Crónicas de la lectora devota:

Contar sucesos de violencia, suele tener el imperativo de escoger una forma apropiada de hacerlo. O al menos, una que justifique el enfoque hacia espacios y dimensiones sobre lo que suele implicar agresiones, el horror y sin duda, el trauma desde un punto de vista amplio. A su vez, que esa decisión deberá englobe el motivo y el objetivo de la narración. Ya sea la mirada sobre la estructura de lo temible, de la oscuridad de la naturaleza humana o el instinto primitivo del miedo: la percepción realista o no acerca de un hecho brutal, abarca la idea sobre cómo construir una visión sobre su peso e importancia. La forma en que se relacionan las agresiones físicas o mentales con las heridas que deja aparejada esa connotación sobre el horror, no sólo forma parte de lo que se cuenta.

Sin duda, por ese motivo, en todas las novelas de Imbolo Mbue (1982 — Limbe, Camerún) hay un ambiente claustrofóbico. Una durísima sensación de encierro y aislamiento interior que suelen sorprender al lector; en especial, cuando se relaciona con su forma de describir la violencia, el miedo y la alineación como emociones humanas matizadas. En el caso del libro How Beautiful We Were (2021), MBue toma la decisión de contar un hecho brutal, pero a través de las dimensiones sutiles que lo rodean. Más que describir lo que ocurre, hay una idea insistente sobre la ética y el miedo que rodean a la historia, que la hace angustiosa y realista.

La escritora, que por años ha reflexionado sobre las sombras de la naturaleza humana, en esta ocasión desmenuza la idea de lo ético sometido al peso de la desesperación. En particular, acerca de la cualidad incómoda del deber y la responsabilidad moral, un tópico que se extiende a niveles inquietantes sobre lo que se considera justo o al menos, permisible. Mbue explora en su novela la condición humana sometida a la presión de las decisiones imposibles. O al menos, las que conllevan la posibilidad inminente de un mal mayor. “En ocasiones, decidir implica directamente el desastre” dice Mbue en las primeras páginas de su libro y quizás, no hay frase más exacta para definir el ritmo y el tono de esta fábula tenebrosa sobre la percepción moral de lo cotidiano.

How Beautiful We Were narra las consecuencias inmediatas de debates morales bajo la presión de la violencia inminente. El tema se analiza poco en la literatura actual y Mbue lo hace desde la concepción de una tragedia. Una que, además, se desarrolla en una lenta progresión del terror y se hace cada vez más angustiosa y temible. La novela, contada en una fría y distante voz omnisciente, narra como en la década de los ochenta, el inexistente pueblo africano Kosawa debe enfrentar una situación insostenible. La también ficticia compañía petrolera Pexton contaminó en medio de sus excavaciones y explotación del territorio de Camerún, el sistema de agua potable del pueblo. Lo ha venido haciendo por al menos diez años, lo que ha provocado que los metales pesados que flotan en suspensión invisible sobre el agua, envenenaran a un centenar de niños. Cuando los miembros más destacados y sabios de la aldea, se enfrentan a los ejecutivos de Pexton, reciben burlas, amenazas y después, una violenta represión armada que el gobierno no sólo no detiene, sino que además alienta. “Todos ganamos en este trato y las ganancias, se traducen en unas pérdidas” dice uno de los miembros del gabinete presidencial, que aparece como una sombra inquietante para dejar claro que los habitantes de Kosawa se encuentran solos en el enfrentamiento contra un titán industrial. “Ganar dinero, influencia y poder, provoca algunas pérdidas y eso es aceptable, incluso si son sensibles” continúa, con tenebrosa frialdad.

La escritora analiza la cuestión de la negligencia y la impotencia colectiva a través de una perspectiva odiosa. Los dirigentes vuelven las caras, los ejecutivos extienden dinero. Y poco a poco, las muertes en la aldea se transforman en un mal endémico e indetenible, que se sostiene sobre algo más reprobable, angustioso y duro. Pero también, en un recorrido pendenciero y brutal a través de los estratos de poder. “A nadie le importan las muertes si pueden ocultarse” dice uno de los lugareños, un padre desconsolado que perdió a su hijo. “Si hay dinero suficiente para los bolsillos, para los ojos que se cierran, para las cabezas que se vuelven de un lado a otro”. Mbue profundiza una versión sobre lo que consideramos admisible, pero también de las profundas grietas entre lo ambiguo que puede resultar lo moralmente ético en situaciones según el foco de atención bajo el cual se desarrolle. La primera mitad del libro, examina de forma exhaustiva la degradación de los conceptos del bien en medio de un extrarradio ajeno a la ley. “Nadie sabe hasta qué punto, la vigilancia de un tribunal o la amenaza de la cárcel, puede ser persuasiva, cuando no definitiva para que comprendamos el origen de la bondad” dice con cinismo uno de los personajes. “Con el pasar del tiempo, hemos descubierto que el bien y el mal son la misma cosa. O al menos, cuestiones análogas si hay suficiente poder e influencia para cambiar el peso de la balanza” añade.

