Crónicas de la Nerd entusiasta:

Brillo, balas y navajas: Birds of Prey (and the Fantabulous Emancipation of One Harley Quinn) de Cathy Yan.

En más de una ocasión, el personaje de Harley Quinn ha provocado polémica por el hecho de resultar indefinible y más allá de eso, incómodo en medio de un lenguaje basado en extremos, como lo es el cómic. Creado por Paul Dini y Bruce Timm, hizo su debut en el mundo animado en Batman: The Animated Series en septiembre del 1992, en el cual se esboza a grandes rasgos su historia sin que aún se defina por completo su tono e importancia dentro del argumento. Más tarde, apareció en el Universo del hombre murciélago en The Batman Adventures #12 (septiembre de 1993) gracias a lo cual, se convirtió en habitual dentro del mundo de la casa editorial y pasó a engrosar su siempre creciente número de personajes. Desde entonces, esta “villana” ambigua parece ser un controvertido estereotipo a mitad de camino entre los prejuicios y un complejo análisis sobre ideas más complicadas sobre lo femenino, el origen de la locura y el mal.

Harley Quinn no puede conceptualizarse de manera sencilla, a pesar de su aspecto tópico. No sólo es una villana al uso, ni tampoco una víctima clásica, un arquetipo hipersexualizado sin más o un icono femenino dentro del mundo del cómic. Como estereotipo, el personaje intenta construir un mensaje propio y sobre todo, crear un reflejo de la realidad distorsionada al servicio de la historia que cuenta. Pero además de eso, Harley Quinn es el reflejo conjuntivo de quizás uno de los personajes claves de DC comic, como lo es el Guasón. De manera casi accidental Harley Quinn permite no sólo ampliar el universo sensorial y cognitivo de una de las creaciones más interesantes del mundo cómic, sino a la que vez resulta un involuntario puente entre el mundo del Guasón — como personaje — y el espectador. Por primera vez desde su creación el Guasón puede comprenderse más allá de la infinita soledad de la violencia y la crueldad. Y ese quizás es el elemento más importante para comprender a Harley Quinn como algo más que un mero accidente argumental dentro del mundo del cómic.

De hecho, el personaje podría catalogarse como un nuevo intento para analizar la maldad desde el mismo punto de vista contradictorio del Guasón, agente del caos y a la vez némesis de la torturada conciencia de Batman. De ser una referencia limitada sobre el Guasón como prisionero e incluso un recurso argumental para mostrar su capacidad manipuladora, la figura de Quinn evoluciona en la novela gráfica “Mad Love” de Paul Dini, que profundiza y redimensiona a Quinn hasta incluirla dentro del mundo del Guasón. En Mad Love, además se analiza la figura de Harley no sólo como pareja incidental del Principe Payaso, sino como un reflejo de la capacidad del personaje para herir, manipular y justificar la crueldad a través de una serie de ideas sobre su naturaleza violenta. Bajo la premisa Moore (que analiza al Guasón como némesis pero también una proyección contradictoria del bien ambiguo que Batman intenta representar) Harley Quinn se presenta como una percepción de los matices de un tipo de maldad que se percibe absoluta y plana. No se trata sólo de la capacidad del Guasón para enfrentarse al “bien” encarnado por su archienemigo, sino las infinitas variaciones del “mal” que simboliza. Porque más allá de su figura como némesis de un personaje pretendidamente heróico, El Guasón es una reflexión sobre lo esencial de la resistencia a toda idea moral y personal. Una búsqueda más o menos consciente de la posibilidad de la crueldad como parte de la naturaleza humana.

Para su primera aparición en el cine como parte del argumento de Suicide Squad (2016), el director David Ayer decidió que el personaje sería una combinación de la salvaje antiheroína del cómic y también, de la amante obsesiva del Guasón. Entre ambas cosas, su figura ambivalente, tendría que atravesar la prueba de fuego de sostener una línea argumental por si sola. Además, la combinación exigía una interpretación a mitad de camino de un marcado rasgo caótico y algo mucho más complejo relacionado con un tipo de violencia latente. La actriz australiana Margot Robbie asumió el reto y no sólo construyó un personaje que se convirtió en el centro de un argumento deslucido y desordenado, sino que además, demostró que Harley Quinn tenía la suficiente potencia para sostener una historia sobre sus en apariencia frágiles hombros. A pesar del desastroso guion del film y de las críticas de todo tipo que recibió, la actuación de Margot Robbie resultó sorprendente, vital y una reinvención plena de una extraña forma de poder femenino en medio de un argumento mediocre y poco consistente.

