Crónicas de la loca neurótica: La contradicción como estilo de vida y otras formas de supervivencia.

Vale la pena enfrentarte a lo que te limita:

Cuando tenía veintiún años, comencé a trabajar como pasante en un lujoso bufete de la ciudad donde vivo. Me había licenciado en leyes hacía menos de dos meses y se suponía que el pasó siguiente era comenzar a trabajar para ascender los peldaños de una profesión marcadamente jerárquica y sobre todo, muy relacionada con ese apego a ciertos planteamientos muy conservadores. Y uno de ellos era, desde luego, comenzar desde muy joven por el peldaño inferior del organigrama. De manera que, después de pasar mis años Universitarios soñando con fotografiar y escribir, me encontré sentada en un escritorio de una oficina organizando todo tipo de documentos legales. Ganaba un salario considerable, me esperaba lo que se suponía sería una fructífera carrera como abogada y sobre todo, completaría ese especie de ciclo imprescindible de todo joven profesional en mi país por la época. Una joven madurez dorada a la que se suponía debía aspirar.

Tendrás que esforzarte el doble:

Con frecuencia, hablar del camino menos transitado no suele incluir que es también, el trayecto más difícil de recorrer. Lo que quiero decir es que muy probablemente tendrás que trabajar el doble para conseguir buenos resultados en propuestas poco tradicionales o minoritarias. No sólo se trata de la cantidad de trabajo que debes desempeñar sino también, de su calidad: en el momento de comenzar a construir una propuesta por completo nueva, por lo general te toparás con todo tipo de obstáculos e inconvenientes desconocidos, que deberás solventar no mediante la experiencia sino gracias a la innovación. También ocurrirá que a pesar de lo mucho que te esfuerces y trabajes, no lograrás de inmediato lo que necesitas y anhelas. La rebeldía por lo general es un proceso lento, laborioso e incluso, un poco caótico.

Escucha a tu instinto:

Mi amigo Juan era hasta hace dos años, profesor de fotografía y fotógrafo freelance. No obstante, su gran sueño era incursionar en el mundo de la videografía y el cine. Pero en Venezuela, las posibilidades eran pocas y como me confesó más de una vez, le preocupaba pensar en emigrar sólo para perseguir un sueño difuso y por ahora inconcreto. Para Juan, la perspectiva de abandonar un trabajo bien remunerado para recorrer un camino incierto sólo por vocación, era cuando menos preocupante. “Me preocupa tener que admitir sólo era una impulso y no una verdadera opción a futuro”, me explicó en una ocasión en que intentó explicarme de nuevo, porque le llevaba tanto esfuerzo decidirse a tomar una decisión hacia ese camino profesional en particular. Con treinta y cinco años cumplidos, tenía la sensación de recorrer terreno desconocido en un momento especialmente confuso de su vida.

Se feliz, a pesar de todo.

Cuando decidí que la fotografía en mi vida no era sólo un hobby sino parte de mi vida y de mi manera de expresarme, me asusté. No sólo porque la fotografía en Venezuela es un mundo muy restringido sino porque además, una elección muy complicada de asumir. Además que, volvía a encontrarme en ese encrucijada un poco brumosa de decidir a pesar de la sensatez y no obstante esa noción de “sentar cabeza” que con tanta frecuencia se insiste en nuestro país cuando rebasaste cierta edad. Pero lo cierto es que fotografiar no sólo me hacia feliz, sino que además, completaba toda mi experiencia creativa. De manera que decidí insistir, perseverar a pesar de mis dudas y sobre todo, mis temores. No fue un camino sencillo: cuando decidí tomarme muy en serio la fotografía me pregunté muchas veces si la fotografía me tomaba en serio a mi. Como mujer, autorretratista, con un trabajo esencialmente artístico y subjetivo, mis posibilidades de enfrentarme a esa visión de la fotografía tradicional en mi país eran muy pocas. Pero no me detuve, y de hecho, aún continúo trabajando a diario por demostrar que la fotografía es mucho más que un documento social y cultural a secas. Lo hago con la convicción que trabajar en el mundo fotográfico es mi manera de convertir una de mis pasiones primarias en algo más sustancioso y hermoso que un mero impulso artístico desordenado. Una forma de crear.

De lo poco, progresivo y meditado:

Una vez leí que ser “rebelde es también amar lo inmediato”, lo cual me hace preguntarme si quien la dijo, estaba consciente de la rebeldía, muchas veces es un largo trayecto agridulce. Porque comenzar a construir lo que deseas — en el ámbito que sea — implica asumir que necesitaras un considerable esfuerzo en construir bases viables: desde la experiencia hasta las habilidades, construir una visión personal sobre tus capacidades, talentos e incluso tu vida personal es un trayecto prolongado y meditado. No sólo por el hecho que la preparación es fundamental sino que además, indispensable para obtener el mejor resultado de cualquier proyecto que desees emprender.

¿Tomaste la decisión? Llévala a cabo lo mejor que puedas.

Hace unos años, tomé mi cámara y junto con un grupo de aventureros, recorrí un cementerio abandonado de mi país. Lo hice a pesar de lo peligroso del lugar, las recomendaciones en contra y que en realidad, no había un motivo concreto para fotografiar que no fuera mi curiosidad por la historia del camposanto. ¿El resultado? una serie de interesantes fotografías que pensé pasarían a formar parte de mi archivo personal…hasta que la fundación que conserva — en la medida de lo posible — el Cementerio me envió un mensaje que había un conservador interesado en comprar la serie de imágenes a un precio considerable. Después, el trabajo completo fue publicado en un diario de publicación Nacional y también formó parte de un reportaje Internacional sobre el cementerio. Una repercusión que jamás imaginé podría obtener pero que demostró otra vez, que las buenas decisiones en ocasiones son una combinación de vencer los propios temores y obedecer el instinto primario que te impulsa a llevar a cabo lo que casi siempre se cataloga como “locuras”.

El éxito y el triunfo: dos aspectos de ideas muy personales.

En una ocasión, mi madre me preguntó si había valido la pena “todas mis decisiones a contra corriente”. Me lo preguntó, luego de habernos enfrentado por la mayoría de ellas durante buena parte de la segunda década de mi vida. Para mi madre, mi manera de afrontar la vida adulta es poco menos que preocupante, por una serie de razones que van desde el hecho de trabajar como freelance me hace enfrentarme a un mundo laboral inestable hasta temas tan brumosos como puede afectar mi futuro la “informalidad” como asumo la mayoría de mis decisiones. También sé que al preguntarme al respecto, me cuestionaba directamente sobre esa idea general sobre el éxito que tiene mucho que ver con el dinero y cuanto he logrado ganar con mi talento y capacidades. No obstante, la preocupación de mi madre es por completo válida: vivo en un país que atraviesa una complicada crisis económica y varias de mis decisiones personales, me colocan en una especie de franja “marginal” con respecto al resto de las mujeres de mi edad en la cultura donde nací. De manera que me tomé unos minutos para pensar la respuesta.

¿No hay espacio para ti? Construye uno a tu medida:

Desde que recuerde, quise ser escritora. Pero en mi país, la mera intención, preparación y pasión a menudo no es suficiente para lograr hacerlo. El mundo editorial es pequeño, selectivo y de acceso complicado. Las editoriales tienen un durísimo procesos de selección y lleva un considerable esfuerzo acceder a cualquiera de ellas. De manera que, cuando tomé la decisión consciente de escribir para vivir — luego de varios años de vivir escribiendo — sabía sería un largo camino que me llevaría un enorme esfuerzo recorrer.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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