La forma de Mbue de describir las tierras arrasadas y los pozos de agua emponzoñados, está más cerca de la alegoría que del detalle, pero así, es aterradora en su significado más profundo. “Cuando la tierra murió, lo adviertes por los ribetes requemados, los granos gruesos que no se esparcen ni te manchan la palma de la mano” cuenta Mbue en la voz de sus personajes. “El pozo tiene un aspecto plácido, como un espejo, pero al mirar de cerca, comprendes que los colores atractivos y casi delicados del sol, son en realidad, un espejo hacia la muerte”. Poco a poco, es evidente que Kosawa muere a la medida que Pexton se hace más poderosa. Y en particular, su influencia total. “Nadie hará nada, nadie vendrá a evitar o a detener lo que ocurre” explica uno de los narradores. Cuando además se descubre que la empresa está apoyada sobre la manipulación de la cabeza visible de la aldea y del dictador del país, es evidente que Kosawa está destinada a morir. “O a derrumbarse, pieza a pieza, con una lentitud apesadumbrada y hosca, hacia los agujeros enormes y temibles de solo desaparecer en mitad de la llanura”.

Finalmente, ocurre lo inevitable: el pueblo logra organizarse para enfrentarse en una reunión cara a cara con los ejecutivos de la empresa. Un grupo de abogados le secunda y tratará de lograr la justicia. Pero por supuesto, la ley se inclina hacia “el poder, el dinero, la cuestión de la influencia absoluta” y el pueblo entero termina en una encrucijada. O vender sus escasas propiedades a Pexton y abandonar las tierras de sus padres o enfrentarse “al monstruo, el mismo monstruo de todas las épocas, solo que ahora son hombres corrientes, con ambiciones corrientes y los dientes afilados por la necesidad inmediata de despojar con crueldad”, Cuando la reunión está a punto de terminar y un grupo de soldados intenta hacer que la multitud regrese a sus casas, comienza en realidad, el punto más doloroso de la novela y el planteamiento más profundo de Mbue. Konga, el loco del pueblo, abre la puerta a patadas y logra entrar en la sala cerrada. “Si no hay nada para nosotros, no habrá nada para ellos” grita. El revuelo es inmediato, también la ráfaga de odio entre los lugareños. Dos horas después, con puertas y ventanas cubiertas con tablones, dos ejecutivos asesinados y el resto tomados como rehenes, el pueblo entero tiene una súplica: “Pexton debe abandonar nuestras tierras y nunca volver”.

A partir de ahí, How Beautiful We Were sorprende por lograr subvertir las expectativas. Lo que podría parecer la historia típica entre dos fuerzas a punto de chocar en un punto intermedio endeble, termina por convertirse en una narración frenética, dura y angustiosa sobre las decisiones morales. Los habitantes de Kosawa tendrán que enfrentarse a la posibilidad de matar o morir. Los ejecutivos de Pexton de reconocer su error y evitar una tragedia mucho más grande. No obstante, el núcleo está en el centro de ambas cosas. Mbue, una escritora que en ocasiones ha sido criticada por su visión del mundo extrañamente dura, encuentra en su nueva novela una forma de dialogar con los terrores y sostenerlos a través de una pesada concepción sobre el sufrimiento agudo, la pérdida de la confianza en la justicia y la frustración colectiva. La parquedad de su lenguaje, pero, sobre todo, la labor casi arquitectónica de dotar a escenas mínimas con un poder de evocación sobrecogedor, hacen de How Beautiful We Were una obra tan hermosa como aguda. Mbue, como narradora silente de la historia — el dios que observa — pero también, el recorrido eventual por algo más retorcido, logra encontrar en la tragedia de Kosawa un punto de inflexión que se sostiene de varios puntos a la vez.

O, mejor dicho, ondula entre varias intersecciones sin lograr, antes o después, un sentido único sobre su interpretación de la venganza, la angustia y la concepción de la verdad. Más allá, como un crítico observador de la realidad de un pueblo que pudiera existir o al menos, se atiene a la dinámica de lo verídico, utiliza esa sequedad casi mecánica de su narración, para dibujar un mundo frío, cruel. Pexton está a punto de ser destruido por una ola de violencia. Ya sea por la que alimentó por décadas o por la que se desencadenará por la codicia de los que protegen a la empresa. Kosawa está destinado a desaparecer, a manos de militares, los grupos armados que protegen a los ejecutivos o incluso, la disidencia interna de sus habitantes. Cual sea el caso, la versión sobre la historia la contará el vencedor, de haber uno. Y esa es la gran disyuntiva a la que se enfrenta Mbue y su novela.

Por supuesto, How Beautiful We Were es el reflejo del largo trayecto intelectual de Mbue, como narradora y también como intelectual. La escritora ha encontrado con el correr de los años — y narraciones cada vez más duras y angustiosas — esa capacidad simple de simplificar ideas complejas sin que pierdan en absoluto su poder. Una conmovedora reflexión del mundo que se mira a través de otro o que, en todo caso, es un reflejo de la mirada ajena. Tal vez por ese motivo, en casi todos sus libros, las miradas de los personajes actúan como una línea horizontal que conduce al lector hacia los detalles ínfimos pero trascendentales de lo que se cuenta.

En How Beautiful We Were, Mbue utiliza la mirada colectiva, los ojos que contemplan los primeros signos de la llegada de una tropa a punto de disparar o que observan morir a los rehenes, un trayecto cada vez más angustioso sobre lo que somos y lo que pesa sobre la conciencia masificada que nos une y los separa. “Estamos unidos en el terror” dice uno de los personajes de Mbue. “Como ojos que observan, como temores que narran, como elementos que unen y conservan algo más doloroso que lo que puede contemplarse a simple vista”. Para su segunda y última parte, el dolor, el pesar y la rabia lo es todo. Pero también, la sutil conciencia que el mal y el bien son solo expresiones para señalar el comportamiento colectivo, jamás para definirlo. Y quizás esa percepción que nada existe, es real, forma parte de algo más complicado, es lo que hace a How Beautiful We Were uno de los libros imprescindibles del año.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

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