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Bruja por nacimiento. Escritora por obsesión. Fotógrafa por pasión. Desobediente por afición. Escribo en @Hipertextual @ElEstimulo @ElNacionalweb @NotasSinPauta

El péndulo, el escarabajo de Oro y un triste cuervo invisible. (Parte III)

Fotograma del documental Buried Alive del director Eric Stange

Edgar Allan Poe fue el primer escritor moderno en tratar de vivir sólo para y por la escritura. Que lo intentó cuando aún el oficio de escritor era un terreno borroso en medio de la pasión privada y algo más nebuloso, que no terminaba de definirse. Tal vez por ese motivo, su figura más que trágica — se le considera el prototipo del escritor maldito y atormentado — sea más bien poderosa en su simbología. Porque Poe, abrumado por la incertidumbre, sofocado por la necesidad de escribir — a todas horas, de brindar su vida a esa compulsión ciega de…


El péndulo, el escarabajo de Oro y un triste cuervo invisible. (Parte II)

El invierno de 1809 en que nació Edgar Allan Poe, fue el más crudo de la década. Así lo insistió su madre, la actriz Elizabeth “Eliza” Arnold Poe, unos días después del nacimiento de hijo más pequeño, el 9 de enero de un año que al parecer, sería especialmente duro. “El frío es transparente, hermoso y causa dolor” diría en una carta para su futuro hijo. Ya por entonces, Eliza se sabía “marcada” — o así insistiría — por la “desolación”. Repetiría la frase meses después, cuando David Poe, su esposo, la abandonó con tres niños en brazos. “Hay un…


El péndulo, el escarabajo de Oro y un triste cuervo invisible. (Parte I)

Edgar Allan Poe insistió una vez que concebía a la literatura como una forma de “rebeldía”. Lo dijo, pocos meses antes de la publicación en 1846 del ensayo La filosofía de la composición, una de sus obras más discretas. Lo insistió, cuando el editor, desconcertado por el contenido y motivo por el cual había escrito el texto, le preguntó qué deseaba decir en realidad. “Sólo deseaba explicar el por qué la palabra es un acto destructivo” contó después el editor George Rex Graham, asombrado. …


Nomadland de Jessica Bruder.

Una anciana conduce una Jeep Grand Cherokee Laredo a través de una de las carreteras interminables de Dakota del Sur. El motor del vehículo produce un sonido metálico que deja claro, que a no tardar, dejará de funcionar por completo. Pero la mujer de 65 años y cabello blanco, pisa a fondo el pedal del acelerador y sigue el trayecto, para al menos “alcanzar algún punto seguro” antes que ocurra lo que sabe es inevitable. Lleva en el asiento del copiloto una bolsa de viaje de lona, repleta de alimentos en lata y botellas de agua de plástico. También hay…


Océanos de estrellas, lirios azules y un gigante perdido. (Parte III)

Oscar Wilde murió el 30 de noviembre de 1900, entre terribles dolores. Ocupaba una destartalada y muy estrecha habitación en París. Tenía 46 años, había padecido una larga agonía en medio de la pobreza, perdido a buena parte de su familia y también, el prestigio que había obtenido en una meteórica, fulgurante y efímera carrera como escritor. El día de su muerte, permaneció por horas tendido en la cama. Robert Ross, su antiguo amante y amigo, le acompañó en las últimas horas. “Habló sobre la belleza de la luz” contaría después Ross. …


Océanos de estrellas, lirios azules y un gigante perdido. (Parte II)

Oscar Wilde esperaba con ansiedad las primeras críticas de El retrato de Dorian Gray unos días antes de su publicación, cuando ya la historia circulaba entre las manos de los primeros críticos. No estaba preocupado por los comentarios, ataques o el posible escándalo que podría desencadenar. Precisamente, quería saber qué tanto efecto había provocado el relato acerca de un hombre de exquisita belleza que no envejece mientras su retrato se vuelve el reflejo hórrido de su alma. Porque no se trataba solo del elemento sobrenatural — que por otra parte, no impresionaría demasiado ni a lectores o al mundillo literario…


Océanos de estrellas, lirios azules y un gigante perdido. (Parte I)

En su biografía sobre Oscar Wilde, André Gide cuenta que el escritor no sonreía. O de hacerlo, sólo lo hacía a medias: una curva de labios “siniestra y burlona” que no siempre, era del todo claro. No era un gesto debido a una especial infelicidad ni tampoco melancolía. Pero su humor no era del tipo que provocara carcajadas. De hecho, la mayoría de sus comentarios ingeniosos despertaban incomodidad, irritación y en el mejor de los casos, confusión en sus interlocutores. El escritor era un gran conversador. Uno que además, amaba los juegos de palabras y también, la cualidad del lenguaje…


The Book of Difficult Fruit de Kate Lebo

La cocina y la ficción suelen crear un subtexto metafórico de enorme valor argumental. No sólo porque el acto de comer y alimentar implica una relación profunda y complicada con la identidad cultural, sino también por el hecho que vincula una de las necesidades más primitivas del hombre a una idea emocional. Desde dramas de corte satírico y elementos biográficos como Big Brother (2013) de Lionel Shriver, la burla maliciosa de Simon Wroe al mundo culinario en The Chef (2014), hasta espeluznantes miradas sobre el miedo y la condición del hambre primigenia como La Vegetariana (2007) de Han Kang y


La singular caída en los Infiernos de Arthur Rimbaud. (parte III)

Leonardo DiCaprio como Arthur Rimbaud en la película Total eclipse de Agnieszka Holland

En septiembre de 1873, Arthur Rimbaud regresó a la casa de su madre destrozado física y mentalmente. Había mantenido una relación caótica, extravagante y sórdida con Paul Verlaine, devastado la reputación de ambos en París, recorrido Europa en plena pobreza y al final, recibido un balazo que a no ser por la atroz obsesión de Verlaine por él, podría haberle matado. La bala no apuntaba al corazón, sino a su muñeca. Más tarde diría que quizás, “Verlaine sabía mejor que él mismo, dónde se encontraba todo impulso vital”. Sin poder escribir, agotado, con fiebres altas fruto de una más que…


La singular caída en los Infiernos de Arthur Rimbaud. (parte II)

Arthur Rimbaud repudiaba su obra. Tanto, como para haber abandonado toda tentativa de volver a escribir a los veinte años y no hacerlo de nuevo por el resto de su vida. Por casi tres décadas, repudió su nombre, su legado y fama, además de asegurarse de alejarse por completo del ámbito literario que una vez le encumbró. Del niño prodigio que deslumbró y aterrorizó a París, se convirtió en un paria, un comerciante de café, un traficante de armas y al final, un hombre abandonado por todos que regresó a la granja de su madre para morir.

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