Crónicas de la lectora devota.

The Lightness de Emily Temple

El retrato de la juventud en la literatura, suele atravesar la mirada ambivalente de idealización y brindarle un trasfondo mágico y fuera de la influencia de los adultos o al contrario, crear una versión dura y angustiosa sobre el tránsito de los primeros años de independencia intelectual y moral. Si añadimos el hecho de reflexionar sobre la oscuridad moral, espiritual y cultural, desde la perspectiva extraña de la ingenuidad, el resultado a menudo es una combinación singular de crudeza, sinceridad y una dolorosa belleza. O al menos, casi siempre es la percepción de las novelas que tratan de abarcar la inocencia de la niñez y la adolescencia desde un ángulo por completo nuevo.

En 1992, Donna Tartt publicó el polémico y desconcertante libro The Secret History, una novela debut que mostró la energía, el desenfreno y también la ausencia de límites de la juventud, desde una perspectiva macabra y tenebrosa. Esta fábula macabra en la que un grupo de estudiantes asesina para satisfacer el apetito carnal con ciertos rasgos místicos, es una alegoría brillante sobre la pérdida de la inocencia y la caída en los tumultuosos espacios del miedo adulto. Tartt elaboró una metáfora poderosa sobre la muerte, el miedo y la rebelión interior en clave de cínica mirada al olvido y lo hizo, ensamblando piezas literarias que por separado, podrían no haber funcionado de la manera magistral en que lo hizo. La historia, a mitad de camino entre el género de suspenso y algo más existencialista, elabora un recorrido doloroso sobre la identidad, a la vez que envuelve el autodescubrimiento, el despertar de la sexualidad y el deseo en una idea peculiar sobre la voracidad mental de los años que conducen a la adultez. Tartt además, utilizó el asesinato — un símbolo siniestro de vanidad — para sostener una historia en que los personajes tienen la capacidad mutable de ser monstruos y a la vez, víctimas. Con su estilo frenético, doloroso y apabullante, la novela se convirtió en un clásico de culto discreto que aun se debate como parte de una línea narrativa que engloba la naturaleza de la juventud como un espacio peligroso.

La novela The Lightness de Emily Temple, intenta hacer algo semejante, pero sin la capacidad de Tartt para el misterio. Aun así, la reflexión de la escritora sobre la juventud, y los dolores de los tránsitos emocionales de la adolescencia, están plasmados con una interesante mezcla de cariz romántico y misterio, que además, sostiene una historia que podría resultar por completo increíble, a no ser por la habilidad de la escritora para hacerla plausible. Para Temple, la búsqueda de la iluminación y sobre todo, del conocimiento en los primeros años de la juventud, tiene algo de mágico, pero también, de una radical ambición que sostiene una rara versión sobre la realidad. The Lightness plantea la idea desde una distancia azarosa: los personajes de Temple necesitan creer en la posibilidad real y directa de encontrar un tipo de poder en el conocimiento y la novela lo plantea desde la imposibilidad: la idea de dominar un misterioso arte que permitirá que un prodigio sobrenatural ocurra, no sólo empuja a los personajes a un recorrido incómodo por lo intelectual y lo espiritual, sino que plantea preguntas sobre el bien y el mal, que Temple no responde de inmediato.

Quizás, uno de los rasgos más intrigantes de The Lightness sea su parecido evidente con novelas de líneas argumentales en las que convergen la juventud y la angustia existencial, bajo el cariz de una experiencia redentora: en el libro The Beach de Alex Garland (que planteaba la noción de la juventud como una experiencia desordenada y caótica) y también, en el éxito de ’67 Picnic at Hanging Rock de la autora Joan Lindsay, la narración asume la necesidad de analiza la soledad y el desarraigo de ingenuidad rota a través de un sacudón emocional e intelectual, muy cercano a la apoteosis mística. Temple mezcla ambas percepciones sobre la realidad y en clave de cuento gótico, reflexiona sobre el el temor anónimo que provocan los lugares más oscuros de nuestra mente. Esa percepción sobre el olvido y lo indescifrable que se elabora como un temor insólito en la imaginación colectiva.

Con su tono inquieto y cierto aire quisquilloso, The Lightness reflexiona acerca de una percepción dual y singular sobre lo que tememos y a la vez nos atrae — la necesidad inmediata y urgente de entender el misterio por el sólo hecho de serlo — además de brindar una concepción sobre lo enigmático que sorprende por su profundidad. No obstante que en ocasiones la novela pierde el ritmo — las largas escenas contemplativas que Temple utiliza para narrar la búsqueda de la iluminación de sus personajes tienen algo de una abstracción confusa — están suspendidas en mitad de los silencios extraordinarios del paraje que engulle por completo la narración. En conjunto, el libro es un reflejo distorsionado sobre el temor convertido en una comprensión sobre una versión de la realidad — por momentos, pareciera que la trama se desdobla, se hace más incompresible y laberíntica — y más allá de eso, una versión de los espacios y lugares convertidos en expresiones casi mitológicas sobre lo que tememos y aspiramos.

Olivia, el personaje central de la novela, es de hecho una versión casi espiritual de la típica adolescente rebelde en busca de respuestas. Con dieciséis años, escapa de casa y no lo hace en busca de diversión, como una muestra de rebeldía o mucho menos, una necesidad imperiosa de asumir su propio espacio en el mundo, sino en en busca de lo espiritual, una razón más o menos coherente para expresar ideas elevadas que Temple lleva al terreno especulativo. Olivia, es la hija menor de una familia disfuncional, que no se molesta en buscarle una vez que escapa — “¿realmente es huir cuando nadie necesita saber en donde te encuentras? se dice Olivia, cansada y afligida — y que además, la ignora la mayoría de las veces. Para el personaje, el mundo espiritual es un espejismo, pero también una respuesta a un vacío existencial que no sabe como consolar, más allá de la búsqueda insistente de una voz de la razón.

