Crónicas de la Nerd entusiasta:

El retorcido sentido del deber en Unorthodox de Maria Schrader

La religión y los femenino suelen ser temas por lo general conflictivos y destinados a colisionar entre sí. En especial, cuando cuando el dogma — cualquiera sea su procedencia — limita de manera frontal la forma en que la identidad femenina puede expresarse. Sólo en la actualidad y en algunos casos hace menos de varias décadas, la mujer tiene la potestad de exigir derechos y su reconocimiento por autoridades clericales o que ostentan algún tipo de poder relacionado con la fe. El debate se extiende por siglos: la mayor parte de las religiones monoteístas, otorga a la mujer un papel secundario, que incluye una restricción directa a la idea general sobre el individuo, comportamiento e incluso su mera existencia. Durante buena parte de la historia occidental, las diferentes creencias basadas en la creencia de un Dios con identidad masculina, relego a lo femenino al menosprecio y a menudo, a sufrir invisibles formas de violencia.

Lo anterior, se hace evidente en la nueva serie de Netflix de Maria Schrader, que a través de cuatro capítulos, analiza la idea de la individualidad de la mujer y su lugar bajo la connotación de lo social desde la óptica del judíos jasídicos en Williamsburg. Sin embargo, su durísimo punto de vista podría calzar en cualquier discurso que se sostenga sobre la discriminación como una parte esencia de las relaciones de poder basadas en las creencias. Se trata de una reflexión directa sobre el machismo reconvertido el lenguaje de fe y en especial, la frontera entre la restricción moral basada en prejuicios religiosos y la percepción de la mujer como algo más que compañera del hombre. Algo que es evidente durante una de las secuencias centrales de su primer capitulo, en la que Esty (Shira Haas) muestra su cabello. O mejor dicho, la peluca que lo cubre. De una u otra manera, la imagen simboliza los hilos sofocantes que le unen a la vida que acaba de abandonar. En su soledad, firmeza y estoicismo, la actitud del personaje revela que cada uno de sus gestos e incluso la postura levemente inclinada de su cuerpo, envuelve un acto de rebeldía que por ahora el posible espectador no puede calibrar en toda su plenitud.

Sin embargo, la visión de Esty - más allá de todo rigor y despojada de toda obligación con la cultura en la que nació - es una forma de simbología de enorme poder acerca del trayecto del personaje hasta ese único momento en que el poder de sus convicciones y necesidad de libertad, se manifiestan en toda plenitud. El personaje, de pie bajo un sol radiante y rodeada de jóvenes de su misma edad, es la metáfora de una connotación insular sobre la manera en que algunas religiones actuales aún reflexionan sobre el papel de la mujer y su preponderancia. Resulta casi inquietante, que Esty tenga un aspecto tan frágil, vulnerable pero paradójicamente poderoso, en mitad de un momento que de una u otra forma definirá a continuación el ritmo y el tono de la serie. El agua brillante del lago a sus pies resplandece de forma casi onírica y toda la secuencia, sostiene una atmósfera de profunda contención y una angustia apenas disimulada, que Esty parece contener en una leve expresión de tensión. Cuando finalmente se despoja de la peluca y entra el agua, la escena recuerda a otras tantas en películas religiosas, en las que los feligreses acuden a los brazos de pastores de rostro anónimo para recibir la bendición de Dios. En este caso, el gesto de Etsy, parece sugerir que no necesita aprobación alguna, por lo que rompe y se despoja de toda la historia que lleva sobre los hombros. Se trata de una imagen tan elocuente comopoderosa, que al final resulta profundamente amarga. El personaje escapó del destino escogido para ella por su familia, pero a la vez, también debe renunciar a todo lo que le une a su pasado. Entre ambas cosas, el debate sugerido sobre la libertad, la independencia y el poder femenino es más evidente que nunca.

El discurso invisible de , podría recordar de una forma u otra, a la película (2017)del director Sebastian Lelio. Como la miniserie de Netflix, el film es un retrato de la represión religiosa y cultural, que progresivamente toma un cariz de meditada percepción sobre el yo, el amor como expresión de una compleja forma de fe y un tipo de esperanza privada. Protagonizada por Rachel Weisz y Rachel McAdams, el ambiente de la película gravita en una búsqueda de propósito del amor como relativa comprensión espiritual y no obstante, no parece demasiado interesado en cuestionar la percepción de lo emocional sino más bien el amor, como vínculo intelectual y moral de compleja cualidad íntima. Con sus actrices convertidas en símbolos casi metafórico sobre el bien y el mal moral, las decisiones éticas basadas en el deber existencialista y una comprensión sobre el dolor casi pragmática, asume su versión sobre la insatisfacción emocional y espiritual como una creación sensible dentro de un ámbito restringido y casi claustrofóbico.

Pero , se atreve a profundizar en un tema que pocas veces se muestra sobre las comunidades ortodoxas religiosas y su relación con la identidad femenina: la imposibilidad que la percepción sobre la mujer puede separarse de una idea restrictiva, violenta y abrumadora que intenta definir no sólo el comportamiento, sino también la mera cuestión del ser a través de una serie de ideas basadas en el menosprecio. es una búsqueda de razón y sentido a la identidad, en medio del dolor y la incomprensión cultura, un tema que aborda con sutileza, buen gusto y pulso firme. La serie es un retrato impactante y lleno de graduaciones espirituales sobre la vida interior de la mujer pero también, una perspectiva realista, poderosa y asombrosamente profunda sobre lo femenino como objeto de reflexión filosófica.

