Crónicas de la lectora devota.

En la actualidad, el terror en la literatura atraviesa una singular y audaz evolución. No sólo se ha convertido en un género más audaz de lo que era hace décadas, sino en además, en uno capaz de contener a otros. Una cualidad mutable que siempre ha sido parte de sus elementos más consistentes, pero que en la actualidad, es más evidente que nunca. Desde experimentos sobre el símbolo del terror como reescritura de la realidad como la novela HEX de Rebecca Dinerstein, hasta versiones del horror corporal llevado al ámbito de la ficción literaria como La Vegetariana de Han Kang, la percepción sobre lo terrorífico se ha convertido en un escenario que se transforma a medida que el concepto del miedo se profundiza. Hay algo de percepción de lo humano llevado a un estrato por completo distinto e inquietante. Los monstruos tradicionales transformados en espejismos de la angustia, el terror y el desarraigo contemporáneo. Y mientras hace diez años, los terrores tenían una relación vívida y directa con la necesidad de explicar — sustentar o al menos, justificar lo desconocido — , lo terrorífico en la actualidad es una combinación cuidadosa de elementos que intentan plantear la concepción de lo espiritual, lo intelectual y lo moral desde el mismo ámbito.

Los ejemplos son variados y permiten comprender el ámbito del terror como un caleidoscopio de reflexiones sobre la naturaleza humana. Carmen María Machado reflexionó sobre la moral y la violencia cultural a través del terror en su magnífica recopilación de historias Su cuerpo y otras fiestas. La argentina Mariana Enríquez representó el mal como una evolución inquietante de la avaricia en su extraordinaria novela Nuestra parte de la noche. Andy Davidson profundizó en el rito y la cualidad moderna de la fe, la creencia y la superstición en The Boatman´s Daughter. Kay Chronister, lo hizo también en su inquietante colección de relatos Thin Places, en los cuales relató los diversos rostros del monstruo contemporáneo, convertido en una medida de la destrucción espiritual y el dolor intelectual. Cada nueva visión sobre el terror pareció abrir espacios para un tipo de crueldad desconocida, pero en especial, para un cuestionamiento más que directo sobre la cualidad del hombre para enfrentarse a sus horrores más privados.

Tal vez por ese motivo, la novela Later (2021) de Stephen King, esté más interesada en narrar lo que ocurre a la periferia de sus personajes, que en un hecho en particular. La atención de la historia hace énfasis en las emociones y también, en la forma que se sostienen los espacios y silencios que rodean a cada escena. Una salvedad que permite al escritor, abandonar los límites habituales de sus ficciones más conocidas, para entrar en un espacio por completo nuevo. Esta vez lo sobrenatural está presente pero no es el principal sustento de la trama. Tampoco el misterio o los enigmas que se esconden en una narración compleja con dimensiones intrigantes sobre la mente humana y sus matices más dolorosos. Para King, cuya colección de novelas cortas La sangre manda (2020) fue un recorrido por varios de sus obsesiones favoritos, Later es un reflexión novedosa sobre el hecho del terror como algo mucho más fundamentado en lo que no se narra en primer plano. En una historia sin héroes ni villanos, la desesperación ocupa todos cada estrato de lo que se cuenta y además, evade explicaciones sencillas. El escritor usó una fórmula semejante en su competente Misery (1987), en la que crea una concepción sobre lo terrorífico emparentada con lo espacial, lo casual y lo temible de la vida cotidiana. Con un manejo diestro del tiempo y la mirada íntima hacia la noción de lo emocional, Later recupera parte del interés de King por las cuestiones más trascendentales del ser humano, mezclado con una mirada atípica sobre lo tenebroso que yace en la mente del hombre.

