Crónicas de la lectora devota:

The Appointment de Katharina Volckmer

Un dato puede describir de manera muy clara el impacto de la sátira en momentos de considerable sensibilidad acerca de temas álgidos: La novela The Appointment de Katharina Volckmer — que analiza en clave de burla los dolores y vergüenzas de la Alemania postnazista — no fue publicada en la país y de hecho, sólo encontró editor fuera de las fronteras germanas, luego de un largo e incómodo recorrido a través de Europa, entre lo que Volckmer describió como un “sobresalto continúo” de editores aterrorizados. Para hacerlo todo más complicado, la extraña, dura y controvertida novela, tuvo que enfrentar las quejas y comentarios de buena parte de la comunidad alemana en Inglaterra, que no supieron como encajar que un escritor pudiera señalar la vieja herida del nacionalismo, la figura de Hitler y los horrores de la Segunda Guerra Mundial como un chiste incómodo. “Una vez, soñé que la guerra me ocurría, pero en realidad, la guerra es una excusa ridículo para ocultar lo que el país ya era, en medio de sus errores” dice el personaje principal de The Appointment, tendida en la silla del psiquiatra que la atiende. El hombre le escucha el silencio y se encoge de hombros “Siempre fuimos unos desgraciados hijos de puta” comenta después y ambos ríen, como si se tratara de un chiste privado y no un señalamiento directo a la naturaleza de la columna vertebral política de Alemania.

¿Qué es un trauma colectivo y cómo puede comprenderse? Se trata de un cuestionamiento complejo y sobre todo, uno que implica comprender la herida cultural de un suceso que lesionó en varios niveles y formas distintas, la psiquis cultural de un país. Volckmer se enfrenta a la idea en su incómodo y durísimo libro y lo hace, desde una perspectiva casi retorcida: la de burlarse del dolor y el miedo que el tema del holocausto produce en su natal Alemania. A la escritora no parece importarle demasiado el sustrato de herencia social dividida entre lo tenebroso y lo temible que simboliza para buena parte de su país la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, por lo que brinda a su narración — en la que una mujer joven acude puntualmente a la cita con su terapeuta para hablar de sus fantasías sexuales con Hitler y otros líderes del nazismo — un aire burdo, vulgar y por momentos grotescos. “Sueño que follar es una liberación a las barracas” cuenta la paciente, con cierto aire de ensueño “Y luego recuerdo que lo siguiente que me ocurrirá es un horno crematorio. ¿Cómo se traduce eso en psicología profunda?”

¿Puede analizarse desde el humor negro algo semejante? Ya el escritor Timur Vermes, lo intentó en su hilarante y retorcida sátira Ha vuelto, una mirada sobre el nacionalismo alemán y también, la figura de Adolf Hitler como consecuencia de algo más complejo que una encrucijada histórica desafortunada. En el momento de su publicación en el año 2012, esta parodia sobre la resurrección de Hitler en pleno mundo moderno despertó polémica e incluso malestar. No sólo se trata de una visión durísima sobre la Alemania de la segunda mitad del siglo XXI — con sus desigualdades, dolores e inquietudes — sino un análisis en clave de humor sobre ese gran fantasma en el inconsciente colectivo del país como lo es el nazismo. Pero la novela logró superar y bordear el escándalo y mostrar una interpretación burlona sobre un tema tabú en en nuestro mundo: El nacionalismo alemán y su influencia. Intrigante, pausada pero sobre inteligente, esta sátira feroz logra convertir al símbolo del mal moderno en una mera idea desigual sobre la identidad del país que lo vio nacer. Todo un prodigio de humor en ocasiones mordaz y otras simplemente liviano que es quizás, el mayor triunfo de la historia que cuenta.

Volckmer toma el riesgo al llevar ideas semejantes a las de Vermer al terreno de lo cotidiano. La escritora se propone inquietar y lo logra, desde las primeras páginas, en las que su personaje recorre las calles de Berlin y relata con aire levemente aburrido, los temores y los traumas de un país en apariencia perfecto. “¿No sabes lo que dicen? Alemania es la cuna de la pulcritud. Si sólo supieran las veces que los alemanes se rozan las venas con una cuchilla” comenta y sigue en su descripción, que incluye por supuesto, dolorosos e incómodos paralelismos de la salud mental del país con otros cuadros médicos. La novela es un monólogo interminable y lo que resulta en realidad interesante, es el hecho que Volckmer logra captar lo esencial de los juegos de percepciones y escenarios, que convierten a la Alemania moderna en una sucesión inquietante de heridas que no llegaron a cicatrizar. “Al alemán se le seduce y se le manipula desde la culpabilidad” dice la narradora, con una alegría desconcertante que resulta incluso dolorosa “De modo que somos un país lleno de remordimientos pero que sonríe para parecer los olvidó”.