Tal vez por ese motivo, no sorprenda que Harley Quinn regrese (de nuevo encarnada por Margot Robbie) y sobre todo, lo haga en una película atípica que celebra no sólo al personaje, sino su rarísima evolución interna. De víctima propiciatoria — maltratada y sometida al Guasón como elemento secundario de su personalidad — Harley creció hasta tener la suficiente consistencia para cortar sus lazos con el clásico villano de DC y protagonizar una historia independiente. La serie del 2009 Gotham City Sirens un grupo de cómplices y villanas, tan fuertes y complejas como ella misma, lo que dotó a Harley de un mundo propio que se completó gracias al trabajo de los escritores Amanda Conner y Jimmy Palmiotti, que desde el 2013 han brindado a la antihéroe más atípica de la editorial una nueva vida que resulta asombrosa por su capacidad mutable y desconcertante. La Harley víctima, obsesiva y eclipsada por la monumental figura del Guasón en la cultura pop, pasó a convertirse en una figura poderosa por derecho propio.

Podría decirse que lo mismo ocurrió en pantalla: la Harley de Robbie pasó de robar algunas escenas en medio de la opacidad lóbrega de Suicide Squad a ser el centro de un ingenioso, tramposo y vital juego de líneas argumentales que celebran no sólo su origen ambiguo, sino su actual personalidad. Bird of Prey de la directora Cathy Yan, es una película de ruptura no sólo para Harley sino también para el Universo cinematográfico de DC, que poco a poco comienza a mostrar una visión rica en matices y curiosamente audaz sobre sus personajes. De la amable y divertida Shazam! ( David F. Sandberg) al éxito de público y crítica Joker (Todd Phillips), DC parece haber tomado la inteligente decisión de crear no sólo mundos visuales distintos sino una recreación cada vez más autoral e intrigante sobre sus diversas historias. Bird of Prey, con su estilo desenfadado y experimental, es también otra demostración que DC aprendió de sus errores y está dispuesto a tomar riesgos considerables al momento de trasladar su nutrido mundo a la pantalla grande. Luego de sus grandes y sonados fracasos, la colección de rarezas de las que Bird of Prey es quizás la más osada, demuestra la intención de Warner de comenzar a reescribir con buen pulso y una osadía sorprendente su historia.

Uno de los éxitos del guión de Bird Of Prey (escrito por Christina Hodson, cuyos créditos incluyen a Bumblebee) es que logra condesar la historia del personaje y además, prescindir por completo de la figura del Guasón, sin que la ausencia parezca notoria, osada o sin sentido. Más allá de eso, se trata también de una presunción caótica pero bien ensamblada sobre la forma en que Harley Quinn se comprende a sí misma y se analiza, ya sea desde la noción de ser subestimada — “Ya me acostumbré”, confiesa con cierta resignación — sino también, el hecho de recorrer un camino en solitario que dentro y fuera de la pantalla es un riesgo calculado. Harley rompe toda vinculación con el Guasón y lo hace a lo grande, en una apotesis de amor propio, angustia y una dosis de amargura que empujan al personaje hacia adelante para comenzar a recorrer un camino por completo nuevo.

Por supuesto, con la voz narrativa del argumento a su disposición, Bird of Prey tiene un tono efervescente, vibrante y delirante, tan cercano a Harley que es imposible separar una cosa de otra. El guion avanza con rapidez pero también, se toma un considerable tiempo para analizar la psicología de Harley, su lugar en Gotham y por último, el hecho de cómo su estatus formal en el mundo criminal de la ciudad cambia de manera radical luego que abandona la sombra del príncipe payaso. Pero Harley sigue siendo Harley y a pesar del peligro — y las múltiples amenazas que debe sortear — se las arregla para sostener con facilidad una historia que podría parecer sencilla, a no ser por el buen hacer de Robbie, que dota de una lucidez brillante, demencial y por momentos cruel a Harley. En medio de balaceras, peleas cuerpo a cuerpo, disparos y la sensación perenne que Harley no podrá sostenerse en mitad de todo tipo de ataques y venganzas extravagantes, el guion fluye con una animada y brillante noción sobre su condición de un gran experimento argumental que casi por accidente, resulta exitoso.

Pero además, Birds of Prey es una película de personajes y a ellos dedica contados pero sustanciosos minutos. Cada miembro del elenco recibe una historia de origen que aunque no se profundiza, es lo bastante clara para comprenderlas por separado y en conjunto. Incluso el villano Roman Sionis (un vital y aterrador Ewan McGregor) recibe su propia dosis de interpretación y dimensión, lo que permite que la película se mueva entre escenarios con una enorme facilidad. Harley es el hilo conductor, pero en realidad la película se toma el atrevimiento de enlazar las historias de sus grupo de antiheroínas con cuidado, hasta lograr que su posterior complicidad sea algo inevitable, en lugar de un hecho fortuito y artificial.