Como otras tantas adolescentes literarias, Olivia tiene una fuerte deuda con la idea de la rebeldía, pero en esta ocasión, reconstruida para asimilar el poder de la inocencia que el personaje intenta encarnar. La versión de la realidad que Temple brinda al entorno de Olivia — enajenada, en búsqueda de una identidad intelectual — tiene un evidente parecido con los personajes del libro Girl, Interrupted de Susanna Kaysen, publicado en 1993. Olivia hereda del cuarteto de chicas encerradas en un psiquiátrico, la búsqueda desesperada por una connotación de la realidad que le permita sostener o construir una versión sobre el poder intelectual. “Estoy loca, pero muchas veces, no lo sé ni puedo admitirlo” dice Olivia, de la misma manera que la Susana de Kaysen — en parte personaje biográfico y en parte, percepción sobre lo utópico — que también asumió su desequilibrio mental como una herramienta para asumir su personalidad. Ambos personajes comparten la ternura, la infinita tristeza de la pérdida de ciertos fragmentos de su vida — tanto una como la otra terminan aisladas y alienadas debido a traumas de considerable peso — y terminan por elaborar una condición persistente lo que se oculta en las heridas emocionales, como pequeñas estructuras que coinciden entre sí como algo más extraño.

Concisa, elegante y, en ocasiones, oscuramente cómica, al historia de The Lightness tiene una tesitura singular que evade explicaciones sencillas. El libro tiene más preguntas que respuestas (acerca de lo que significa estar “loco”, quién lo está y quién no) pero aun así consigue, mediante la perspicaz y sencilla mirada de la autora, ser profundamente satisfactorio. De la misma manera que la Susanna de Kaysen, Olivia recorre un largo camino, derrumbando obstáculos visibles su personalidad, buscando un significado a toda la excentricidad de su vida. Desde la familia rota por la pérdida del padre — cuyos motivos conocemos casi durante el segundo tramo de la novela — hasta la fragilidad aturdida de Olivia, la novela mira la ciénaga de pensamientos y dudas de su mente, como un espacio inexplicable en que el origen del misterio — el de su búsqueda de un milagro que no existe, no tiene sentido, no se sostiene de ninguna parte — como algo más esencial y profundo.

Claro está, el personaje también es una metáfora de la tradicional búsqueda emocional de las heroínas de la cultura popular: Olivia recorre EEUU en un recorrido accidentado hasta un campamento de entrenamiento budista, pero lo que podría parecer una decisión disparatada, es en sí, una reflexión consistente sobre el bien y el mal como algo más elaborado. En lugar en el que la moral es relativa, Olivia se sostiene sobre la mirada hacia su pasado — y la violencia que le obligó a escapar, que sólo insinúa y jamás conocemos del todo — y la del futuro, como búsqueda de un sentido emocional de algo que pueda sostenerle. Antes o después, el personaje encuentra que su juventud es a la vez su mayor revelación. Antes o después, encuentra que el anuncio de todas las cosas es un recorrido conveniente y persistente a través de todos los estadios de la transición de la juventud a los primeros años de la adultez.

Lo más inquietante sobre la historia es su versión sobre lo sobrenatural: Olivia llega en busca de un milagro, llevada por la desesperanza. Y lo encuentra, a pesar que Temple jamás revela si en realidad el portento — ese prodigio que busca con tanta desesperación — ocurrió u ocurrirá. Pero la evidencia de lo inquietante — en clave de misterio incompleto — se hace más intrincada a medida que la historia se analiza como un todo circunstancial: el miedo se convierte en un esquema extraño y poco claro sobre la explicación a lo ocurrido, pero también, en una ruptura de cierto orden natural de las cosas que no encaja en ninguna parte. La noción sobre la imposibilidad — “No recuerdo, es como si el tiempo dejó de transcurrir” insiste Olivia, que asume la vida en el campamento como fuera de todo lo que conoce — ocurre entre el miedo y el miedo. Nada es lo que parece en medio de un escenario cotidiano pero tenebroso en el que las sombras de lo desconcertante, avanzan hacia una idea amplia sobre los terrores colectivos.

A pesar de las largas escenas en la que Olivia parece flotar en medio del miedo, la novela es suficientemente sólida para adentrarse dentro del escenario de lo irreal y lo intangible, abriendo espacios para elaborar rutas narrativas desconcertantes acerca de lo que creemos real y lo que no lo es. No obstante, la novela no parece conformarse sólo con los estratos del enigma que se enlazan unos a otros hasta crear dimensiones extrañas sobre la circunstancia que narra con delicada fluidez. En contraposición, lo tenebroso parece acechar tan cerca y de manera tan inquietante, que es casi un personaje en si mismo. Una simetría provocadora que convierte a Olivia en una fantasía a medio construir de una morbidez inquietante. ¿Es real lo que vive el personaje o se trata de una estructura irreal que se sostiene de algo más elaborado? Temple no lo responde y quizás, es el mayor acierto de la novela. Con su aire resplandeciente, lento y casi fatigado, The Lightness crea una versión de la realidad distante, cristalina y peligrosa que atrapa al lector desde las primeras lineas.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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