Por supuesto, para el escritor la cuestión sobre el miedo invade reflexiones duras sobre quienes somos y hacia dónde se dirige la percepción de su historia acerca de lo real. Hay algo benévolo en su tránsito desde el vínculo que comparten sus personajes y además, la forma en que extrapola sus relaciones personales — filiales, emocionales — con algo más elaborado. De la misma forma que en The Outsider (2018), en la que la carga emocional de sus personajes es una condición del tiempo y lo que les une, en Later lo innombrado — desconocido, eventual, doloroso, impreciso — lo es todo. El escritor se hace preguntas consistentes sobre por qué sentimos temor o hacia dónde nos dirige las decisiones que tomamos basadas en una emoción difusa, al mismo que tiempo que elucubra sobre lo abstracto. Y aunque no toca lo existencialista — el tono del libro es en general mundano —, si profundiza en el miedo como un hilo conductor sobre una consciencia colectiva que se expresa como algo más poderoso (y temible) de lo que podría parecer. Por supuesto, en un escenario semejante, el tiempo avanza o retrocede para narrar, pero también para comprender el origen y las consecuencias de las decisiones. El recurso, poco frecuente en las novelas de King permite a “Later” avanzar con facilidad a través de terrenos distintos. Y esa es quizás una de los puntos más altos de una novela en apariencia sencilla que termina por sorprender por su brillante narración acerca de la realidad escindida entre luz y tinieblas, lo real y lo invisible, lo sobrenatural y lo cotidiano.

La novela está narrada a través de los ojos de Jamie Conklin, el hijo único de una editora que atraviesa todo tipo de problemas financieros y laborales. Como otras tantas novelas de King, los primeros capítulos de la novela son una descripción ágil sobre una vida cualquiera, en cualquier parte del mundo. En apariencia ni Jamie ni Tia, su madre, son en realidad excepcionales. Jamie tiene problemas para dormir, Tia con un cliente complicado. Nada fuera de lo común y de hecho, lo bastante ordinario como para que en algunos de los primeros capítulos, la narración parezca analizar las mismas ideas sobre perspectivas distintas. Aun así, durante buena parte del tiempo, King narra lo cotidiano con una fluidez llena de vitalidad que resulta entrañable y que recuerda sus momentos más inspirados en It (1986) y en la novela corta The Body (1986). La casa de los Conklin tiene un peso realista, a medida que King descubre su historia, los pequeños detalles de sus muebles, el largo tránsito del pequeño piso hasta convertirse en el pequeño hogar de la familia que acoge. Lo mismo que la madre soltera y el hijo solitario, amparados y aplastados por las pequeñas vicisitudes de la vida cotidiana. Jamie es tímido adorable pero también obstinado y precoz a una manera inquietante. Su madre intenta atenderle, mientras lidia como puede entre una precaria condición financiera y su futuro profesional. Los espacios y la línea cronológica se entrecruzan para permitir que Jamie pueda narrar la historia a su ritmo: es un niño brillante, despierto y también, tiene una capacidad inexplicable. Y por supuesto, se trata de una sobrenatural: puede ver a los muertos.