Resulta intrigante que la película deja claro que Harley fue una mujer maltratada y de hecho, en varias escenas, el guion hace hincapié en su necesidad de recuperarse. Pero no se trata de un punto de vista dramático ni tampoco cercano a la tragedia: Harley es fuerte y su gran propósito es la independencia. Robbie agrega capas y dimensiones al personaje, lo que convierte el recorrido de autodescubrimiento y al final liberación que muestra la película, en una curiosa mezcla de humor burlón y algo muy parecido a una gran celebración de un tipo de refinada crueldad. Harley se encuentra muy lejos de ser una buena persona pero tampoco es por completo terrible. Y son esos matices los que elaboran una concepción poderosa de ese gran salto al vacío del personaje en busca de su peso y lugar en una historia mucho más grande.

Y de hecho, lo más sorprendente de la película es que esta Harley sobreviviente, de pronto tiene la suficiente astucia para comprender que debe luchar con sus propios medios, en medio de una batalla con enemigos que le sobrepasan en poder y en capacidad de acción. Harley Quinn pronto descubre que su vida dependía del Guasón más de lo que había supuesto, lo que la lleva a un recorrido accidentado en medio de la ciudad para evitar ser asesinada. En medio de las tropelías y disputas — a menudo armadas, las mayorías mortales — Harley termina en una extraña sociedad cómplice con la carterista carterista Cassandra Cain (Ella Jay Basco), a la que debe cuidar por conveniencia propia. Pero el personaje descubre que el mero hecho de asumir que puede tomar decisiones (como mantener con vida a una niña, incluso a regañadientes) le permite una concepción exuberante y consciente de su emancipación. Harley, que siempre obedeció órdenes y dependió de alguien más, esta vez transita en solitario un terreno extraño y ambivalente el que avanza entre piruetas y acrobacias extravagancias, con pie firme.

Por extraño que parezca, el guion entero conspira para hablar sobre cierta doble rasante en sus personajes, incluso en los más pequeños detalles. En Birds of Pray nadie es por completo bueno o malo. Cassandra vive en un hogar de acogida en el que la detestan sin disimulo alguno. Sentada en el peldaño de una sucia escalera, la niña escucha a quienes deberían protegerla gritarse y lanzarse improperios, entre los que se le señala y minimiza. Dinah “Black Canary” Lance (Jurnee Smollett-Bell) es una empleada de Sionis, que de pronto se encuentra en medio de una inesperada disyuntiva moral, luego de años de pasar desapercibida en el lujoso bar del perverso mafioso. Por su parte, Renee Montoya (Rosie Perez) es una inteligente oficial de policía eclipsada por el soterrado machismo de la estación en que trabaja como una subalterna invisible y Helena “ La Cazadora” Bertinelli (Mary Elizabeth Winstead) es una asesina en busca de venganza. Entre todas, recorren el mismo camino que Harley, sólo que en sentidos personalísimos y sin tropezar entre sí, hasta que sus historias se cruzan de forma casi natural. El gran acierto del guion es no forzar falsas empatias, amistades o una cercanía emocional inexplicable, sino trabajar con las piezas rotas que unen a este equipo de mujeres casi a regañadientes.

A pesar de su elenco femenino y los sutiles símbolos sobre el patriarcado y el peso del machismo, la película no insiste en una posición política específica. De hecho, se enfoca en cada oportunidad posible en que este cuarteto de improbables heroínas, son mujeres en problemas, problemáticas y que dan problemas. La combinación logra que las mejores escenas se logren a través de una complicidad natural y se sostengan, gracias al hecho que la supervivencia se convierta en el norte de los esfuerzos. Ninguna está muy a gusto en el grupo, pero sabe que no tiene más remedio. Esa honestidad rampante y angustiosa, elabora algo más preciso y sincronizado. Una especie de redención rudimentaria que Harley Quinn encarna con cuidadosa y perversa ironía.

Al final Birds of Prey es una celebración a un tipo de poder que rara vez celebran las películas de superhéroes: el de la supervivencia con cierto aire vulgar y muy poco relacionado con algún ideal moral. Con su extraño doble discurso entre la parodia y escenas de una crueldad desconcertante, la película avanza para dejar claro que en muchas ocasiones, el verdadero heroísmo es una circunstancia carente de sentido. Al final, Harley, que conduce un coche rosa en el que lleva a bordo a una ladrona, una hiena llamada Bruce y un castor disecado, es libre en medio de un recorrido extraordinario por su caótica, brillante emancipación.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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