Basada en el libro del mismo nombre de Deborah Feldman publicado en el 2012, la serie sigue los intentos de Esty por abandonar a su familia y sobre todo, la cultura que decidió su futuro incluso antes de su nacimiento. Con una dureza que por momentos resulta perturbadora, establece paralelismo entre la religión como una forma de expresión filosófica contaminada por el prejuicio y la connotación del machismo de buena parte de las religiones occidentales, que continúa imperando a pesar de las transformaciones culturales relacionadas con la identidad femenina ocurridas durante los últimos dos siglos. El argumento reflexiona sobre la forma en que las nociones religiosas se convierten en una forma elaborada y estructurada para aplastar no sólo la individualidad, sino también para crear las condiciones adecuadas que provoquen la deshumanización de sus miembros femeninos. analiza con cuidado y paciencia los rituales que rodean a la vida jasídica y los contextualiza lo suficiente, como para permitir reflexionar sobre la carga filosófica y religiosa que se imprime a las restricciones y al menosprecio que las mujeres sufren por el mero hecho de su género. Esty, condenada a un matrimonio forzado y a convivir en una comunidad en la que las mujeres y los hombres están separados por un sinnúmero de creencias arraigadas en una idea retorcida sobre la fe, es el hilo que parece sostener el recorrido del argumento a través de todas las vicisitudes y circunstancias que el personaje deberá enfrentar para escapar del futuro planificado en su nombre y sin su consentimiento y también, la inquietante percepción de la mujer infantilizada bajo el puño de un poder basado en una herencia dogmática que no reconoce su individualidad y mucho menos, su necesidad de independencia.

Con su tono oscuro y aspecto casi documental, la serie no obstante es respetuosa en la forma de mostrar las creencias. A pesar de mostrar sin cortapisas y con una crudeza intencionada lo que ocurre detrás de las puertas cerradas de sectas tradicionalistas o de fuerte ingrediente ortodoxo, no juzga a la posibilidad de la fe, sino a la interpretación de su construcción moral y en especial, la manera como el peso de las tradiciones oculta una versión sobre la lealtad religiosa que raya en el fanatismo. Buena parte de la serie detalla de forma minuciosa y casi abrumadora, la forma en que la vida de Esty es observada con ojo minucioso y frío, no sólo por sus parientes sino por la comunidad que le rodea. desde la inspección casi médica de su apariencia personal, su cuerpo e incluso su libertad de movimiento hasta la manera en que los creyentes intenta reglar hasta la última posibilidad de expresión del personaje bajo cualquier ámbito. Convertida en un objeto de posesión del ámbito religioso, Esty debe enfrentar el hecho que su vida carece de sentido o incluso dirección sin la anuencia de la comunidad a la que pertenece y la imposibilidad de escape. Poco a poco, la serie reflexiona sobre la tramposa dependencia emocional, física y mental que la religión desarrolla alrededor de Esty y que le convierte de una manera u otra, en rehén de la fe de su familia y de la tradición a la que pertenece.

La naturaleza ambigua, dolorosa y agobiante de la religión, parece formar parte de cierto discurso actual sobre la reflexión de las relaciones de poder entre la fe y quiénes la profesa. De la misma manera que , la burlona y cruel (Ori Elon para Netflix), muestra los rigores y las presiones a las que se ven sometidos diferentes miembros de comunidades ortodoxas y los tóxicos vínculos que sostienen los vínculos contaminados de una extraña versión de la devoción. Lo mismo podría decirse del documental de 2017 (Heidi Ewing y Rachel Grady para Netflix) que reflexionó con una inusual crudeza sobre la vida de tres miembros de la comunidad jasídicas que intentan abandonar su creencia, lo que incluye un largo y doloroso periplo hacia la libertad.

En nada es sencillo. Las emociones están reservadas y cristalizadas en una paleta de colores helada que recuerda que para los personajes principales, el amor, los deseos y el futuro está vedado a cierta parte estéril de su vida y condicionado a la posibilidad de desarraigo que puede provocar abandonar las estrictas líneas de comportamiento que se le exigen. Esty es un personaje brillante en graduaciones sobre el dolor, los sentimientos encontrados y y la necesidad imperiosa de la independencia emocional y mental. La serie tiene muy claro que su argumento no es un estudio sobre el prejuicio sino sobre la soledad y quizás por ese motivo, el personaje de Haas es la imagen viva del desarraigo, la comprensión de la belleza como un todo amplio y sensorial, pero también, la oscuridad interior, convertida a la vez en estandarte de cierta concepción del deber asumido desde la emoción y lo que construimos como identidad perenne. Con pausada tranquilidad, la serie analiza la incomodidad de la ruptura entre quienes fuimos, el presente fragmentado y el futuro incierto, con una elaborada aspiración poética que sorprende por su efectividad. En sus momentos más duros, Unorthodox podría parecer sermoneadora pero en realidad, solo se trata de un repaso por los dolores emocionales convertidos en una idea vivencial sobre lo espiritual y lo intelectual.

Con su mezcla de tonos sombríos y brillantes, es una ponderada reflexión sobre el compromiso, sobre el «hacer lo correcto» en un ámbito árido, hostil y roto. Una versión sobre el amor, la herencia y la tradición como piedra de sustento a la versión más privada que nos define y lo que resulta más duro de asimilar, el rostro que se muestra como parte de una idea conjuntiva de nuestra identidad.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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