Pronto, el personaje sin nombre abandona su país natal para ir a Londres, ciudad en la que conoce “una nueva forma de libertad, tan limpia y tan brutalmente honesta” que la desconcierta. Quizás por influjo de la cosmopolitan capital británica o “porque como todos los alemanes, estoy loca”, el personaje comienza a sufrir de todo tipo de problemas de sueño, que la agotan y la agobian, aunque no sepa el motivo. Finalmente, termina en la consulta privada del Doctor Seligman, un eminente psiquiatra especializado en lo onírico, a quien su nueva paciente le hace algunas confesiones inquietantes. El motivo de sus desvelos es su obsesión con Hitler y peor aun, las retorcidas fantasías sexuales que tiene relacionadas con la figura histórica del dictador. Para el personaje “se trata del reflejo de algo que no puedo ponerle nombre” y que sin duda, afecta su vida. “Como hermana, hija y alemana, creo que estos sueños son pequeñas astillas en el subconsciente que heredé de un país roto”.

Por supuesto, la escandalosa revelación, solo es la primera de muchas otras, que esconden una crítica solapada a la forma en que Alemania intenta lidiar con el trauma colectivo de la violencia. A pesar de sus ironías, su tono desenfadado y los chistes perversos, The Appointment es una cuidada revisión sobre el sufrimiento cultural germano, pero en especial, la forma antinatural y violenta como intenta superar un suceso histórico en especial devastador. Una y otra vez, el personaje insiste en la “hipocresía del alemán” que se lamenta por el “nacionalismo pero no entiende a qué se refiere en realidad”, pero en especial apunta a “ese extraño silencio tan alemán” que rodea la idea del Holocausto. Por si todo no fuera suficiente, la narradora está descontenta con su condición como mujer alemana — “que es aun peor que sólo ser un hombre del país — y condiciona su versión sobre la historia, al papel secundario de las minorías en un país que no deja de ser racista o xenofóbico “aunque lo intente”. Por supuesto, son declaraciones muy duras, la mayoría elaboradas desde una violenta y desproporcionada percepción de los errores de un país con un pasado escabroso. “¿Quién entiende lo que ocurre con los Alemanes?” pondera en tono burlón y desdeñoso. “Somos un secreto vulgar”.

Para la narradora sin nombre, lo esencial es la forma como asocia su sexualidad, el amor y lo erótico a una panacea de las culpas que comparte con el resto de sus compatriotas “Cuando era más joven, siempre pensé que la única forma de superar verdaderamente el Holocausto sería amar a un judío”, le dice al silencioso Dr. Seligman, que la escucha con un aparente desinterés. La narradora parece dispuesta a inquietar e incomodar al flemático psiquiatra, por lo que comienza a detallar entonces sus fantasías sexuales punto a punto. “Tenía la sensación que lo escandaloso de lo que podía decir sobre mis pesadillas y deseos, era lo suficiente para poner en entredicho mi vinculo con Alemania” explica el personaje con cierto aire festivo. Es evidente que Volckmer intenta no sólo escandalizar al lector, sino hacer que se cuestione la forma en que su país, analiza lo que sin duda, es una enorme y angustiosa culpa colectiva. La narradora anónima no sólo habla de sus deseos, sino de la necesidad de Alemania de restañar las heridas a través de una especie de sacrificio ritual, que incluye, por supuesto “no saber exactamente qué ocurre pero querer pedir disculpas”. Hay un elemento perversamente divertido en la forma en que Volckmer reflexiona sobre la historia de una tragedia histórica de semejantes proporciones, pero en particular, como afecta a quienes la heredan en tercera o cuarta generación. Para Volckmer, la culpabilidad es parte esencial de la identidad alemana, por lo que las duras y por momento retorcidas fantasías sexuales que describen “soy una expiación, un mea culpa con desnudos, una brecha abierta hacia el miedo” dice su personaje, mientras el psiquiatra la observa impertérrito.

Todo el libro transcurre en la tensión de lo que parece ser una confesión, lo cual hace que la amargura que trasluce por momentos el personaje, se desvanezca en el ámbito de lo personal, de lo doloroso y lo extraño. Porque más allá de una burla cruel a la identidad alemana, es también una reflexión sobre la cualidad superficial de la responsabilidad y la culpa moderna. Volckmer usa el privilegio paciente — médico, para hacer hincapié en temas que nadie se atrevería a desarrollar fuera de un consultorio, lo que equipara de manera directa o indirecta, las confidencias a los secretos que se guardan en lugares dolorosos de la memoria colectiva. Mientras la narradora profundiza en sus miedos y terrores, deseos y en especial, la colección de imágenes sexuales que se hacen cada vez más violentas y grotescas, es notorio que Volckmer presiona sobre la idea del tabú, del menosprecio a la noción de la verdad como hecho debatible y al final, al hecho de los secretos que se guardan por vergonzosos e inconfesables. “Quiero follar con un dictador muerto y lo puedo decir, pero nadie en Alemania se atreve a hablar sobre el Holocausto, como si también fuera el mismo de tabú” pondera la narradora y comienza a reír. A reír a carcajadas hasta por último, llorar contra el cuero del sofá “¿Quienes somos cuando la culpa te aplasta? ¿te aplasta de esta manera?”

