Crónicas de la lectora devota

En la actualidad, la ficción atraviesa la difícil circunstancia de lograr reflexionar sobre la realidad en medio de la cultura de la inmediatez. No resulta sencillo: nuestra época está llena de circunstancias tan duras y complicadas, como para sobrepasar cualquier dramatismo imaginario. Además, todo ocurre de manera tan precipitada y veloz, que las conclusiones a cualquier situación parecen extemporáneas muy pronto. Todo esto, bajo situaciones de considerable envergadura: Después de todo, hablamos de décadas en la que la política se ha convertido en el reflejo del racismo, el miedo colectivo y los temores invisibles. En las cuales, la amenaza del cambio climático es más cercana que nunca. La agresión y la violencia están en todas partes, mezcladas en el discurso habitual. ¿Hasta que punto la literatura debe reflejar algo semejante? ¿Cómo la ficción puede analizar el horror y la belleza sin convertirse en una crónica de hechos o perder su carácter especulativo?

Para la escritora Ali Smith, esta hiperrealidad no supone mayor problema ni mucho menos, un obstáculo para crear un nuevo tipo de ficción. La escocesa desde la imaginación y además, crea a través de sus historias, la posibilidad de analizar nuestra época desde sus hallazgos e imposibilidades. Por ese motivo, cada uno de sus libros son una búsqueda consciente de lo mágico, lo alternativo y lo inexplicable. Desde los sueños y la mirada asombrada sobre las sutilezas de la época hasta las alucinaciones de sus puntos más bajos, los libros de Smith ponderan la veracidad y el temor desde un punto de vista insólito. Cada historia de la escritora, reflexiona sobre las líneas de lo fantástico a través de la búsqueda de lo onírico. El resultado son narraciones que podrían suceder en cualquier lugar y bajo cualquier ámbito, pero que en realidad gravitan sobre la concepción de la identidad colectiva. Smith cuenta a nuestra época, pero desde la imaginación, la posibilidad y una bella forma de absurdo.

En Spring (tercera parte de una tetralogía que se completará el año entrante), la escritora pondera y analiza temas que ya había tocado en los dos libros anteriores de la saga. Smith regresa a la reflexión sobre la actualidad movediza e instantánea, pero también, a los dolores mínimos de lo cotidiano, todo bajo una clave de pseudo análisis intelectual que explica demasiado pero que se sostiene, sobre la mera probabilidad. En Spring todo parece ocurrir por casualidad o en medio de un azar extravagante y poco complaciente. Smith se prodiga en un recorrido por la actualidad (o al menos, lo más parecido a la actualidad en medio de una cultura vertiginosa como la nuestra) y lo hace a través de una narración firme, plagada de imágenes sugerentes pero sobre todo, una búsqueda analítica sobre lo que sustenta a una realidad fugaz. Todo un reto para la literatura en la actualidad: ¿como analizar temas que serán obsoletos quizás una semana, un mes o un año después? ¿Como ponderar sobre los azares de la conciencia colectiva en mitad de discusiones borrosas e intangibles que establecen relaciones durísimas entre la moralidad y la identidad? Smith sabe que se trata de una labor titánica y la acomete con sencillez: Spring es un libro lleno de referencias entusiastas y detalladas sobre hechos puntuales (el mundo primaveral de la autora tiene relación con la Europa joven y politicamente inquieta de la actualidad), pero también, contempla desde la distancia los cambios veloces, que se suceden unos a otros como una cadena de sucesos muy poco compresible. El resultado es un libro fresco, inteligente y sobre todo, consciente de su necesidad de narrar lo que vemos — el hoy inmediato — a través de la mirada acuciosa de la ficción.