Es evidente que Stephen King sabe que el argumento de su novela es muy parecido a una de las películas emblema de los años ’90 o incluso, a su entrañable Danny Torrance de The Shining (1977). Por supuesto, la comparación podría malograr el sentido de lo maravilloso y el asombro que el escritor quiere imprimir a la experiencia de Jamie, por lo que con rapidez el personaje deja claro que no es como “el niño del cine”. En realidad, más que ver a los recién fallecidos, Jamie puede percibir su presencia e incluso escuchar sus voces al menos por una semana. De modo que desde muy pequeño, aprendió que esos últimos mensajes (apariciones sorpresivas, relatos en voz altas, nombres, números telefónicos), son desesperados intentos de los muertos por dejar alguna impronta antes de desaparecer por completo. “Los escucho, anoto lo que desean decir y después, sólo hago lo que me piden. Si no es muy difícil y no es tampoco peligroso”. Jamie, con diez años, es uno de los personajes habituales en la mitología de Stephen King. Es ingenioso, travieso, curioso, pero al final sólo es un niño desconcertado por un conocimiento que le sobrepasa en experiencia. “A veces me piden cosas que no sé cómo cumplir. Besos a las esposas y a sus novias. Al mismo tiempo en ocasiones” Jamie es amable y trata de cumplir todo lo que le suplican, exigen y en ocasiones extremas, le obligan a hacer. Lo hace además, con un sentido del propósito, algo que hace que se haga más entrañable a medida que King describe con mayor cuidado sus extrañísima cualidad. “Supongo que la tengo para que sea útil, para que esas personas que no pudieron hacer una última llamada o besar a su esposa, hablar con sus hijos, conversar con sus amigos, puedan hacerlo incluso así, solo un par de palabras”. Jamie se toma todo el asunto en serio. Anota los “recados” sobrenaturales, averigua lo que puede, entrega el mensaje. “Sólo entonces puedo dormir y hacerlo con tranquilidad, sin temer que alguien pueda estar allí cuando abra los ojos”.

Por supuesto, como varias de las historias de King, la novela acepta y asume lo sobrenatural con facilidad. Pero en esta ocasión es vehículo de algo más. Jamie crece con rapidez y no sabe qué esperar de la adolescencia, en medio de un don que le separa con violencia de otros niños. “No puedes explicarle a los demás que no irás a su fiesta de cumpleaños porque temes a su abuelo muerto” explica. La vida transcurre alrededor de Jamie pero su don parece detenerle en mitad de algo más extraño, cristalino e inocente. Porque escuchar a los muertos le ha hecho más consciente de su vida, de su fugacidad, de la juventud extraña que vive y que sin duda, se hará aún más inexplicable a medida que el tiempo transcurra. King utiliza toda su habilidad para hacer entrañable una historia que también es terrorífica. Y a la vez, combina todo en una historia de paso y de adolescencia, profunda y brillante que se extiende en todas direcciones, como una travesía hacia la perdida de la inocencia y la búsqueda de la identidad. Todo claro, mientras lo tenebroso acecha y se hace más densa. En especial cuando King, que parece más consciente que nunca del universo cinematográfico que rodea su obra, crea varias escenas que parecen homenajear de una manera u otra, a la versión más reciente de It (2017) de Andy Muschietti, film que homenajea con pequeños golpes de efecto y que permiten que la novela tenga una cierta percepción de metalenguaje. Later es una búsqueda inteligente moderada y abierta a la idea de la identidad, el camino personal hacia la madurez. Pero también es una historia de terror a toda regla. La combinación entre ambas cosas, hace que esta quizás sea la novela más ingeniosa de King en varios años.

Al comienzo de la novela, Jamie de 8 años intenta lidiar lo mejor que puede con su don, recién descubierto en una de las escenas más curiosas, hilarantes y dolorosas de la novela. También aprende con rapidez sobre lo que puede hacer, como que por ejemplo, puede ver a los difuntos en un tiempo relativamente corto y que además, no sólo puede escucharlos. También se puede comunicar con ellos de forma bastante torpe pero efectiva. Los muertos no pueden mentir y el descubrimiento hace que Jamie se maraville con las implicaciones. “Un muerto no tiene más remedio que revelar sus secretos. Si me dice que quiere que haga algo, puedo preguntar a cambio y tendrá que responder solo con la verdad”. Con ocho años, la verdad y la mentira son conceptos rudimentarios para Jamie pero a medida que comienza a crecer, comprender que el hecho que los muertos deban decir la verdad tiene valor y además, por más utilitario que pueda parecer, objetivo. “Decir la verdad para los muertos no es un acto de valor o de nobleza, no tienen otro remedio. Pero puedo decidir qué decir o qué ocultar”.

