Crónicas de la lectora devota:

The Bass Rock de Evie Wyld

A menudo, la literatura permite crear alegorías sobre problemas sociales y culturales de considerable envergadura, que trasciende el mero hecho narrativo hasta lograr sostener una hipótesis profunda acerca de la identidad colectiva. Desde George Orwell, que meditó acerca de la devastación de la personalidad y la alegoría del Gran Observador en 1984 hasta Margaret Atwood, con su reflexión del horror de la sujeción al poder basada en el control del cuerpo en El cuento de la criada, el terreno de la ficción es lo suficientemente fecundo como para dialogar con la oscuridad cultural, basado en la manipulación de lo humano hasta límites desconocidos.

La novela The Bass Rock de la escritora Evie Wyld, no sólo intenta crear un espacio en el que debate sobre el machismo, la misoginia y el menosprecio hacia las mujeres se analiza desde una dimensión nueva, sino además, utiliza el terror como puente para un diálogo preciso entre la manera en que comprendemos el maltrato y el miedo, más allá de su condición como un delito o un hecho de naturaleza gravísima. Para Wyld, la violencia es mucho más que una percepción física, es un espectro que puede heredarse de generación en generación, por lo que además, tiene la cualidad siniestra de tener rostros disimiles acerca del miedo, la connotación del dolor y algo mucho más amargo, relacionado con la manera como la sociedad contemporánea analiza la crueldad infringida contra las víctimas como una circunstancia inevitable. En The Bass Rock confluyen varias líneas narrativas a través de una idea mayor sobre la cualidad de la mujer como figura simbólica, pero también, como el centro de una reflexión singular sobre la cualidad de lo temible y lo monstruoso.

Wyld escribe sobre mujeres rotas, heridas, apasionadas y fuertes. También complejas y derrotadas por el dolor, que a pesar de eso, conservan la esperanza y se enfrentan al miedo con todas las armas a su disposición. Una insólita mezcla que en manos de un escritor menos hábil podría convertirse en una contradicción de forma y de fondo, pero que gracias a Wyld alcanza un poder casi lírico. Narra a sus personajes desde una aparente obviedad pero trasciende gracias al buen instinto que le permite crear algo más complejo de lo que puede analizarse a simple vista. De manera que The Bass Rock es un recorrido por tres historias que juntas, coinciden en esa notoria percepción sobre la fragilidad humana. Con una prosa eficaz y una dureza sutil que por momentos puede resultar escalofriante, Wyld avanza entre paisajes corrientes para alcanzar algo más puro y poderoso que la mera intención de contar una historia. Logra mezclar sus propios sentimientos con personajes nítidos y vívidos que deslumbran al lector por reconocibles y perennes.

Por supuesto, lo terrorífico es un elemento importante para Wyld: después de todo, su historia es una narración gótica en la que lo sobrenatural se supedita al mensaje que se oculta detrás de las cuidadosa descripciones sobre construcciones antiguas, desfiladeros peligrosos y montañas abatidas bajo el influjo de un mar siempre inquieto. La costa de Escocia que Wyld evoca en su novela tiene mucho de la naturaleza agreste y violenta que imaginó Emily Brontë para Cumbres Borrascosas, pero además, es un recorrido espeluznante por los terrores que se extienden como un foco infeccioso alrededor de un pueblo anónimo. Para Wyld, lo bello y lo grotesco se confunden para sostener la idea sobre la composición del tiempo y en especial, la estructura en que cuenta su novela, que abarca tres períodos históricos distintos y que narra la vida de personajes por completo disimiles. Pero a todas les une el miedo, la concepción sobre su fragilidad y la lucha contra los hombres violentos y crueles que forman parte de su vida y en ocasiones, son el centro nuclear de cómo perciben la percepción del bien y del mal.

Como toda obra gótica que se precie, The Bass Rock medita sobre las reacciones a un orden conocido: Para Wyld la forma como las mujeres fueron maltratadas por leyes y una cultura basada en la exclusión durante la segunda mitad del siglo XVII es de hecho, un escenario lo suficientemente rico para abordar sentimientos que se elaboran a través de prácticas sociales, que la novela describe como instrumentos de dominación y control. De hecho, la novela juega con el tiempo como un recorrido circular, que comienza con el personaje de Viviane, que viaja a Londres para comprobar el estado de la casa que heredó luego de una larga batalla legal que ocurrió durante buena parte de su infancia y de la que de hecho, no tiene mayores detalles. Wyld dedica una buena cantidad de tiempo a recorrer con detalles exquisitos la enorme construcción, a la vez que desgrana una historia dolorosa en que las mujeres de la familia tienen todas las de perder: pronto, la narración nos describe como dos de las hijas del tío abuelo de Viviane murieron en un ático, atrapadas por la ambición del padre, que no deseaba pudieran heredar parte de la extraordinaria propiedad. También, la forma como una antepasada resbaló y cayó por las elegantes escaleras de caracol de la mansión, para morir luego de meses de agonía y por último, la muerte de Ruth, que llegó a la casa durante la Segunda Guerra de la Mundial, sólo para caer enferma de tuberculosis y morir poco meses después.

Wyld condesa todas las historias en un recorrido que tiene algo de ritual iniciático: las puertas no se abren, las ventanas se rompen sin motivo alguno y por último, Viviane encuentra un sótano húmedo en que se conservan los documentos que relatan el juicio, tortura y muerte de Sarah, una pariente desconocida que por en algún punto del año 1700 acusada de ser una bruja y asesinada en algún punto de Gales. Para Viviane, moderna y descreída, el descubrimiento es toda una sorpresa y es entonces cuando Wyld utiliza la novela para hilvanar leyes y prácticas sociales como excusa para abordar imperativos psicológicos y emocionales, relacionados con lo femenino a través de todas las épocas. La descripción sobre la muerte de Sarah es atroz y precisa: no sólo fue juzgada, fue asesinada de la manera más infamante y terrible imaginable. Una que además, redujo a la voluntariosa adolescente en una víctima propiciatoria de algo más violento, duro y venenoso. La narración hace un despliegue de miradas sobre lo absurdo de la violencia como arma pero también, la forma en que se utiliza de manera sistemática. La muerte de la hasta entonces desconocida Sarah, es también un reflejo de las otras tantas desgracias que acaecen en la casa y en la familia de Viviane, signada por un tipo de crueldad que se esconde entre hechos de naturaleza fortuita.

Pero más allá del recorrido por tres vidas en paralelo — pronto Viviane descubre que Ruth, no murió de tuberculosis, sino del descuido que sufrió al padecerla — la transición de personaje en personaje en una liberación de los miedos más profundos que las mujeres han albergado época tras época. Con una precisión de asombrosa elocuencia, Wyld establece paralelismos con los relatos de Ann Radcliffe, Mary Shelley, las hermanas Brontë, Charlote Perkins Gilman, Angela Carter y Lisa Tuttle, en la forma en que utiliza sucesos de naturaleza espeluznante, para describir cómo lo femenino ha sido menospreciado y violentado a través de los siglos. The Bass Rock es una mirada durísima a través de la pretendida pasividad,obediencia e ignorancia femenina, reelaborado a través de un relato que asimila el miedo y la violencia como fantasmas que van de un lugar a otro y en especial, de una vida a otra para mostrar la desobediencia y la persecución del conocimiento que sufren sus personajes femeninos. De la misma manera que otras escritoras góticas, Wyld se centra en la figura de la doncella perseguida y confinada al narrar la historia de Sarah, para luego profundizar en el encarcelamiento marital con Ruth y en la persecución por un autoritario familiar masculino, que Viviane vive sin saberlo al conocer la historia del largo trayecto legal que finalmente, le permitió heredar la casa en que se encuentra. The Bass Rock es una narración polifona, en la que todos los personajes se relacionan entre sí desde el núcleo perenne de lo que no se muestra de inmediato, pero es tan nocivo y destructor como lo obvio.

