Crónicas de la lectora devota:

“Instructions for a Funeral” de David Means.

Con frecuencia, se insiste que escribir es una forma de deconstruir la realidad en dimensiones alternativas. Se trata de una frase que podría no significar gran cosa si carece del contexto adecuado: ¿escribir es capaz de narrar la realidad con la suficiente fuerza como para crear algo que le sustituya o le haga aún más poderosa? No es una respuesta simple, pero todo escritor se ha cuestionado sobre la naturaleza de lo que desea narrar — y su verosimilitud — alguna vez. Y lo ha hecho, por la mirada profundamente inteligente y poderosa del autor sobre lo que escribe — lo que mira — sino también, la forma en que asimila las implicaciones de esa travesía a través de la palabra. El resultado es una mirada extraña y dolorosa sobre la identidad, lo colectivo y el mundo interior, con la que el escritor debe lidiar a cada línea que escribe.

Para el autor David Means, el recorrido es en especial pesaroso: la mirada sobre la realidad que el escritor extrapola, es una reflexión poco menos que dolorosa sobre los mecanismo de la realidad y como funcionan. En cada una de sus historias, Means analiza los motivos, la sustancia y la versión del tiempo como una mirada hacia lo sublime y más allá de eso, una búsqueda interior interminable. Toda su obra se basa en cuentos cortos, elaborados y concebidos para asumir la realidad como un hecho fortuito o mejor dicho, como una experiencia consistente que asume lo verosímil — lo que deseamos creer o comprender como real — es parte de una serie de piezas dispersas la mayoría de las veces, carente de sentido. ¿De qué escribe entonces Means? El ganador del premio Man Booker por su magnífica novela “Hystopia”, reflexiona sobre el vacío existencial y la ausencia de significado. Pero también, analiza y converge bajo la noción de la palabra como centro neurálgico de la realidad. “Existe para ser escrito” ha dicho más de una vez el escritor y esa percepción de lo literario como vehículo de la vida en su plenitud, lo que hace de sus novelas y cuentos una extraña combinación de belleza y melancolía. Comparado a menudo con Alice Munro y Raymond Carver, Means encuentra en la narración corta una percepción sobre la existencia a mitad de camino entre la búsqueda del ideal y algo más elaborado, emparentado con el sufrimiento. Means no es un hombre trágico, ni pretende serlo, pero el drama sutil y elegante de sus cuentos parece destinado a sostener su discurso sobre el mundo de una manera por completo novedosa.

Su quinta colección de cuentos cortos “Instructions for a Funeral” le permite continuar en lo que mejor sabe hacer: Narrar lo que le rodea en un estilo conciso, inteligente y en cierta forma provocador, que convierte a sus historias en pequeños espacios insulares sobre el bien y el mal moral. De la misma manera que lo hizo Lucía Berlín en sus dos obras póstumas (brindar voces y lugares a pequeñas vivencias de personajes a los que sólo les une la curiosidad intelectual de la escritora), el nuevo libro de Means otorga un sentido coloquial a las habituales voces del estadounidense y lo hace bien: Desde la habitual pareja de amantes — con su dosis de desamor y la atemporalidad de amar y esperar el amor como una percepción inaudita sobre la identidad — hasta la forma en que la cultura concibe sus propios parámetros, “Instructions for a Funeral” es una búsqueda de significado al dolor. Un recorrido por parajes que por lo general, se reservan a narraciones menores pero que Means lleva a una nueva dimensión de belleza, delicadeza e inteligencia. El poder de Means para transmutar lo común en otra cosa — en epifanías residuales, en pequeños espacios de puertas cerradas en los que habitan fantasmas y espectros dolorosos — convierten la obra, en una serie de matices intercontactos entre sí. Pero sobre todo, Mean le habla a EEUU, le convierte en un interlocutor necesario, extravagante y duro de comprender. Con su peligrosa versión sobre lo que se concibe como desarraigo — las historias de Means no siempre acaban bien y cuando lo hacen, el resultado es agridulce — el conjunto de historias amenazan con romper el paradigma del escritor que conversa con una nación variopinta y por momentos, incomprensible. ¿Para quién escribe Means? ¿Lo hace para sí mismo, al contar una norteamérica dolorosa y frugal que se anuda entre pequeños estratos de dolor y de esperanza? ¿Para el norteamericano, que podría reconocerse, asumirse real en el espacio del cuento de Means? ¿O escribe para la historia, en una especie de diálogo singular y elocuente? Means no lo deja claro, pero quizás esa sea uno de los espacios más extraordinarios de su forma de narrar. La intención de contar es muy notoria, pero no el motivo por el cual lo hace. Lo demás, es parte del espacio entre el lector y las palabras del autor, en una mezcla extraña y dura que el libro “Instructions for a Funeral” supera con facilidad.