La novela de hecho, reflexiona sobre la pérdida de la ingenuidad a través de esa concepción a través de la mentira y las infinitas graduaciones de lo cierto y lo emocional. Es un truco arriesgado que podría conducir a la historia a los espacios incómodos de la moralidad o el sermón espiritual, pero King lo evita con enorme habilidad, lo que quizás es uno de los méritos más sustanciosos de una narración que avanza por caminos poco comunes para conjugar ideas contradictorias. Jamie sabe que los muertos no mienten y que esa arbitrariedad absoluta, otorga a su don un propósito. Pero más allá de eso, el tema se relaciona también con la condición de cómo los adultos alrededor de Jamie reaccionan a la posibilidad de conocer la verdad, sin matices ni mucho menos, concepciones subjetivas. De pronto, esa conexión de Jamie con lo invisible es algo más valioso que un recurso para componer una circunstancia sobrenatural. Es un hecho que empuja al personaje al centro de un debate espiritual e intelectual de considerable valor.

Lo más sorprendente que sólo a la mitad del libro es evidente que se trata de una novela experimental. Una que combina con éxito el thriller de suspenso, la percepción cotidiana de King sobre sus personajes y claro está, una historia de terror a toda regla. Una que logra combinar los temas habituales de King y su multiverso con éxito: desde el constante anuncio de otras dimensiones, de criaturas y lugares fuera del tiempo, hasta la idea sutil que alg observa a Jamie con atención, a medida que avanza de un lugar a otro de su vida, se hace cada vez más consciente de su poder y en especial, de su trascendencia. Porque Jamie es un niño que crece muy deprisa, que lo hace además en mitad de una versión temible sobre lo que espera o lo que puede suceder como un don como el suyo. También está la pura maldad humana. El abandono, la exclusión, los dolores del rechazo y el miedo a la soledad. Todo mezclado con figuras que aparecen en la oscuridad, ojos brillantes frente a la ventana y susurros a medianoche que le hacen gritar de miedo. Pero la vida continúa y lo más duro de la novela, es esa sensación que a pesar de todo lo extraño y lo escalofriante que transcurre a la periferia, lo cotidiano se hace más duro y extraño, más difícil de comprender incluso para alguien con las capacidades de Jamie. “Primero, las muelas del juicio de mamá se fueron al infierno y se infectaron. Tenía que sacarlos todas. Eso fue malo. Luego, el tío Harry, el problemático tío Harry, que todavía no tenía 50 años, tropezó en el centro de cuidados de Bayona y se fracturó el cráneo. Eso fue mucho peor” narra Jamie, a la vez que detalla como escucha el batir de una puerta inexistente en su pequeño departamento y un coche misterioso le sigue a todas partes. “Mamá habló con el abogado que la ayudó con los contratos de libros (y tomó un bocado saludable de los honorarios de nuestra agencia por su problema). Recomendó a otro abogado especializado en juicios de responsabilidad y negligencia. Ese abogado dijo que teníamos un buen caso, y tal vez lo teníamos, pero antes de que el caso se acercara a la sala de un tribunal, las instalaciones de Bayona se declararon en bancarrota”. Y así King continúa detallando a la vez — como si ocurrieran en un único espacio — todo tipo de situaciones entre lo sobrenatural y los interminables problemas domésticos. Una y otra vez, la sensación que la novela duplica, juega, alarga y de nuevo, sólo analiza el tiempo a través de los muertos (y sus verdades) es cada vez más dolorosa.

Al final, el libro es una mezcla tonal de ritmos y de versiones de la realidad. El tiempo se sustrae de sí mismo, se rompe, se estructura, se compone y al final, la posibilidad de comprender los estratos de lo que la vida de Jamie — y puede ser — lo es todo. King con su acostumbrada mano hábil para los momentos emocionales, logra unir las dos vertientes esenciales de sus novelas y relatos para narrar algo más profundo, brillante y novedoso. “Later” es quizás la novela con King comienza un nuevo tránsito a través de lo sobrenatural y sin duda, eso es algo que agradecer.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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