Volckmer ha declarado más de una vez contra las leyes y la connotación general sobre la culpa histórica en Alemania, y de hecho, hace poco, admitió en una entrevista en The Guardian, que Alemania necesita una “conversación abierta” sobre el Holocausto que el país se opone a tener. “Todos los países tienen sus secretos y sus heridas, pero los nuestros, son los de todo el mundo, también” dice la voz de su narradora, que bien podría ser la suya “de modo que no puedo huir de esta culpa, que es de todos. Los alemanes dejaron que seis millones de personajes murieran, pero también, ahora quieren hablar del asunto lo menos posible” el personaje avanza hacia una introspección dolorosa y hostil “De modo que todos estamos aterrorizados, pero al final, no sabemos el motivo”.

La novela escandaliza la mayor parte del tiempo y de hecho, usa su cualidad polémica para atraer la atención, pero Volckmer es lo suficientemente hábil para no permitir que lo retorcido, sea el punto focal de todo el dilema que su personaje plantea. En realidad, pronto es evidente que la narradora no habla sobre fantasías sexuales ni mucho menos deseos reprimidos, sino el dolor desesperado y violento de su país, en busca de una forma de expiación que le lleva esfuerzos alcanzar. “En Alemania, el silencio es una forma de respeto, pero una tragedia como el Holocausto no merece ser olvidada, sino debatida, incluso si abre heridas” dice el personaje. El psiquiatra la observa y no responde, lo que parece enfurecer a la narradora. “En Alemania, uno guarda silencio, secretos, medias verdades. Uno jamás admite los sentimientos en voz alta. Pero la culpa te aplasta, te hace pensar que hay algo oscuro y destructivo bajo el país y la nacionalidad que te pertenecen” suspira, abrumada “Es como una fantasía sexual ilícita”.

La novela toma aires surrealistas cuando el lector intenta desentrañar si realmente todo lo que está ocurriendo pasa en el consultorio psiquiátrico o, como comienza a sugerir en el segundo tramo la narradora, no es otra cosa que temores, ordenados y organizados en una forma comprensible, pesimista y deliberada. El psiquiatra es una figura sin forma, que aparece y desaparece de la habitación, mientras la paciente se esfuerza en describir lo peor, lo más temible y desagradable de su país “¿Conoces ese pan horrible que comemos y del que hablamos a todo el mundo, como una especie de mito que se perpetúa a sí mismo?” dice, al médico. “Creo que es un castigo de Dios por todos los crímenes que hemos cometido”. Desde una afirmación semejante, el libro sigo adelante para desmontar todo tipo de dolores y angustias sociales, como si Alemania necesitara reconstruirse a partir de los escombros de la mirada de una nueva y cínica generación. La novela, que fue escrita en inglés, pero pensada según Volckmer para ser imaginada en “alemán con acento berlinés” es de una temible precisión. Con sus apenas 132 páginas, es un recorrido aterrador por los espacios oscuros de un país que sufre detrás de una máscara apacible, impertérrita y por momentos, angustiosa.

¿Es el psiquiatra la encarnación de Alemania? ¿Es la versión de ese silencio y distancia que el país mantiene de sus temas más duros? “Los alemanes sólo se congelan al hablar del Holocausto” dice la narradora mientras el doctor la contempla, el rostro sin expresión, los ojos muy abiertos “nos estamos contando cuentos de terror desde la niñez, pero muy pocos recordamos que fueron ciertos”. En su dura batalla contra límites morales y tabúes, The Appointment intenta hacer reír en los momentos más escabrosos, pero en realidad, la risa es una liberación a la tensión, una forma de manejar la angustia que genera las cientos de preguntas más o menos evidentes en su planteamiento.

Por supuesto, la violenta percepción de Volckmer sobre su país, los dolores que le atañen y el sacudón moral que debe soportar, no es apta para todos los lectores o quizás, podría serlo, si la critica fuera menos dura en momentos menos sensibles. Para la autora, se trata de un recorrido incómodo por espacios poco explorados. Una concepción sobre lo terrorífico que se sostiene sobre el miedo y al final, una búsqueda lenta y temible, sobre la identidad del sufrimiento moderno. “Hay heridas que no se cierran y la muerte habita en cada una de ellas” dice su personaje con súbita seriedad. Cuando mira al doctor, este suspira, pero sigue sin decir una palabra. “No hay nadie que quiera creer que el dolor puede ser traducido en palabras. O al menos, no a este nivel” prosigue “Una especie de ventana abierta a la oscuridad”.

Con su dureza, durísima versión de la realidad y un tipo de humor por momentos inexplicables, The Appointment, es quizás el tipo de novela destinada a provocar escándalos por las razones incorrectas. “Y eso también es bueno” declaró Volckmer a The Guardian “Hay que reír, aunque también, necesitas gritar de dolor”. Toda una declaración de intenciones sobre la aterradora belleza de su novela.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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