El libro recopila catorce cuentos, la mayoría de ellos publicados en grandes medios como The Paris Review y The New Yorker, pero mejorados y ampliados por Means en lo que parece ser una corrección involuntaria pero de profunda inteligencia, de su trabajo literario. Los nuevos fragmentos condicionan la historia a una nueva reflexión sobre el individuo y el colectivo, además de modernizar la trama. Pero lo esencial de las historias tal y como se publicaron sigue allí. Para Means todas sus historias son hilos conductores de sentimientos análogos: el dolor, el trauma, la violencia, el miedo. De vez en cuando hay estallido de humor, en otras ocasiones de dolor. La mezcla resulta incómoda y abrumadora, pero sin duda brillante, cuando se enlaza con una percepción de la angustia privada muy elaborada. De modo que “Instructions for a Funeral” es un libro incómodo — como cualquier narración de Meads — pero también, es formidable al estilo de las pequeñas joyas que analizan el mundo como piezas sueltas que pueden unirse bajo una única premisa. Esa esa sensación de profunda capacidad para analizar el entorno y después su propio mundo interior, para por último extrapolar todas las ideas hacia el exterior lo que hace de “Instructions for a Funeral” un recorrido singular por la mirada de un autor difícil que además, no intenta hacérselo fácil al lector.

Todos los cuentos tienen al menos, un hilo autobiográfico o en eso parece, cuando unen escenas con tranquilas reflexiones sobre tópicos de índole privado. Por ejemplo, en el cuento “Fist Fight, Sacramento, 1950” , Means elabora un análisis sobre la violencia juvenil, el amor y los recuerdos, todo en tono de leve sátira (y otras tragedias) que se conectan para construir una mirada sustancial sobre la personalidad que habita en cada personaje. Hay una piedad intrínseca en cómo el autor reflexiona sobre los defectos y dolores de sus personajes, lo cual le permite además, encontrar otro estratos de interés. Más adelante, el autor toca tópicos semejantes y entrecruza la versión sobre la vida y la muerte sobre la cual reflexionó, con la paternidad, el transcurrir del tiempo y el legado emocional familiar. Means vuelve pieza a pieza, a construir un puente de cristal entre las emociones que se convierten en paisaje y contexto, además de la notoria obsesión del autor por la muerte. Hay una combinación singular entre el dolor espiritual — que para el autor construye expresiones de la identidad sentidas y estratificadas de gran inteligencia — y una determinada comprensión de la paz moral. ¿En que punto ambas cosas convergen? Cuento a Cuento, Means reflexiona sobre el recorrido del pensamiento del hombre por el hombre, a través de sus vicisitudes. Y también, de esa eterna conversación sobre lo inexistente y lo voraz de la existencia, asimilados como hechos precisos. Por momentos, pareciera que los cuentos de Means navegan hacia ninguna parte: cada narración transcurre en precisas descripciones y una prosa inspirada, que construye una escena al mismo tiempo que sostiene la mirada hacia una vuelta de tuerca inesperada. Todo a la vez y entrecruzado entre lo que admitimos como real o factible, al mismo tiempo que esa insistente versión de la realidad que subyace bajo lo reflexivo. Means es un narrador que se sostiene por las diferentes capas de su relato y para “Instructions for a Funeral”, esa característica se hace más elocuente. Todas las historias son un recorrido por estados del ser, por búsquedas privadas y ocasiones, extravagantes sobre lo individual. Por ejemplo, en el cuento que brinda su nombre al libro, un involucrado con el crimen organizado escribe con cuidadoso detalle las instrucciones de su sepelio. Hacerlo, le permite recorrer de un lado a otro no sólo su vida como un suceso, sino también, enlazar sucesos y recuerdos, en un gran mapa de lugares con pequeñas percepciones emocionales que se extiende en todas direcciones como un red de contradicciones que al final, encaja con maestría. De la misma forma, Means elabora una búsqueda del amor y de la vida como último lugar al cual llegar en el que cada relato, se une con la precisión de un mecanismo de reloj. Una original búsqueda de yo conectada al suspenso, la belleza y la ternura como una creación existencial más amplia que lo que cada narración sugiere.