Por supuesto, no se trata de un experimento que se haya intentado antes y con mayor envergadura: Ese coloso de los ilegibles como lo es Ulises de James Joyce, analizó a profundidad la idea consciente de la búsqueda de significado en lo inmediato. Le hizo a través de una colosal búsqueda de metáfora en los detalles más pequeños y logró una tensión narrativa difícil de igualar. Smith no intenta emular la proeza, pero sí, toma la experiencia de Joyce y la dota de un profundo trasfondo emocional que funciona en sus libros gracias a su inteligencia como narradora. En 2017, ya la autora había logrado meditar sobre el absurdo de la política y la angustia vivencial en Autumn, un libro que recorrió a la Europa azotada por extremos políticos y dolores sociales que resultaba casi desconocida desde la narración de Smith. Poblado de personajes que debían lidiar con los dolores del primer mundo — de lo que poco se habla y que suelen menospreciarse en consideración a tragedias considerables — , Smith condiciona su discurso a una visión casi dolorosa sobre el absurdo existencial. Cada personaje parece arrasado por el miedo venial, las angustias pequeñas, el terror inocente que habita en las cosas cotidianas. Para Smith parece ser imprescindible, elaborar una visión sobre lo corriente que sea del todo simbólico y sus obras — publicadas con rapidez y en búsqueda de mantenerse actuales — , lo demuestran. Autumn era la descripción de una Europa convulsa en espera del BREXIT — y sus consecuencias — y preparó el terreno para Winter, publicado al año siguiente y que creó un lienzo de ilusiones rotas en un continente que perdió cohesión e identidad debido a una fractura histórica. Spring repite el tono de los anteriores pero es mucho más violento, oscuro y desesperado. Allí en donde Autumn y Winter analizaban la vida en Europa desde sus menudencias y encontraban una belleza casi utópica, Spring reflexiona sobre lo oscuridad de cara a los acontecimientos actuales. Las divisiones que creó el debate del BREXIT, pero sobre todo, el miedo de un continente signado por el extremismo político y la amenaza del terrorismo, convierten a Spring en una versión de la realidad inquietante, punzante de vida pero también, de una mirada hacia lo tenebroso de la naturaleza humana casi dolorosa. Mientras que Autumn alentaba la esperanza — a pesar de la llegada de Trump al poder y lo que significó para la cultura Occidental — y Winter se hacía preguntas a través de sus personajes directamente relacionadas con la identidad, Spring es más dura en sus alcances y más crítica en su mirada sobre lo caótico. Todos los personajes — de nuevo una masa anónima que aparece casi por accidente y cuyos nombres pueden o no tener interés para la narración — debaten sobre el bien y el mal moral, desde la periferia. La realidad está allí, es necesaria y sostiene la percepción de lo inmediato. Pero es la capacidad de Smith para transformar esa idea en un símbolo metafórico, lo que hace al libro una versión de la memoria moderna extraña y rota. Contradictoria y perturbadora, la novela Spring es una búsqueda alternativa de un sentido para el absurdo de la existencia. Un recorrido casi místico — sin tener relación alguna con la religión o lo mistérico — sobre el sentido de la individualidad en una época homogénea.

Spring no es una historia sencilla y tarda casi cien páginas en revelar su núcleo argumental: aún así, la aparente incertidumbre narrativa no juega en contra de su solidez. Smith cuenta la historia desde la percepción del observador (y el cuidado del testigo), pero a la vez, cuenta con enorme sensibilidad la vida doméstica de personajes que intentan florecer en medio de la oscuridad gradual que les rodea. “La verdadera esperanza, es en realidad la pérdida de la esperanza” dice uno de los personajes al principio del libro y esa frase — el anhelo como trampa gradual en la búsqueda del sentido propio — la que podría sostener una historia mucho más interesada en desconcertar que narrar con facilidad una mirada a un mundo que se construye y se destruye con una rapidez imposible de emular a través de la palabra.

Pero Smith, encontró la manera de utilizar los tres libros como un análisis concreto sobre la fugacidad del mundo en que vivimos. Una actualidad que desaparece tan rápido que todos los hechos parecen superponerse unos a otros como olas transparentes. La Inglaterra — Europa entera — que describe Smith tiene una especie de inteligencia colectiva transformada en una escena de gigantescas proporciones. Autumn captó el miedo hacia un nuevo viraje de lo que hasta entonces habían sido las relaciones de poder y las consecuencias directas del BREXIT: los personajes están aterrorizados por lo que sea que puede significar una ruptura del hoy (concepto que Smith maneja de manera formidable) y también, lo que pueden esperar a medida que se hace más evidente que el país — la cultura — está avanzando hacia regiones inexploradas. Con inteligencia, Smith evita ponderar sobre los hechos elementales y se dedica a mirar a sus personajes, inquietos y rotos, en medio de un paisaje medular que apenas pueden comprender. De modo que Autumn se convierte en una gran conversación entre los terrores de lo inesperado, la búsqueda del sentido lineal pero también, del reflejo de lo mínimo en medio de un gran escenario movedizo. En cada ocasión, Smith decide que uno de sus personajes tenga nombre y es la artista Pauline Boty, a través de quien comprenderemos las transformaciones y terrores de un día a día cada vez más incierto. En Winter, el bloguero Art es la voz de la generación que deberá apechugar las consecuencias del BREXIT y también, testigo torpe de lo que ocurre en una Europa en la que el extremismo político avanza como una ola. Surreal y extraño, la narración se convertía en pequeños golpes de efecto, con algunos toques de terror, hasta volver a lo cotidiano. El extraño recorrido brinda a Smith la oportunidad de crear una versión de la realidad ficticia, una burbuja que ignora lo que ocurre más allá de ella pero que también, se influenciada por la noción de la verdad intermedia. ¿Es real lo que nos cuentan los personajes? ¿Es comprensible su relación con los sucesos de monumental importancia que los rodean? ¿Hay un vestigio de imaginaria maravilla en sus reacciones? Smith no lo explica y de hecho, es esa salvedad del silencio narrativo lo que permite a la narración avanzar con fluidez. No hay nada claro, evidente en todo el trayecto. Tampoco una evidencia coherente en medio del bien y del mal escindido en lo que se analiza palabra a palabra. Una versión del miedo y la esperanza quebradiza.

