Crónicas de Hécate:

(Puedes leer la parte I aquí)

La novela In the house in the dark of the Woods de Laird Hunt, es una de las obras contemporáneas, que explora con mayor cuidado el concepto de lo mágico en Norteamérica. Lo hace desde la idea de la herencia cultural, convertida en narración circular. Para el escritor, lo mágico se profundiza desde la concepción de la incertidumbre. Sus personajes podrían o no existir — o en todo caso, formar parte de un imaginario mucho más amplio — , pero en realidad, hace hincapié en la idea de lo poderoso y el misterio que apenas puede comprenderse. De hecho, la novela forma parte de una nueva generación que analiza lo enigmático a través de las conclusiones eventuales sobre lo sobrenatural como terreno de lo doloroso y la expresión de lo humano en varias dimensiones distintas. Una idea que se vincula de manera coherente con el recorrido de la superstición, la imagen acerca de lo monstruoso, lo bello y lo inquietante en una cultura cínica.

Algo de la percepción de Hunt sobre lo monstruoso, los finos hilos de la oscura seducción y la potencia del deseo como una forma de expresión de lo sobrenatural, se encuentra en Hex, la segunda novela de la escritora Rebecca Dinerstein Knight, que recorre a través de la idea del amor, la percepción sobre algo más tenebroso, fascinante y poderoso que la simple emoción. Todos los personajes de Hex, están obsesionados con la posibilidad del atractivo estético y por un motivo: desde las primeras líneas de la novela, la concepción sobre la posibilidad de la pasión, el deseo y obsesión se basa en lo hermoso. La perspectiva por supuesto, podría parecer superficial e incluso, banal, de no ser porque Dinerstein Knight elabora una hipótesis válida sobre la concepción de la necesidad de encontrar sentido en lo estético. Hay cierta oscuridad que se enlaza y profundiza en la historia, que comienza con lo que parece una descripción amable sobre lo emocional y nuestras pequeñas perversiones, pero que termina por desembocar en una idea mucho más extraña.

La búsqueda de la belleza y su poder para construir un concepto a partir de su interpretación, es de enorme importancia en Hex. Sobre todo para Nell, su personaje principal, un doctor en botánica caído en desgracia cuya principal necesidad es la de sustentar su versión de lo moral sobre lo estéticamente poderoso. De hecho, Nell, que está enamorado sin esperanzas de Joan, su seductora profesora y a la que contempla con la maravillada atención de un admirador, intenta comprender su entorno desde cierta percepción angustiada sobre lo que le atrae como un tipo de lenguaje. Por supuesto, la necesidad incontenible de convalidar su búsqueda de identidad — acerca y por lo hermoso — a través de Joan está condenada al desastre. La belleza es un motor superficial que impulsa al personaje en un recorrido motivador y también, doloroso en lo venial y lo trágico de su inevitable desenlace.

El mismo Nell lo sabe: su devoción está destinada a una caída lenta en el desastre, pero aun así, la alimenta con la cuidadosa conciencia que su visión sobre lo que resulta atractivo — o no — es también, un tipo de perturbadora conexión con algo más profundo. Tanto, como para invadir todos los ámbitos en los que avanza, profundiza y analiza. El personaje está convencido de la posibilidad del amor, a pesar de tener la vaga noción que en su caso no fructificará o al menos, de la manera en que lo imagina. Y es esa combinación entre el valor de lo anecdótico — poco a poco Dinerstein Knight deja entrever que Nell tiene una necesidad inquietante de asumir el rechazo como un fracaso peligroso — lo que convierte a la novela, en un cuidoso recorrido a través de las motivaciones inconclusas y quebradizas del miedo, la esperanza y al final, un tipo de dolor confuso que la escritora logra recrear desde la extraña perspectiva del desamor.