Por supuesto, una historia basada en fantasmas — aunque lo sobrenatural aparece en un disimulado segundo plano — muestra una fascinación sentimental hacia la muerte y la decadencia que hace de The Bass Rock, una versión poderosa sobre la simbología de la incertidumbre, lo desconocido y lo que se sostiene con dificultad sobre el tiempo como una vinculo a través del cual se manifiestan las ideas más duras y complicadas sobre la mujer, como víctima propiciatoria del horror de una cultura que deshumaniza. Lo gótico en la novela de Wyld ofrece una dramatización efectiva de los peligros de la condición de la mujer en un mundo de hombres. Un miedo fundamental que asedió a las mujeres, el miedo a la incompetencia social y sexual, que Wyld muestra y narra a medida que expone la correlación entre sus personajes y la forma en que se manifiestan como una estructura de dolor, miedo y una evidente advertencia hacia los terrores del futuro. No obstante, la escritora también sostiene una versión de la realidad, en que la lucha y el poder de la mujer, es punto focal de la narración y sobre todo, una versión de considerable importancia sobre la identidad. Esta ambivalencia interiorizada de la mujer — desde Sarah, asesinada y olvidada, hasta Viviane, heredera de secretos — crea una extraña tensión en la novela, que se relaciona con sentimientos de autorepugnancia y miedo lo que la condición femenina significa para cada uno de los personajes. Wyld sigue el ejemplo de escritoras como Margaret Oliphant, Amelia B. Edwards, Vernon Lee, Charlotte Perkins Gilman y Luisa May Alcott, para convertir su novela en un texto político autorizado y profundo sobre la relevancia femenina y también, las batallas que deben enfrentar en medio de la condición del bien y del mal moral.

Dividido en estructuras narrativas que pueden ser leídas tanto por separado como en conjunto, la novela va desde la vida actual de Viviane a Ruth, encerrada en la casa en medio de fiebre y una lenta agonía, hasta llegar a Sarah, en los días previos a su juicio y muerte. No obstante, la novela no intenta mostrar un paralelismo entre las vidas de todas, sino una forma de completar una idea central mucho más amplia: al final, la novela recorre espacios inquietantes, a través de una mujer sin nombre que la escritora utiliza como recurso de generalización: podría ser cualquiera, la víctima de la violencia, que muere en medio de una paliza o cae desde un risco en la Escocia Medieval. Y esta presunción sobre el poder de la metáfora que las tres mujeres descritas por Wyld ejerce sobre el relato, es quizás su forma más poderosa de entender la transición entre lo monstruoso de lo que se esconde en la condición social de lo femenino y algo más inquietante, que a la novela le lleva un considerable tiempo analizar.

The Bass Rock es una experiencia espeluznante: la escritora no disimula su intención de enfrentar al lector al dolor de la misoginia y ya en las primeras páginas, se muestra a grandes rasgos el cuerpo de una mujer desmembrada, al mismo tiempo que Viviane se hace preguntas acerca de sus posibilidades de ser asesinada o lo que es aun peor, de morir en lo que parece un gigantesco y peligroso juego de la ruleta rusa. La historia es intrépida, con un mordaz sentido del humor, pero en realidad, es un recorrido brutal hacia los temores que comparten y sostienen la mayoría de las mujeres del mundo. Como en otras tantas novelas parecidas, la narración y la revolución de los conceptos van de manera conjunta hasta elaborar una versión sobre lo real que resulta casi caricaturesca. Hay un decidido aire de burla siniestra que recuerda a la novela paródica de Jane Austen, La Abadía de Northanger y de hecho, Viviane repite una de las líneas que hicieron famosa la siniestra sátira sobre el gótico y su capacidad para reflejar el dolor y el miedo: “algo estremecedor que va a aparecer muy pronto en Londres”, comenta medio dormida, con el teléfono móvil en la mano, sin recordar después que ha dicho algo semejante o el motivo por el cual lo ha dicho. Hay múltiples referencias semejantes en la experiencia de crear y construir la idea sobre el bien y el mal, pero resulta aun más eficaz, la forma en que Wyld contrapone su versión de la realidad con el centro medular de la violencia: la posibilidad que lo sobrenatural no sea otra forma que recuerdos enlazados entre sí. Con sus excesos y su inclinación al terror terror, sus atmósferas claustrofóbicas o desoladas y sus tres líneas narrativas, basadas en desastres íntimos y personales, The Bass of Rock es círculo impecable, tanto temporal como narrativo, en la que la circulación de metáforas que intentan conjurar o dar forma a la metáfora moral que palpita al fondo de las tres historias principales. La propia remisión de los excesos a un pasado medieval, al drama reducido de una familia o al ámbito de la tradición maravillosa reescribe una historia que presenta como novedoso un ámbito muy conocido, pero aun así, resulta original y desconocido. Quizás, su mayor mérito.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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