En Spring el efecto es semejante pero el recorrido va en sentido contrario a la mera idea de una propuesta sobre el presente continuo. De nuevo, Smith juega a los contrastes y analiza la Europa que parece encaminada al extremismo y cierto autoritarismo, a través de lo aparente. Richard Lease, un director de televisión desempleado, mira lo que le rodea — “la basura de la época” entona en plena borrachera — para luego dejarse caer en medio del miedo y la angustia existencial. Hay una necesidad inquietante y turbia de Smith por dejar muy claro que las “buenas épocas pasaron” y que el trayecto al horror — lo que sea que espere y sea esa percepción sobre el miedo — será muy rápido. Smith utiliza las líneas temporales de la vida de Lease, para recorrer el contexto del mundo destruído a su alrededor y lo hace con singular gracia. El despecho por la derrota moral y el miedo construído a piezas, eleva la concepción de los detalles sobre la vida común a una nueva versión temible sobre el caos. Poco a poco, la reflexión sobre la identidad Europea se convierte en algo más amplio: existe y se analiza sobre la concepción de una rudimentaria guerra contra un mundo que avanza deprisa y de manera desordenada. Smith logra que Spring carezca de tiempo y lugar, a pesar de sus referencias inmediatas y sostiene un recorrido sobre la Europa en crisis económica y política de la actualidad que podría aplicarse en cualquier escenario y en cualquier lugar.

Por supuesto, Spring es un modo casi operático de analizar los cambios estructurales del mundo moderno. En los libros de Smith hay algo de rápido y azaroso: todo parece mal construido, sustentado de manera compleja e incompleta. Pero en realidad, se trata de un golpe de efecto: Smith necesita esa mirada un poco ofuscada para analizar la concepción del miedo a la incertidumbre y los estratos insalvables de un mundo basado en lo fugaz, para brindar sentido a la historia que narra. Y lo logra: Smith encuentra el punto de enlace entre el mundo que cambia — “Es tan veloz la vida en la actualidad que tengo la sensación no la vivo, sino la persigo” se queja un personaje sin nombre — y es esa idea, la que sostiene el complicado entramado de situaciones y percances que hacen de “Spring” una mirada angustiada al futuro. Cadas uno de los personajes de Smith tienen la capacidad de despertar y cuestionar la necesidad de comprender el cómo somos y hacia dónde vamos, de un mundo obsesionada por lo actual. Hay algo brillante, tragicómico e improbable en todos los giros argumentales y los personajes que le sostienen. Una mirada a la locura contemporánea que se entrelaza con una comedida y muy seria reflexión sobre los entresijos de una sociedad basada en nada. “Hay tanto vacío entre todas las cosas que tengo la sensación, no despierto por las mañanas sino que caigo en un sueño sin matices” dice una mujer sin nombre en mitad de un absurdo accidente de tránsito que la novela describe muy rápido, muy aprisa. Una y otra vez, el mundo se hace un borrón movedizo, imposible de clasificar y comprender.

Como todas las novelas de Smith, Spring contiene una legión de personajes que se entrecruzan de manera casual. Pero también, de un escenario exaltado que otorga a la novela su aire impaciente, inquieto. Tan joven y tan extraña a la vez, como los niños que Smith describe como “rostros desconocidos de una cultura que envejece de pronto”. La escritora encuentra en Spring la necesidad de contar la actualidad a su ritmo, en una veloz sucesión de circunstancias y una frenética capacidad para el asombro que desaparece muy pronto. Una búsqueda de identidad colectiva que no logra superar el absurdo — y no quiere tampoco hacerlo — pero que evade cualquier percepción sencilla para narrar la historia que pertenece a todos en tiempo real. En Spring todo nace y muere muy pronto. El amor, la amistad, el dolor. Y quizás es esa convicción de Smith del mundo moderno creado — y percibido — desde esa soledad alternativa de lo efímero, el giro más profundo de una novela incómoda, angustiosa y profundamente hermosa. Lo que existe tan rápido como para ser adorado, pero quizás, sin la capacidad del recuerdo. Una puerta cerrada a la imagen colectiva sobre la identidad.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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