Conectada entre sí como una ciudad misteriosa de calles aledañas, la atmósfera de “Instructions for a Funeral” es maravillosa, pero aún más lo es la capacidad de reflexión de su autor para lograr unir esta realidad de palabras con lo verosímil al otro lado de la página. Por supuesto, no se trata de algo casual: durante treinta años de carrera literaria, Means reflexionó sobre la violencia, el amor y la pasión, además del carácter estadounidense, desde la distorsión. Como si cada hecho existiera y a la vez, sólo fuera el anuncio de algo más enrevesado, insolente y poderoso. A menudo, Means es capaz de convertir sus narraciones en algo más importante que el medio que utiliza para mostrarlas. ¿Un cuento que sobrepasa al mismo género? ¿Pequeños giros argumentales que se esfuerzan por borrar la delicada línea entre narraciones largas o cortas? A primera vista todo parece muy técnico o con una relación directa con la literatura como sustrato académico. Pero es un truco que Means utiliza para crear algo más sustancioso: la búsqueda de la intensidad y la realidad de cada palabra, cada lugar, cada personaje que cuenta y describe. “Instructions for a Funeral” está vivo, como lo estaban las narraciones dolorosas y grotescas de Flannery O’Connor, las dimensiones de poderosa belleza de Sherwood Anderson. Pero a diferencia de cualquiera de ellos, Means juega con el tiempo y el lugar, levanta con precisión la ficción para contrarrestar la precisión de una mirada hacia el absurdo. Una secuencia de elementos y momentos, en los que Means ejerce un control absoluto, como si a través de cada narración se desarrollara una historia de vida completa. Cada frase, el ritmo de las palabras, la manera como Means juega con el fondo esencial en cada relato, es una mirada hacia el guión profundo y sustancial de lo moral como una búsqueda insistente de su propia personalidad. El movimiento de sus pequeños mundos entrecruzados, la tensión que los une — y en ocasiones, los separa -, las emociones profundas y consistentes, hacen de cada uno de los cuentos de Means una búsqueda de sentido de algo más de lo que el escritor desea contar. Como si un mundo entero — apacible y otros momentos, visceral — parpadeara como el poder del tiempo y la forma que se entrecruzan en algo más enigmático. En la era de la posverdad, del análisis subjetivo y de la verdad como sustento primordial de algo más profundo, la verdad objetiva es un mero anuncio. Y Means lo sabe, lo elabora como una línea que sostiene la existencia de lo que crea — lo que mira o imagina — con una conmovedora sinceridad. Quizás el punto más fuerte de “Instructions for a Funeral” como recopilación y trayecto medular hacia una idea más dura sobre la naturaleza humana.

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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