Sin duda, Nell está obsesionado con Joan, pero no al punto de resultar una amenaza. O al menos, eso parece sugerir la idea persistente que Dinerstein Knight desliza sobre su naturaleza contemplativa. Con mucho de las novelas cortesanas del siglo XIX con las que el personaje está obsesionado, la novela parece hacer hincapié que todas las necesidades emotivas y desesperadas del personaje, tienen una relación directa con su búsqueda de un motor emocional relacionado con la satisfacción de lo que insiste en llamar “insisto sobre lo bello”. Nell es torpe, decoroso, un caballero aturdido, pero también un científico brillante con un retorcido deseo por el control.

Tanto, como para llevar a cabo un peligroso experimento en laboratorio que terminó con la muerte por envenenamiento de una de sus estudiantes. La escena se describe con rapidez y la conocemos a través de Nell, pero es notorio que se trata de algo grave o es lo suficiente, como para asumir la posibilidad de lo temible desde cierta cualidad monstruosa. “Amo el poder dentro del pétalo, de la rosa, de los tallos cortados, del veneno silente” escribe y aunque después se apresura a tachar la nota, la novela deja entrever que la insistencia de Nell por el dominio de la técnica y refinación de venenos y sustancias tóxicas, no es sólo un accidente académico ni tampoco, una versión casi accidental de su interés por el lado oscuro de la belleza. Hay una intención y tan febril, como para resultar tenebrosa.

Por supuesto, Nell también escribe para Joan apasionadas esquelas que la inalcanzable mujer jamás leerá o al menos, el personaje no tiene intención de mostrarle: “Primero me obsesioné con la botánica por una razón simple: encontraba las flores terriblemente atractivas y me eduqué con personas razonables que no ponían la belleza en el centro de sus vidas. Pensé que podía hacerlo de una forma sencilla y en apariencia normal.” Pero claro está, estudiar flores no es sólo una forma en Nell puede reflexionar sobre su necesidad de lo hermoso, sino que además necesita una versión de esa frágil y cada vez más singular angustia existencial en el mundo real, de modo que su amor no correspondido por una mujer que le dobla la edad, que además está casada y con las que apenas ha cruzado un par de palabras, es un “amor inútil”, que le proporciona un insólito sosiego trágico. El dolor se hace hermoso, profundo, extraño y sensorial.

Nell no sólo siente una atracción inevitable por la belleza, sino que además, siente la compulsión casi desesperada de crear una versión del concepto por completo personal. A medida que la narración avanza, es mucho más que evidente que crear el incidente que provocó la expulsión de la Universidad a cuyo cuerpo académico pertenecía, es algo más que un incidente aislado. Fragmento a fragmento Dinerstein Knight, elabora una cuidadosa red de información que brindan a Nell — a su mundo, su percepción de la realidad, su lucha contra las contradicciones en su vida — una rara tridimensionalidad. “Intenté crear un veneno que partiera de la belleza” escribe en uno de sus cuadernos “lo logré y por tanto, debía probarlo. En mí, en esta obligación invisible de demostrar los límites de lo que considero imprescindible”. De pronto, la muerte de la estudiante — que en el primer capítulo se aclara consumió por error un compuesto no etiquetado — toma una nueva relevancia y también, un significado más inquietante. ¿Nell sólo busca la belleza o la muerte y lo que le atrae se sostienen en la misma medida?

Dinerstein Knight no brinda respuestas sencillas. De hecho, la narración incluye pasajes, ideas y pensamientos en lo que el atractivo de lo estético, como misterio insoldable, lo es todo. Por el mismo motivo, para Nell no resulta sencillo asumir que envejecerá y perderá esa aspiración inmediata hacia la belleza ideal. La novela, cambia de tono y forma, cuando el personaje descubre una primera cana y en especial, una pequeño pliegue de piel. Todo lo que ha creído parece derrumbarse y es entonces, cuando Hex encuentra su tono más siniestro y extraño. De pronto, la narración se llena de descripciones poco concretas sobre la muerte de la estudiante de Nell y aunque Dinerstein Knight se cuida mucho de revelar de manera prematura los secretos de su historia, está claro que se trató que algo más que un accidente. A la vez, su obsesión por Joan se hace cada vez más punzante, desesperada. Ya no solo le sigue, la contempla a la distancia, sino que el amor se convierte en una tortura silenciosa que le hace robar objetos de su lujosa casa, libros de su oficina y al final, seguir por horas sus movimientos por la ciudad. “¿Por qué es tan duro asumir que perderemos el rostro juvenil, el cuerpo esbelto en detrimento de esa apariencia normal que tanto se estigmatiza y se critica en un mundo obsesionado consigo mismo.

Más aún para la mujer, cuya identidad sexual, intelectual e incluso cultural parece formar parte de una interpretación estética muy concreta: se es bello porque se es joven, lozano, la piel fresca, el cuerpo ágil y delgado”. Nell, que no rebasa la cuarentena, se mira en los reflejos de espejos y cristales para encontrar a un anciano. Se enfurece, se angustia, se entristece, se llena de terrores ocultos. “La boquita de Clara Bow, la voluptuosa Bardo, la delgadez de Twiggy, el cabello de Veronica Lake. A nadie pareció importarle demasiado sus opiniones, puntos de vista o personalidad, mientras lucieran hermosas, jóvenes, radiantes. La imagen irreal” escribe para describir su miedo, las puertas cerradas, la percepción de la pérdida que le persigue, le sofoca, le abruma y al final, le impele hacia el límite mismo de la cordura.

Pero Hex no es una novela trágica y aunque Dinerstein Knight tiene la suficiente habilidad como para evitar los clichés románticos, es evidente que lo tenebroso en la mente de Nell es menos importante que su búsqueda de la belleza, la gracia y la alegría. Y que su relación con lo mágico que se sugiere, recrea un vinculo con la oscuridad y la incertidumbre interior. Ese ese juego, entre lo engañoso de lo en apariencia peligroso y el amor simple de Nell, lo que hace a esta extraña novela, un inteligente recorrido por el dolor íntimo y un tipo de enajenación inofensiva. De la misma manera en que otros escritores lograron evadir la percepción de lo funesto a través de la alegoría, la escritora lo logra mediante el recurso simple de mostrar la mente de Nell como un gran reducto brillante, en el que el bien y el mal se hace cada vez más confuso. La autora juega con la posibilidad de un narrador poco fiable, que a la vez, es el único testigo de todos sus posibles dolores y búsquedas. ¿Es real la aspiración por un tipo de belleza lóbrega que anima al personaje? Puede serlo, en la medida que el incidente del laboratorio es real. No obstante, poco a poco la novela deconstruye al personaje para mostrar su fondo más lírico, potente y delicado. “Una flor muerta, con todos sus secretos a flote” escribe Nell mientras mira a Joan, más lejos que nunca. Más hermosa, radiante, el motivo de todos sus dolores, pero también el limite de un tipo de maldad con la que Nell fantasea pero jamás llega a mostrar del todo. ¿O si lo hace?

En la novela Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh, lo hermoso y lo triste, se confunde en un nuevo tipo de noción sobre la persistencia de la memoria. Lo mismo ocurre en The New Me de Halle Butler, en la que los dolores cotidianos tienen una mezcla tierna y extrañamente satírica sobre los terrores cotidianos. Dinerstein Knight combina ambas cosas hasta convertir a Nell, no en una criatura inquietante, un acosador burdo o algo más cercano a un amante desesperado por el reconocimiento, sino en algo más complejo. En realidad, lo mejor de Hex, es su extraño ambiente sin sentido, sin forma y sin conexión, que se reconstruye a sí mismo hasta lograr algo más elocuente. ¿Es el amor y la belleza la medida de todas las cosas? Puede serlo, pero a la vez, sólo son solo espejismos, miradas sugerentes que pueden ser o no reales. “Soy un monstruo, pero a la vez sólo un hombre en busca del sentido más dulce de todas las cosas” confiesa Nell, mientras mezcla hierbas y pétalos en un atanor. “El veneno y la ternura, tienen el mismo origen” añade y es entonces cuando Hex se transforma en una gran y singular incógnita. Un misterio mayor dentro de otro más sutil y extraña de lo que cabría imaginar.

