Crónicas de las hijas de Artemisia:

En la danza de las estrellas (Parte I)

Una mujer que se construyó a sí misma

Pero entre los cientos de proyectos que elaboró y llevó a cabo a lo largo de su vida, el más importante para Ada Lovelace era sin duda, el de integrarse a sí misma a su considerable ambición científica. Una que rivalizaba con sus frecuentes disputas con quienes le rodeaban, su madre y en especial, la sociedad de la Inglaterra en pleno debate sobre los derechos de la mujer y su mera individualidad, que seguía en reflexión sobre el peso de la figura femenina como algo más allá que esposa y madre. Pero Ada estaba muy lejos de esa controversia y cualquier otra, que no tuviera relación con la ciencia.

La madre, la hija y el mundo de las estrellas:

Anna Isabella Noel Byron no deseaba casarse con Lord Byron, con quien no congeniaba en absoluto. La futura madre Ada, era a su modo, el mismo tipo de mujer en la que décadas después se convertiría su hija. Tenía mal carácter, peor disposición a acatar cualquier tipo de convención social y en marzo de 1812, cuando su futuro marido alcanzaba el pináculo de la fama, no estaba en absoluto convencida que podría llegar a “sentir el menor sentimiento” por un hombre “más dado a la burla que a la conversación”. Y de hecho, llegó a rechazar la primera proposición matrimonial del poeta, lo que se convirtió en un moderado escándalo para la época. Ada bromearía después con el carácter de su madre, que le había confesado que mientras su Lord Byron le enviaba largas cartas apasionadas con la que trataba de impresionarla, ella usaba el papel para crear complicados modelos de simétricos para sus primeros estudios sobre matemáticas. “Madre narra esas historias con tal alegría que sólo me enternece” contaría después.

La gran solitaria y la búsqueda de las ideas

Ada confesaría que escuchó muchas veces la historia de sus padres durante su infancia. Y que parte de esa machacona idea de la realidad que se impone al ideal, fue la que la llevó a creer en la posibilidad de “romper límites, de encontrar algo en mitad de ambas cosas”. De modo que Ada, que siendo una niña quería volar y estaba obsesionada con la posibilidad, pensó que si no podía lograrlo a través de la investigación, si todo a su alrededor componía “un complicado cuadro para un plan científico basado en la imaginación”, podía insistir en “crear, porque eso es mi necesidad primordial”. Muchos años después, escribiría que en la última página de “Flyology dibujó un enorme pájaro mecánico, con ojos móviles, cuyas alas y plumas estaban unidos por varillas de metal. “Volar, a veces no sólo se relaciona con elevarse, sino con seguir adelante” concluiría.

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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

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Aglaia Berlutti

Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta