Crónicas de la lectora devota:

Marzo fue un mes en el que más he leído hasta ahora desde que el año comenzó, gracias — ¿gracias? — a la eventualidad siniestra que mi país sufrió un colosal apagón de casi cinco días. Eso me permitió — obligó, en realidad — a leer para tratar de manejar el estrés de alguna manera sana y aunque no funcionó del todo, me dejó algunas buenas experiencias. Mi pequeña lista de lo mejor del mes (que inaugura esta corta sección mensual) incluye desde éxitos de librería hasta descubrimientos ocasionales que me sorprendieron por su calidad.

“La Hija de la Española” de Karina Sainz Borgo:

Vivir en Caracas y leer este libro es un atentado a la cordura. O eso pensé durante las primeras páginas, cuando Sainz Borgo describe a una guerra invisible que no sucedió jamás pero que destrozó hasta los cimientos del país. Pero al avanzar en la historia, encontré una narración pulcra, dura y cruda sobre una Venezuela distópica que a la vez, es el escenario en tiempo real de lo que ocurre en la actualidad. El país que Sainz Borgo describe resulta en exceso familiar para todos los que nos encontramos en la Venezuela real y es esa semejanza lo que lo hace terrorífico. En la Venezuela de “La hija de la Española” las calles son escenarios de muerte y exterminio selectivo, la identidad y el gentilicio se descomponen en medio de la violencia. Como si de un presagio de puro terror se tratara, el libro se abre espacio entre un cuento doloroso y una mirada hacia lo oculto de una historia que los venezolanos conocemos muy bien. Lo mejor que he leído en años y sin duda, uno de mis favoritos inmediatos.

The Source of Self-Regard: Selected Essays, Speeches, and Meditations de Toni Morrison.

Quizás para celebrar casi un siglo de vida o porque la gran Dama de la literatura estadounidense comienza a recopilar los trozos de su memoria, el libro “The Source of Self-Regard” — publicado casi en paralelo con su cumpleaños — es un recorrido por su vida literaria y también, por la forma en que la escritora construyó su propio legado a partir de una firme observación del mundo contemporáneo. Compuesto por ensayos, relatos cortos, meditaciones a fragmentos, la recopilación recorre cada estrato de la vida literaria y pública de la escritora para hacer énfasis en sus opiniones políticas, sobre la mujer y la sociedad norteamericana. Morrison no es una escritora sencilla — no pretende serlo — pero en esta ocasión, el nivel de complejidad de su obra se traduce a través de una mirada crítica sobre la identidad del hombre norteamericano y la cultura que nace a partir de él. En conjunto, las obras tienen un sentido aleccionador — es notorio que se tratan de discursos y textos escritos con deliberada y puntual intención — pero nunca, sermoneador. Morrison no se considera una autoridad, sólo una observadora. Y una además, cuya mirada va transformándose con una rapidez asombrosa. Es esa contemplación de lo efímero y de lo sutil de lo que crea y sostiene la cultura es quizás lo más eficaz de un libro duro de asimilar.

An American Summer: Love and Death in Chicago de Alex Kotlowitz

El libro pretende analizar el rebrote de la violencia en norteamérica, pero más allá de la sucesión de hechos que pueden provocarlas. Kotlowitz, periodista de larga carrera dedicada a la investigación, recorre la historia de EEUU a través de su crónica roja pero además, elabora una concepción sobre lo violento — como nace, qué lo provoca — que se relaciona en forma directa con un tipo de concepción de lo cultural que resulta perturbador. De modo que no se trata sólo de una recopilación de hechos — que podría serlo — sino de una mirada inquietante hacia la cultura y sociedad que comprende la agresión como inevitable. Se trata de un libro incómodo que toma la evidencia de un país en el que la violencia es parte de lo consumible y lo comercial, para elaborar una hipótesis al respecto. ¿Qué hace que los tiroteos, balaceras, ataques con armas de fuego se hayan convertido en los últimos dos años en un fenómeno excede la estadística de las dos décadas pasadas? ¿Es el resultado del modo en que norteamérica concibe la necesidad de la defensa, la facilidad de su adquisición, el contexto que brinda al arma de fuego un lugar específico dentro del entramado cultural, el medio social que interpreta la necesidad de la defensa como un derecho equiparable a la agresión directa? Para Kotlowitz, EE UU la violencia que recorre el país no es casual ni en modo alguno, un hecho aislado: en “An American Summer: Love and Death in Chicago” el centro del problema es aún más complejo: Kotlowitz se hace preguntas sobre el motivo que lleva que adolescentes y niños tengan acceso a armamento de alto calibre, lo que de manera inevitable les convierte en víctimas o asesinos. Para mostrar las conclusiones de su larga investigación al respecto, el autor analiza tres meses de 2013, hasta ahora los más violentos de la historia reciente del país bajo la óptica no sólo del periodista sino también, de la búsqueda coherente y concluyente del fenómeno de la agresión como síntoma de un acto más profundo. De la genérica cuestión sobre qué provoca un asesinato, Kotlowitz llega al extraño análisis sobre las implicaciones del acto violento en un país herido, endurecido por el miedo y convertido en reducto desigual de una serie de temores en lo que la necesidad de usar un arma — de asumir la responsabilidad de hacerlo — es una de sus consecuencias.

“Gingerbread” de Helen Oyeyemi.

El libro, intenta la delicada conexión entre lo viejo y lo nuevo, a través de un mito común relacionado con los cuentos de hadas como propósito motor de toda simbología. En esta ocasión se trata de “Hansel y Gretel”, historia que Oyeyemi enlaza con tópicos como la violencia, el dolor, la persistente necesidad de reconocimiento e incluso, con la conexión total con la vida que asumimos como inevitable y los pequeños dolores de la cotidianidad. Pero no lo hace de una manera sencilla: “Gingerbread” es una búsqueda incesante de alternativas al dolor emocional y el hilo conductor es lo suficientemente astuto como para elaborar un recorrido circular entre ciertos tintes de maravilla y fantasía, que de ser más profundos, podrían confundirse con el realismo mágico de novelas con estructuras semejantes. Pero es evidente que Oyeyemi analiza la cuestión del ser y del yo desde una perspectiva más dura y cruel: para la ocasión, los niños perdidos en el bosque están llenos de problemas y la bruja malvada, es una mujer devastada por un sufrimiento interior que se sostiene con dificultad gracias a la maldad. Un juego singular de roles que elabora una concepción extrañísima sobre lo que consideramos ideal y correcto: como en sus otras novelas, los personajes de Oyeyemi no son completamente buenos y tampoco malvados. En realidad, su comportamiento flota en mitad de una concepción caleidoscópica de todo tipo de matices que los hacen mucho más ricos y complejos de lo que podría suponerse en una primera lectura. Para Oyeyemi el hilo conductor de la historia radica en una especulación directa sobre la conducta humana. ¿Aprendemos lo que creemos parte de nuestra vida? ¿O ya se encuentra allí, vinculado a una parte de nuestra mente que sostiene la identidad en un frágil y equilibrio? Oyeyemi no responde a las preguntas pero tampoco, deja de recorrer la mera reflexión sobre su posible respuesta. Al final es el lector quién debe decidir si encontró lo que buscaba — o no — en medio de la frágil línea argumental que se enrosca en sí misma en busca de significado.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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