Un recorrido por los horrores

La obra de Dinerstein Knight recuerda, tanto en potencia, como en la cualidad de recrear lo monstruoso y lo mágico como un elemento en esencia cotidiano,
a la de Margaret Oliphant es una de las representantes más destacadas del cuento de terror inglés y una considerable influencia en el terror norteamericano. Sus novelas son profundamente melancólicas, por momentos duras y siempre poéticas, que crean atmósferas sorprendentes. De hecho, La puerta abierta, publicado en 1882 y uno de sus cuentos más conocidos, es el punto fundamental para comprender la forma en que la magia y la concepción sobre lo tenebroso se analiza en el ámbito de la narrativa de los últimos años. sorprende por su aparente suavidad que envuelve algo más poderoso y duro de lo que podría sospecharse. El enigma de la historia gira alrededor de una enorme puerta ruinosa de una antigua mansión, que el tiempo ha despojado de todo significado y que ya no conduce a ninguna parte. Una angustiada voz que gime y suplica ante esa puerta abierta y vacía es el único indicio de una tragedia que se renueva a lo largo del tiempo y que tal vez ha quedado grabada en el oculto corazón de la naturaleza.

La influencia (y en especial, su análisis sobre lo sobrenatural), extiende una alargada sombra en todo tipo de versiones de terror. Uno de los más evidentes, es el argumento retorcido y duro de Apagadas están las luces (1982) de Richard Laymon. De la misma que en las historias de Oliphant, la de Laymon transcurre en un pueblo sin nombre, donde una vieja sala de cine transmite cada semanas películas morbosas y sádicas, desconcertantes para el público que asiste por su realismo. Las escenas, cada vez más crudas y sangrientas, muestran decapitaciones, cuerpos desmembrados, vísceras arrancadas, que los espectadores contemplan entre el asombro, el horror y una cierta atracción mórbida. No obstante, la gran mayoría se consuela pensando que se tratan de trucos cinematográficos, hasta que durante la última función del misterioso cine, comprueban que no es así. De nuevo, la magia y lo sobrenatural, se convierten en una percepción surreal sobre la naturaleza humana. Pero también, de las condiciones del bien y el mal moral en terrenos incómodos y cuestionamientos siniestros sobre lo esencial de la identidad colectiva.

Por otro lado se encuentra, La Casa en el Confín de la Tierra (1906) de William Hope Hodgson, uno de los más destacados escritores del subgénero “cuento materialista de terror”. Sus atmósferas son angustiosas, pero allá de la mera idea claustrofóbicas, son duras por la penetración psicológica de sus personajes e historias. En el caso de La Casa en el confín de la Tierra es seguramente, la conclusión a toda la mitología de horrores que el escritor desarrolló en todas sus obras. La obra, que guarda semejanzas con ese terror punzante, insoportable y casi onírico que popularizó más tarde H.P Lovecraft — que claramente se encontraba influenciado por el escritor — resulta agobiante a ratos, cuando no francamente repugnante, y aun así, el lector queda atrapado por la historia del espíritu del narrador, quien vagabundea por una caserón solitario y temido de Irlanda, rodeado de criaturas innombrables que parecen ascender del mismo infierno que Hodgson parece anunciar a cada capítulo.

Otra novela que analiza el terror y lo sobrenatural desde la connotación de lo mágico inexplicable, es El Agujero del Infierno (1914) de Adrian Ross. La obra conserva las atmósferas opresivas y duras de toda novela gótica, pero además, hay un profundo ingrediente humano, de lo enfermizo de la mente humana y lo salvaje de la naturaleza primitiva del hombre, que desconcierta por su dureza y crueldad. Ambientada en la Inglaterra que luchaba contra la división religiosa del siglo XVII, la historia nos lleva hasta el siniestro castillo del señor de Deeping Hold -situado en una zona de marismas donde se abre un agujero que la superstición popular conecta con el infierno-, en cuyo interior los protagonistas de este drama tenebroso quedan aislados por el avance de un ente indefinido y abominable.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Aglaia Berlutti

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