través de la visión escindida del bien y del mal, sino un análisis persistente sobre la naturaleza humana y su relación con violencia. Y Drácula — personaje inmortalizado en la novela del mismo nombre del escritor Bram Stoker publicada en 1897 — es quizás el símbolo más notorio de la intrincada visión de la cultura occidental sobre lo desconocido, la incertidumbre de la muerte e incluso, el erotismo. Detrás de lo que a primera vista podría interpretarse como una tradicional historia gótica, hay toda una poderosa visión del símbolo de la sangre como una forma de trascendencia — una idea tan antigua como persistente en diversas culturas — y también de la percepción de la violencia como una expresión de poder. También se trata de una revisión a la noción acerca de lo sobrenatural de una Europa recién liberada del oscurantismo, la superstición y el miedo cultural. Como obra, Drácula no sólo reflexiona sobre las usuales preguntas existenciales tan en boga en una época positivista sino que además, profundiza en cuestiones de profundo valor incidental para la comprensión intelectual de la época en que fue publicada.

¿Realmente Drácula fue Vlad el empalador?

Se ha especulado con frecuencia que el personaje de Drácula está basado por completo en la figura del Príncipe Valaco del siglo XV, Vlad el empalador. No obstante una revisión del texto sugiere que Stoker no sólo se basó en la siniestra figura del personaje histórico — y símbolo de poder rumano — sino también en diversas leyendas del folclore irlandés, para crear un híbrido intelectual entre ambas visiones del monstruo bebedor de sangre. El punto de vista de Stoker sobre el vampiro, parece más relacionada con la agresivo concepto de la sangre y la lucha contra la inmortalidad entremezclada con nociones de magia y brujería, que la simple percepción de una controvertida y oscura figura medieval. Para Stoker — que tenía un especial interés por el ocultismo y otros temas herméticos — era de especial interés revestir a su novela con cierto sustrato esencial sobre la reflexión de la vida y la muerte como etapas del ser y más allá de eso, una dimensión por completa nueva sobre la comprensión de la moral y lo sexual. Meses después de la publicación de la novela, se sugirió que la historia había sufrido todo tipo de censuras y revisiones, hasta llegar al manuscrito levemente edulcorado y con toques románticos que llegó al público y a las librerías. Una versión que Stoker jamás desmintió — tampoco confirmó — y que hizo correr ríos de tinta sobre las verdaderas intenciones del escritor con respecto a su historia más conocida.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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